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| La pasión según Cobos |
![]() Taciturno, doliente y afligido, el vicepresidente Julio Cobos reafirmó por enésima vez que no está dispuesto a dejar su cargo porque sencillamente su “compromiso es con la ciudadanía”. Cobos parecería creer, equivocado, que el 46 por ciento de los votos afirmativos emitidos por la sociedad argentina se han inspirado en su figura, lo que, en honor a la verdad, es una buena premisa para afianzar su postura.
Lo cierto es que la pasada semana se ha reencendido una vieja disputa política entre quienes pretenden que Cobos deje su cargo y sincere su rol de opositor, y aquellos que aducen que el vicepresidente debe quedarse a sostener las instituciones de la República. Ni lo uno ni lo otro. El mendocino hoy es el dirigente opositor con cargo institucional más alto y que, paradójicamente, no está atado a la suerte de la administración K. Esta especie de defensor del pueblo inserto en el seno del poder oficial es una combinación sumamente atractiva para el imaginario social y fundamentalmente para la prensa. Allí reside, precisamente, el poder del fenómeno Cobos. Casi en simultáneo, como si fuesen parte de una estructura verticalista, el vicegobernador de la Provincia de Buenos Aires Alberto Ballestrini, el Presidente del Bloque de Diputados Nacionales oficialistas Agustín Rossi y el propio Jefe de Gabinete Aníbal Fernández repudiaron el accionar constante que mantiene el vicepresidente desde mediados del 2008 y que tuvo un nuevo punto de conflicto en el marco de la ley de medios cuando el mendocino recibió en su despacho a altos dirigentes del arco opositor, entre los que se contaron a Francisco De Narváez, Mauricio Macri y Ernesto Sanz. Los pedidos de renuncia que se sucedieron provocaron la reacción del vicepresidente que se aprestó a dar respuesta mediante un comunicado con el que asentó la postura dialoguista y políticamente correcta que lo llevó a ser el potencial candidato a presidente con mejor imagen en la actualidad. Si bien es cierto que mucho hubo de marketing propio, el fenómeno De Narváez fue abonado por la propia torpeza del ex Presidente Néstor Kirchner, quien, golpe tras golpe, incrementó la popularidad del colorado Diputado Nacional electo. Ello, en última instancia, también es una preocupación en un oficialismo que observa preocupado cómo la política nacional comienza nuevamente a girar en torno de la figura del vicepresidente. Cada nuevo improperio surgido de la boca de alguno de los impopulares funcionarios del Gobierno apareja una respuesta serena e inconmovible por parte de Julio Cobos, y en una sociedad donde las fábulas son parte de nuestra idiosincrasia y donde más de uno suele dividir el espectro en buenos y malos, el mendocino parece ser la representación del yerno bien educado que toda suegra quiere tener. El Radicalismo, por su parte, hace equilibrio entre sus vertientes internas para acordar realzar la imagen del centenario partido ahora con un posible candidato fuerte a Presidente surgido de las filas propias, algo que no se veía desde la Alianza en 1999. Lo cierto es que para ello, claro está, deberán lograr congeniar los intereses de los diversos espacios que consagran al novedoso Acuerdo Cívico y Social y es allí donde el armado comienza a hacer agua si es que proyecta mantener a dirigentes como Elisa Carrió dentro del mismo barco. El mendocino, en definitiva, divide las aguas de su propio espacio y también las del escenario político en general. Cobos ha dicho sentirse muy mal y “cansado de recibir agravios, descalificaciones y maltratos”, que es un ser humano y “no un robot”. Sin embargo, lejos de sumirse en una depresión, bien consciente es Julio César Cleto que, recordando lo que decía Oscar Wilde, hay algo peor a que hablen mal de uno, y eso es que directamente no hablen. |
