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La crisis económica también llegó al Conicet

Después de las 3 marchas que los 1630 investigadores expulsados del CONICET realizaron frente al organismo, se decidió incorporar a 106 nuevos científicos este año. Sin embargo, más de 1500 postulantes a las becas que brinda el ente estatal, siguen en la calle. Los jóvenes denuncian que no tuvieron acceso a los criterios de evaluación a partir de los cuales se decidió la exclusión.

Según informó la presidenta de la entidad, Marta Rovira, este año se incorporarán 750 investigadores y otros 150 profesionales que funcionarán como personal de apoyo. De todas formas este incremento no es suficiente para emplear a la totalidad de científicos que el estado viene formando desde 2003.

“Ajuste o cuello de botella son formas de denominar un hecho muy concreto: De los 3000 postulados este año, sólo ingresó el 60%, es decir que el 40% quedó en la calle”, sentencia Santiago Gándara, secretario general de la Asociación Gremial Docente (AGD).

El ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barñao  explicó que como “en los últimos años entraron más investigadores porque la planta estaba envejecida, en 2011 se volvió a los índices normales, de 600 ingresantes anuales”. “Es la única área del Estado que crece a un ritmo del 10% anual. Fijarse una tasa todavía mayor sería irresponsable. Hay un límite en la capacidad del Estado, que no puede hacerse cargo de todos los graduados a quienes les financió la carrera y el doctorado. No obstante, financiamos al INTI y al INTA para que tomen investigadores; también lo hacemos para incrementar la innovación en las pymes, donde un doctor puede contribuir a crear puestos de trabajo”, destacó.

“Lo que propone el Ministro son dos vías muertas-contesta Gándara-Una es ir a ofrecerse al mercado, que no absorbe a ese número de personas. La otra es que vayan a enseñar en las universidades cuando en verdad allí el plantel está congelado desde años y la única forma de ser contratado es por la jubilación o renuncia de un profesor”.

Una vez egresado, la carrera de investigador comienza con becas de doctorado, luego de posdoctorado y, finalmente, la que permite entrar a la carrera de investigador, allí se dio el mayor recorte. En los últimos años, el Gobierno fue incrementando las becas doctorales, pero no lo hizo de igual magnitud con las postdoctorales y las de carrera de investigador. “El Estado pone en la pista a 3000 investigadores pero sólo pueden llegar 700. No sobran doctores en el país, hay una política que no definió claramente cómo estas personas siguen su camino”, considera Gándara.

En total, un investigador pasa siete años recibiendo este tipo de becas, que oscilan entre los 4500 y 5500 pesos mensuales,  sin ningún tipo de aportes ni beneficios sociales. Representan el 95% de los 2mil millones que el Estado le entrega al CONICET, el 5% restante se destina a sueldos administrativos.

“Yo me voy a investigar a otro país, no lo dudo”, afirma convencido Federico Holic (31), quien actualmente cursa su beca doctoral, pero planea presentarse a concursos en el exterior para garantizarse trabajo e ingresos en 2013.
Explica que un puesto en el sector privado implicaría abandonar su investigación en mecánica cuántica y tirar siete años a la basura para tal vez “estar armando bases de datos en un banco.”

Para los becarios agrupados en “Jóvenes Científicos Precarizados” se trata de una paradoja que el Gobierno haya utilizado durante la campaña a los 800 investigadores repatriados en 8 años, cuando sólo en uno se expulsan a 1500.

Otro de los puntos que cuestionan es el criterio de selección de los investigadores, que no fue informado. “No se dieron a conocer los criterios de evaluación y las ordenes de mérito, que permite establecer cuál fue el puntaje a partir del cual se hizo el corte”, comenta Gándara. Los 1500 becarios que quedaron fuera lo hicieron a pesar de haber obtenido promedios superiores al 90 sobre 100.

Las comisiones de evaluación están integradas por docentes universitarios de prestigio que a su vez son investigadores del CONICET. Algunos expresaron su desacuerdo con el método, uno de ellos es Atilio Boron quien prefirió no hablar ante PA.  “Hay suficientes antecedentes en numerosos dictámenes en disidencia que documentan mi rechazo a los criterios adoptados por las Comisiones Asesoras”, expresó en un comunicado público.

También se denuncia un caso de discriminación ideológica. Se trata del historiador Fabián Harari, quién no recibió una beca porque en el instituto no consideraron sus aportes en la revista política “Razón y Revolución.”  Desde el Ministerio contestaron que  “las publicaciones que consigna el autor son casi todas de la institución a la que afirma pertenecer y en la que milita, lo cual indica que no han sido sometidas al control cruzado entre pares, variados y plurales.”

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