Escrito por Alberto Cecereu, Chile    Martes, 03 de Noviembre de 2009 17:53   
Sudáfrica Ilusoria
Sudáfrica 2010
A pocos meses del comienzo del Mundial de Fútbol de Sudáfrica, vienen a la palestra una serie de preguntas que no pueden quedar a la deriva. 

Es fundamental reconocer que el país en el cual se encontrará el mundo es muy distinto a aquel reconocidamente excluyente, para controlar, dominar e invisibilizar a la población negra, por una minoría blanca que poseía un pensamiento colonial y retrasado. 

Muchos de los idealistas ignotos pensarán que con el solo hecho de que en 1991, De Klerk, hubiese levantado el apartheid, y que Mandela haya salido a libertad, este país vive por la senda de la democracia, la inclusión social, la justicia económica, y el infatigable proceso de desarrollo humano. Nada o muy poco ha sucedido. 

En verdad, las cifras son depresivas. Sudáfrica sufre el peor coeficiente de Gini, es decir, el indicador que mide la desigualdad del ingreso, la expectativa de vida ha retrocedido doce años, y la mortalidad infantil ha subido diez puntos. El PIB per cápita se ha deteriorado, y es demostración, de una frágil estructura económica sujeto al vaivén internacional. 

Hay un lamento generalizado en Sudáfrica. Miles de vidas se han malgastado en una desigualdad que hace permanecer la exclusión racial y social. Mientras que en 1991 eran cerca de tres mil las muertes por enfrentamiento político, hoy entre 2007 y 2008 se cometieron 18.487 asesinatos. Demostración viable de un nivel de violencia social que alerta una señal clara: la libertad democrática y los derechos civiles no han sido suficiente para fraguar el desarrollo y el avance social. 

Sudáfrica se ha ido alejando paulatinamente de la injusticia política, ese camino tortuoso y oscuro que identifica que los sudafricanos estaban hace veinte años viviendo en un país de mentira, regado de exclusión, manifestación grandiosa de la dominación blanca, y atrozmente celebrada por la elite política. Podemos sostener que a partir de las primeras elecciones libres, Sudáfrica existe, en toda su manifestación. Pero hoy, existe manifestado con su cruel realidad. Grandes desigualdades sociales, una planificación gubernamental ineficiente, gastos de la clase política injustificables, nepotismo, en definitiva, el maldito destino: el embobamiento con el poder del poder. 

Los que vayan a Sudáfrica a presenciar el gran negocio del show de las pelotas y las camisetas mojadas, irán a ver un país – el más violento del mundo – que está en éxodo. Son miles ya los blancos profesionales de clase media, que decidieron irse para no volver más. Y otros miles que se quedan luchando por algo que consideran fundamental, en cuanto, es la batalla diaria por sobrevivir. Otros miles, deben caminar kilómetros desde las poblaciones marginales a los lugares de trabajo, y ahí está la clase política cooptada por el aparato estatal, con muy poco ánimo de la solución de las cosas, porque es más importante -mucho más- hermosear los campos olímpicos, para mostrar un país ilusorio, lleno de gracia divina, de libertad y civismo, del camino al desarrollo. 

Son desafíos pendientes y urgentes. Los sudafricanos deben tener sobre todo un sentido de involucramiento significativo de que deben construir un país donde los derechos económicos y sociales se logren en un clima de garantía. 

Sin embargo, el mundo debe ser absolutamente comprometido con la lucha por una Sudáfrica mejor. Cuestionarnos claramente qué significa el gasto inconmensurable de un Mundial de Fútbol. Cómo aportamos como ciudadanos de esta aldea global al intercambio cultural pacífico, y además luchamos también a que se subsanen urgentemente hechos que deben preocuparnos, ser conscientes de eso. 

El Fútbol es una gran máquina del deporte, de salud para jóvenes y adultos, y contribuye al diálogo por la paz de los pueblos, pero también es una gran industria de producir dinero, de publicidad exacerbada, y de manejo de decisiones e influencias a nivel mundial. ¿Cómo utilizamos esas fuerzas factuales para contribuir el próximo año a que en Sudáfrica se logre un nuevo pacto social que busque la solución a los grandes asuntos pendientes de este país? 

 
Autor de la nota: Alberto Cecereu, Chile

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