Escrito por Guido Salem    Lunes, 22 de Marzo de 2010 16:19   
Estados Unidos e Israel: Una causa que une y divide
Obama y Binyamin NetanyahuEl debate que más recorre el mundo a través de los medios por estos días se desató a partir del entredicho diplomático que puso frente a frente a Estados Unidos con Israel. La razón expuesta: diferencias de criterio a la hora de tratar el eterno conflicto entre israelíes y palestinos. La conclusión de muchos: la alianza entre ambos países entró en crisis y una nueva guerra está a punto de desatarse en Medio Oriente.

Pero para entender mejor el origen, las razones y el destino de este diferendo es necesario parar un momento la pelota y levantar la cabeza; ensayar una mirada más global de la situación. Global en sentido semántico, pero también en sentido geopolítico. El conflicto en Medio oriente es un todo que comprende muchas partes y que en la mayoría de los casos se interfieren mutuamente.

El choque entre líderes israelíes y norteamericanos no sólo se explica por causas de política interna. Tampoco encuentra sus verdaderas raíces en las discordias entre palestinos e israelíes. Ni cuando Israel cede territorios ni cuando construye asentamientos. Detrás de escena aparece, una vez más, la sombra de Irán desestabilizando a la región. 

La contrariedad sirve para reforzar dos argumentos fundamentales en el análisis del escenario internacional actual. El primero es que atravesamos una época que David Wilkinson definió como Unipolaridad sin hegemonía: Estados Unidos sigue siendo el actor más poderoso del sistema, pero le resulta muy difícil traducir ese poder en influencia para imponer su voluntad y condicionar las acciones de los demás.

El segundo argumento afirma que la palabra amigo le queda grande al sistema internacional. Expresa un vínculo afectivo inexistente. Los Estados son aliados que se asisten y se necesitan mutuamente, generalmente por causa de la existencia de enemigos comunes. Stephen Walt se preguntó por qué los Estados forman alianzas. Llegó a la conclusión de que lo hacen porque es el modo más eficiente de balancear contra las amenazas que perciben. 

Teniendo en cuenta estas dos premisas, la mesa de negociación bilateral muestra hoy mayor paridad que en otros tiempos. Para Israel, Estados Unidos es y seguirá siendo un aliado clave a fin de mantener su posición en Oriente Medio. Israel lo sabe. Pero también es consciente del rol cada vez más vital que juega en los intereses norteamericanos de un proceso de paz exitoso en la región. En los años setenta Estados Unidos contaba con la capacidad suficiente para “obligar” a Israel a retroceder en su accionar, a fin de no verse arrastrado hacia un terreno muy peligroso. Sin embargo, hoy las relaciones de poder y las condiciones del mundo distan mucho de aquellas.

Las diferencias entre Washington y Jerusalén existen. Desde un punto de vista estratégico son incuestionables y hasta entendibles. Pero esta situación trasciende a palestinos y judíos, a sus derechos y las políticas del Estado de Israel y de la Autoridad Nacional Palestina: el origen de la controversia yace en Irán, con la proyección de su plan desestabilizador en Medio Oriente y con su avance hacia el desarrollo de energía nuclear. A fin de tornar las relaciones de poder en su favor, el régimen de los ayatollahs impulsa y alimenta la efervescencia en la región.

Mientras el vecino persa intenta dejar su huella en cuanto conflicto internacional aparece, se acerca a la etapa final de desarrollo de armamento nuclear. Frente a ello, Israel y Estados Unidos comparten el mismo interés: detenerlo y aminorar sus efectos. El problema es que no llegan a un acuerdo acerca de qué medios emplear para lograrlo.

Por una parte, la administración Obama busca aquietar las aguas y promover soluciones pacíficas. No está en condiciones políticas ni económicas de embarcarse en un nuevo ataque preventivo, con el riesgo de un nuevo tropezón como los de Irak y Afganistán. El costo sería muy alto y se entiende por qué no desean asumirlo.

Israel, por otra parte, tampoco está en condiciones de lanzarse sólo en un ataque preventivo al arsenal nuclear iraní. Necesita para eso del apoyo político y militar de Estados Unidos y de todos los que vienen detrás. Contando con ese apoyo o careciendo de él, el costo de su accionar no sería muy diferente en cada caso. Después de todo, muchos de los actores internacionales que se oponen a Israel lo seguirán haciendo independientemente de los hechos puntuales de turno.

En consecuencia, si Estados Unidos prospera con este objetivo recuperará algo del terreno perdido. Pero si no logra triunfar con los métodos pacíficos de negociación que propone, a lo sumo puede llegar a perder algo más de la influencia y la legitimidad que viene perdiendo en la región y en el mundo. Tendría que resignarse a lidiar, negociar y convivir con un Irán nuclear aceptando nuevos términos, tal como lo hizo con Corea del Norte.

Pero si Israel hiciera lo mismo, se estaría sentando en primera fila a ver cómo Irán termina de ajustar las tuercas de sus armas y comienza a disputarle poder de igual a igual. El menor riesgo puede ser la pérdida de una porción de territorio a cambio de paz, siempre por un tiempo determinado. El mayor riesgo puede llegar a ser demasiado grande: ver comprometida su propia existencia como Estado soberano.

El problema es que para llevar adelante un proceso de paz creíble, Estados Unidos necesita una alianza sólida y un apoyo convincente de Israel, que se pruebe con hechos además de con palabras. Al mismo tiempo, para un ataque preventivo exitoso, Binyamin Netanyahu, el actual primer ministro israelí, necesita un Estados Unidos fuerte y firme en su apoyo a la causa. 

Ambos están convencidos de la eficacia de los medios que proponen. Del mismo modo ambos sienten que sus oportunidades de éxito son escasas si no cuentan con el compromiso del otro. De ahí la indignación mutua, tal vez justificada. Más allá de todo, si bien el término amigo es incompatible con la política internacional, la alianza Israel-Estados Unidos dista mucho de entrar en peligro de extinción.

*Guido Salem forma parte del Área Académica de Políticargentina

 
Autor de la nota: Guido Salem

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