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| Apuntes de la media sanción en Diputados |
![]() La cobertura mediática que el Grupo Clarín ha hecho hasta el momento sobre la Ley de Servicios Audiovisuales no hace más que confirmar el escaso margen de libertad que disponen sus periodistas. En su torpeza y pobreza argumentativa, no se ha escuchado una sola voz de disenso; los renombrados editorialistas se empeñan en subestimar a su audiencia apelando a fórmulas simplistas- “ley de medios k”, “ley de control de medios”, “ley chavista”- que terminan empobreciendo un debate que merece un tratamiento mucho más profundo. Como sea, no es cómoda la posición que deben defender; bregar por que nada cambie en el actual esquema de medios expone en muchos casos los intereses que representan. El oficialismo pareció haber aprendido la dura lección que le dejó el revés parlamentario de la 125 y modificó su estrategia política. Evitó la lógica binaria que obligaba a los actores sociales a decidir entre un “nosotros/ellos” inflexible. Comprendió, a su vez, que la necesidad de una nueva ley de Radiodifusión es una reivindicación que excede por mucho a este Gobierno, y que pertenece, en verdad, a un amplio espectro de la sociedad civil. Cristina Kirchner le quitó épica a su relato y entendió que la disputa sería más favorable si se la presentaba, más que como una bandera oficialista, como una deuda pendiente del conjunto de la sociedad. En este marco, el Gobierno, poco afecto a la negociación, comprendió que la correlación de fuerzas había cambiado y decidió abrir el juego. Incorporó voces críticas, escuchó reclamos y modificó puntos sustanciales que hacían al espíritu de la ley (como aquel que permitía el acceso de las telefónicas al mercado de medios). Entendió que ceder no era otorgar una muestra de debilidad o claudicación, sino una vía para consolidar un frente político. Algo así como dar un paso atrás para luego dar dos adelante. El resultado fue la media sanción de la ley con 147 votos- más que los 136 sufragios obtenidos para la prórroga de las facultades delegadas. El kirchnerismo extendió así su base de apoyo político, sumando al amplio y heterogéneo arco de centroizquierda que muchas veces le fue esquivo. Esta incorporación legitima aún más la norma y le da un impulso fuerte para la discusión en la Cámara Alta. Macaluse y Raimundi del Bloque SI o Claudio Lozano de Proyecto Sur son nombres que embelesen esta media sanción en Diputados y permiten demarcar de forma nítida cómo se distribuyen las fuerzas políticas en el arco ideológico (es necesario aclarar que Pino Solanas, otra figurita difícil para el oficialismo, también hizo explícito su apoyo a la ley en cuestión). El caso del Socialismo es elocuente; su máximo referente, Hermes Binner, se diferenció en todo momento del férreo rechazo que el Acuerdo Cívico y Social hizo del proyecto de ley del Ejecutivo. El Gobernador de Santa Fe no asistió a la reunión-espectáculo que realizó el ex kirchnerista y actual cobista Julio Cleto Cobos, en la que se manifestaba el repudio a la ley de radiodifusión. El Socialismo terminó votando con el oficialismo, lo que abre un signo de pregunta sobre la postura que adoptará Giustiniani en el Senado. Uno de los ejes que más revuelo generó ha sido el de la autoridad de control. El proyecto de ley del Gobierno estipula un órgano colegiado con mayoría de representantes del Ejecutivo. La oposición, en su conjunto, reclamó mayor representación parlamentaria, aunque finalmente se impuso la voluntad del oficialismo. La posibilidad de que el Gobierno controle efectivamente los medios de comunicación no parece ser un riesgo real. Tanto en Inglaterra como en Estados Unidos la autoridad de control se encuentra bajo la órbita del Ejecutivo. Lo que trata esta ley es de desconcentrar y pluralizar los medios de comunicación, no ya el cuarto poder sino El Poder, un poder constituido al margen de las mayorías y de las elecciones populares. El signo político del Ejecutivo es contingente, electo y determinado por el voto democrático. La ley de Radiodifusión no representa un avance del poder político por sobre el periodismo “independiente” y crítico; es, más bien, la posibilidad concreta de que la clase política se independice del poder mediático. La pelota pasa ahora al Senado. Nada permite adelantar un resultado. Lo cierto es que en el horizonte, aún abierto, se recorta un desenlace apasionante. |
