Escrito por politicargentina    Miércoles, 23 de Septiembre de 2009 15:20   
CFK: "Que el manual de la globalización sea para todos por igual"
Cristina Fernández de Kirchner
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner cerró ayer la mesa organizada por la Iniciativa Global Clinton con críticas a los planteos realizados por sus compañeros de mesa, el principal asesor económico de Barack Obama, Larry Summers y el titular del FMI, Dominique Strauss-Kahn. La principal objeción de la mandataria fue: “Que las reglas sean aplicables para todos los países”, en alusión a las exigencias del Fondo para los países emergentes de mantener el superávit en las cuentas mientras que Estados Unidos persiste en un déficit crónico. “Que el manual de la globalización sea para todos por igual”, insistió.

El tema central de la mesa era analizar “el G-20 y su impacto en los desafíos globales”. Para esto, los oradores fueron Cristina Kirchner, Strauss-Kahn, Summers y el primer ministro de Holanda, Jan Peter Balkenende, coordinados por el ex presidente de México Ernesto Zedillo, quien siempre habló en inglés. 

Por su parte, Cristina recorrió los puntos de sus anteriores intervenciones desde que llegó a Estados Unidos como, por ejemplo, la necesidad de que se tengan en cuenta en la planificación de las estrategias la “economía real” y no sólo los sectores financieros. “Hay un actor necesario que son los trabajadores”, sostuvo y recordó que era una iniciativa suya y de Brasil que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) participe a partir del jueves del encuentro del G-20 en Pittsburgh.

Hasta ahí todo estaba tranquilo. El problema fue cuando el micrófono llegó a las manos de Summers, quien planteó tres cuestiones que había que tener en cuenta para el futuro: el nuevo paradigma del crecimiento global, qué tipo de sistema de regulación se adoptaría y la cuestión de la energía y el medio ambiente. Lo que despertó la bronca presidencial fue que en su discurso, el asesor de Obama analizó todo como si Estados Unidos no hubiera tenido nada que ver con la crisis y el actual estado del mundo, y las consecuencias fueran para el resto.

Encima Strauss-Kahn puso más picante la cosa, cuando aseguró que el FMI se encarga simplemente de decir la verdad. “La verdad a los países pequeños, la verdad a los países más grandes”, aseguró. También buscó esquivar culpas. “No somos la policía, somos doctores que decimos dónde hay algo que anda mal”, definió.

Cuando le tocó el turno de cerrar a Fernández de Kirchner, Zedillo le preguntó cuál sería la colaboración argentina para que llegue a buen término la Ronda de Doha, donde discute la Organización Mundial del Comercio. “Permítame que antes quiero decir algunas cosas sobre lo que hemos escuchado”, le respondió la Presidenta y empezó con su descargo. 

“A los países emergentes siempre se les exigió que tuvieran superávit fiscal y superávit comercial, pero se permitió que este país (por Estados Unidos) tuviera el más fenomenal déficit en materia comercial y fiscal. Con lo cual, si de verdad queremos tener una nueva reglamentación, que el manual de la globalización se aplique para todos”, aseveró CFK. Respecto al cambio climático, dijo: “Estamos a quince años de la Convención de la ONU y del Protocolo de Kioto y todavía discutimos quién se haga cargo del coste de la emisión de gases, que deben ser los países desarrollados que son los que más han producido”, disparó en clara intención de responderle a Summers.

Hubo también recuerdos para Strauss Kahn y el inicio de la crisis. “Acá no se controló a los bancos de inversión, pero se controlaba hasta la última cuenta de los bancos centrales de los países emergentes”, sostuvo la Presidenta.

Por último, las cosas se calmaron y la Presidenta tuvo una última charla -la cual resultó cordial- con el líder del FMI. “Tuve una muy buena reunión con su ministro de Economía, Boudou”, le dijo el mandamás del Fondo. “Claro, cómo no se van a llevar bien si son los dos franceses”, bromeó ella. Strauss-Kahn le anticipó que los números que ellos manejan sobre la economía argentina están mejor de lo que el organismo había pronosticado en julio pasado. El dato ablandó a los argentinos. “Tenemos una relación correcta, aunque no significa que podamos pensar distinto en algunas cosas”, le escucharon decir a la Presidenta.