Escrito por Sergio G. Caplan    Lunes, 12 de Abril de 2010 14:09   
Terror en Rusia
Vladimir Putín
El terrorismo es actualmente una de las principales amenazas a la comunidad internacional, y en estas semanas es Rusia quien está sufriendo sus consecuencias. A diferencia de lo que sucede con los Estados Unidos, el enemigo terrorista de Rusia es interno. La provincia rusa de Chechenia, así como también Daguestán e Ingushetia, reclaman sus respectivas independencias de la Federación Rusa desde el desmembramiento de la Unión Soviética en 1991. La zona norte del Cáucaso, donde se encuentran dichas provincias, es el escenario de un conflicto permanente entre los musulmanes que predominan en la región y el gobierno central de Rusia.

Si bien los conflictos en la región nunca han cesado, las últimas semanas han demostrado un recrudecimiento de la tensión entre el Kremlin y estos pueblos secesionistas, los cuales se caracterizan por recurrir a métodos terroristas para defender sus reclamos. Luego de varios años de relativa calma, al menos en la ciudad de Moscú, el pasado 29 de marzo volvió el terror a la capital rusa: dos mujeres se inmolaron en dos estaciones de la misma línea de subterráneos que pasa a pocos metros de distancia de la sede de gobierno. La primera explosión tuvo lugar bajo las oficinas del Servicio de Seguridad Federal, la agencia sucesora de la KGB, mientras que la segunda sucedió en la estación del Parque Kultury dejando un saldo de casi 40 muertos entre ambos ataques.

Dos días después tuvo lugar otro doble ataque en la provincia de Daguestán provocando 12 muertos, de los cuales la mayoría eran policías. El tercer ataque ocurrió el 4 de abril, cuando una bomba hizo descarrilar un tren con destino a Azerbaiján sin ocasionar muertos. Por último, el pasado lunes fue el turno de Ingushetia, en donde murieron otros 2 policías luego de un nuevo atentado suicida.

Los ataques de Moscú fueron adjudicados a un grupo musulmán del Cáucaso, pero aún no se han identificado sus autores intelectuales. Hace aproximadamente un mes, el líder de los rebeldes chechenos, Doku Umarov, había declarado a través de Internet que “la guerra está llegando a sus ciudades”, refiriéndose a la mayoría rusa. Si bien los primeros ataques fueron dirigidos a la población civil, el objetivo directo de los siguientes fue la Policía. Los rebeldes del Cáucaso acusan a las fuerzas policiales rusas de perseguirlos y de estar involucrados en secuestros y asesinatos contra la minoría étnica. Desde el Gobierno Ruso afirman que no descansarán hasta encontrar y castigar a los responsables, mientras que el primer ministro Vladimir Putin sostuvo que “los terroristas serán aniquilados”. 

El conflicto en Chechenia está lejos de resolverse. Al igual que en la ex-Yugoslavia, los intereses geo-estratégicos sumados a la coyuntura histórico-política de la región luego de la desintegración de la Unión Soviética crean una situación extremadamente compleja, agravada aún más por sus componentes étnicos. El Cáucaso Norte se encuentra entre el Mar Caspio y el Mar Negro, con importantes reservas petrolíferas disputadas por rusos y chechenos durante siglos. Desde el fin de la Guerra Fría, ambos bandos se han visto enfrentados en dos guerras (1994-1996 y 1999-2002) cuyas causas han sido principalmente étnicas.

En el contexto internacional, los nuevos atentados no hacen otra cosa que aumentar las fuerzas de cooperación entre los estados para combatir el terrorismo en todas sus formas. La lucha contra el terrorismo es el principal área de cooperación entre Rusia y la OTAN, aunque el conflicto de Chechenia y las demás regiones separatistas es un conflicto puramente interno de la Federación Rusa. A diferencia de otras provincias separatistas que han recibido ayuda de otros Estados, como es el caso de Kosovo o de Osetia del Sur y Abjazia, Chechenia forma parte de Rusia, país miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, por lo cual no existe posibilidad alguna de una intervención legítima por parte de la comunidad internacional. En el estado actual de incertidumbre constante en las Relaciones Internacionales -legado del fín de la Guerra Fría- la Federación Rusa no podría permitir que las demás potencias interfieran en sus asuntos internos.

Desde luego el futuro de este conflicto depende únicamente de las decisiones que se puedan llegar a tomar desde el Kremlin. El Presidente Dimitri Medvedev no tiene mucha experiencia combatiendo al terrorismo, pero se encuentra bien asesorado por Putin, quién ha liderado la segunda guerra en Chechenia una década atrás. Claramente, bajo estas circunstancias, no queda otra opción que esperar un nuevo episodio de esta guerra sin fin.

 
Autor de la nota: Sergio G. Caplan

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