Escrito por Guillermo Quijano    Martes, 01 de Diciembre de 2009 15:39   
Gobernabilidad y Estrategias no “vetocráticas”
Parlamento
Si nos preguntasen, diríamos que la estrategia del gobierno para el 2010 va a ser administrar y pelearse con nadie. O pelearse lo menos posible. En lo que va del periodo presidencial, el oficialismo logró sacar adelante bastantes leyes, algunas de las cuales podrían requerir años de conflicto en un país “normal”. Considerando que la vigencia de la emergencia económica ha sido extendida (cuyo impacto no debe exagerarse, pero coincidimos en que introduce significativos márgenes de discrecionalidad en un momento clave); y que, muy probablemente la ley de “reforma política” resulte aprobada en unos días, el Gobierno prácticamente tiene aprobadas todas las medidas controversiales que podría necesitar hasta el inicio del ciclo electoral en 2011. 
Con ello, quizá sea una buena estrategia para el oficialismo simplemente evitar grandes conflictos decisivos dentro del Congreso, como lo fue el tratamiento legislativo de las retenciones móviles . Dicho sea de paso, hay indicios de acuerdo aproximándose, con al menos un sector de “el campo”, el gran (¿único?) aglutinante de la oposición. Por ello, el peligro para la gobernabilidad no debería ser más que potencial. Pero ante un eventual caso de necesidad, creemos que el gobierno cuenta con un par de estrategias posibles para lograr alguna medida de difícil consenso.

La más clara y barata podría ser jugar a la división de la oposición en un espectro ideológico derecha-izquierda. Por ejemplo, durante el proceso de la Ley de Servicios Audiovisuales, el fuerte aire “progresista” probó su valía para conseguir aliados claves. Personalidades como Solanas se vieron en la disyuntiva de elegir entre priorizar el hablar para sus apoyos más militantes progresistas (a favor), o para sus recientes nuevos votantes simpatizantes independientes (en contra). Para no arriesgar, optó por cierta ambigüedad. Pero afortunadamente para el gobierno, este tipo de estrategias no pueden llevarse sistemáticamente, ni son opciones en ciertas polarizaciones. Una agenda de iniciativas de centro izquierda, correctamente comunicada, le garantiza al oficialismo una serie de apoyos forzados en el Congreso.

Por otra parte, una segunda estrategia, mas odiosa pero quizás mas efectiva, radica en una explotación de la vulnerabilidad fiscal de las provincias. Varios de los mas grandes distritos se encuentran con sus ejecutivos locales fuertemente condicionados por deudas (ilustrativos serían los casos de Córdoba y PBA). El uso de un poco de presión sobre los gobernadores podría ayudar a conseguir votos clave.

Finalmente, le queda al gobierno una alternativa mucho más detestable, pero potencialmente vital, para mantener la gobernabilidad hasta 2011: el uso de los DNU. Con una oposición fragmentada es casi imposible que veamos iniciativas legislativas coordinadas y consensuadas antes que determinados issues hayan sido mediáticamente instalados en la agenda. Esto le da al gobierno un tiempo clave para apropiarse (a lo Schumpeter) de la demanda e iniciar una medida vía decreto. Tal fue el caso del subsidio a la minoridad que vimos recientemente: una escalada de ataques al gobierno aprovechando los malos resultados en el combate a la pobreza y en respuesta una reforma verdaderamente sustancial a las políticas sociales. En esta estrategia, es de vital importancia el régimen legal del tratamiento del Congreso de los DNU. Debe recordarse que en 2006 la misma presidenta CFK impulsó en el Senado la Ley 26.122. De acuerdo a ella, para que las cámaras puedan tratar un DNU (y rechazarlo) necesariamente requiere que una comisión bicameral expresamente dictamine por la mayoría absoluta (que quedará a cargo del oficialismo después del 10 de Diciembre) a favor de su tratamiento en el plenario, en un plazo de diez días.

En cualquiera de estos casos, como dice Facundo Cruz, el gobierno necesita ser proactivo. Con un repertorio de alternativas, aún con eventualidades, el gobierno podría mantener la iniciativa y evitar la recurrencia a una, ya impopular, estrategia de veto

 
Autor de la nota: Guillermo Quijano

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