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| “Sarkozy está jugando con fuego en Sudán” |
![]() Sudán ha sido siempre un país conflictivo en África oriental, no sólo por ser el más extenso de todo el continente, sino que su proceso de descolonización fue uno de los más largos y duros, desde su independencia de Gran Bretaña y Egipto en enero de 1956. Actualmente, la injerencia de China en la región cada vez se hace más notoria. Al-Bashir se sirve del “sometimiento” y lo vuelve funcional a sus intereses, dando su apoyo a los grupos Yanyawid (militares de línea musulmana que está acusada de los crímes de Darfur). La dinámica internacional y las disputas de poder entre las grandes potencias ponen a Sudán frente al dilema de las asimetrías sistémicas. Pero la historia no acaba allí, tienen una guerra en puerta con su vecino Chad que cuenta con el apoyo francés. ¿Un nuevo enfrentamiento de potencias?
“Es impensable hoy una guerra entre potencias, pero sí son posibles enfrentamientos indirectos; Francia no romperá relaciones con China porque es un mercado clave para sus empresas”, asegura Sergio Cesarín, Licenciado en Relaciones Internacionales con Postgrado en la Facultad de Economía de la Universidad de Pekín (China). El conflicto entre Sudán y su país vecino Chad, presidido por Iddris Debby, quien recibe el apoyo de Francia a cambio de sus recursos petroleros, se ha convertido en un tema de poder y geopolítica; entre ellos, se ha construido un enfrentamiento respaldado por las respectivas potencias inversoras. “El problema gira en torno a esto, pero de ninguna manera hay que considerar viable un conflicto armado. Para eso están estas instancias previas o inclusive, el conflicto indirecto como ocurre actualmente” –señala Escudero– “Ni China ni Francia están en condiciones de llevar a cabo una escalada bélica tan lejos de sus tierras y con lo que esto significa en términos de imagen de cara al resto de la comunidad internacional. Una guerra (ahora) no sólo no es viable, sino que no es negocio para nadie”. En el 2007, el presidente francés Nicolás Sarkozy, declaró que retiraría paulatinamente todas las fuerzas francesas de la región de Sudán, y dejaría de ser el “gendarme” africano. Sin embargo, y a pesar de que los especialistas descarten la posibilidad de un enfrentamiento, en la frontera con Chad siguen presentes las patrullas francesas, principalmente en Darfur. Según expone Juan Francisco Coloane, sociólogo, docente de la Universidad de Chile y editor en la FAO-Roma en Naciones Unidas: “Sarkozy y su ministro (Bernard) Kouchner, que en el fondo son representantes del neoconservadurismo europeo más duro, un nuevo modelo con inserciones de populismo cargado hacia la justicia social, están jugando con fuego en Sudán. Estados Unidos con (Barack) Obama está más cauto, porque conocen la dimensión de los conflictos. Para mí Francia en Darfur está haciendo una política torpe y mediática, sin sentido a largo plazo”. El presidente sudanés, Omar Ahmad al-Bashir, quien asumió luego de un golpe de estado en el ’89 y actualmente tiene pedido de captura por la Corte Internacional de Justicia de la Haya por crímenes contra la humanidad durante la guerra de Darfur, se desentendió de este asunto mientras se trataban los acuerdos de paz entre el Norte, de mayoría islámica sunnita, y el Sur, donde prevalecen el animismo y el cristianismo, y dio el permiso para que sus milicias actúen libremente en la zona, conflicto que ya dejó como saldo 300 mil muertos y una de las peores crisis humanitarias a nivel mundial. Así todo, “China no promoverá acciones internacionales que signifiquen capturar o encarcelar a al-Bashir: todo tiene como fin preservar el acceso a petróleo y la ‘amistad’ con un socio confiable”, reconoce Cesarín, lo que explica que, por más que la comunidad internacional lo condene, muchos países, principalmente europeos, con importantes intereses económicos en Sudán, no intervendrán ya que tener a al-Bashir de su lado, sería un negocio asegurado. "África tiene su propia personalidad. A veces es una personalidad triste, a veces impenetrable, pero siempre irrepetible”, Ryszard Kapuscinski. Darfur, el ojo negro de la tormenta A pesar de que el conflicto comienza a importar en la comunidad internacional en el 2003, por la gran difusión mediática desde Washington para desprestigiar a China, Darfur es una lucha que se remonta muchos años atrás. La muerte de John Garang, líder cristiano del sur, fue el desencadenante final. Garang fue vicepresidente de al-Bashir en el 2005, luego de un acuerdo de paz entre ambas partes, y tras un accidente en helicóptero falleció abriendo campo así para un enfrentamiento sin escrúpulos entre el norte y el sur. Previo a esto, Estados Unidos ya había intervenido en la región; no se puede omitir que desde la expansión islámica del ’79, se han encargado de “cercar” a los musulmanes, como lo hizo en Irak y Afganistán, y claramente le conviene que el sur cristiano de Sudán logre imponerse, es por eso que financió desde el 2001 a las patrullas de Garang. Desde la presidencia de Bill Clinton, y con la justificación de que Sudán le daba alojo al terrorista Osama Bin Laden, se ha bombardeado la zona y continuó luego del 11 de septiembre con George Bush, en su carrera por “acabar con el terrorismo”. “Estados Unidos ve con buenos ojos la instauración de un régimen cristiano animista (el Sur) en esa región para formar un bloque aliado con el poder cristiano que gobierna Addis Abeba (capital de Etiopía)”, explica Ezequiel Escudero. “La llegada de capitales asiáticos y la injusta distribución de las riquezas provocó que el sur no recibiera dinero y por lo tanto la resistencia se hizo más hostil y a su vez más poderosa con el apoyo norteamericano”, desarrolla Maximiliano Sbarbi Osuna, autor del libro Nueva guerra por los recursos. Los grupos cristianos insisten que la muerte de Garang fue intencionada, y han atacado este año a la capital Darfur, donde la resistencia islámica dejó un saldo de 84 muertos. |
