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| De Pinos y votos |
![]() Luego de la denuncia de Pino Solanas contra los (mal) llamados blogueros K, afianzando su vínculo con el arco opositor, se pueden hacer varias consideraciones para abordar el tema.
Como primera medida, es innegable la desolación que acarrean algunas actitudes del cineasta otrora progre. Desde que eligió diferenciarse a capa y espada de un oficialismo cada vez más irritante para algunos grupos de poder, se ha ido acercando paulatinamente –y no tanto- a la expresión de derecha más cerril que presenta hoy la política vernácula. Si Sartori decía que la gobernabilidad no depende de la cantidad de partidos que haya, sino de la polaridad que esos espacios tienen entre sí, se puede asegurar sin ruborizarse, que Solanas está contribuyendo mucho más nada que poco en ese rubro. En segundo lugar, para el escriba es vital que no se desestime, por seducciones partidarias, la trayectoria de Solanas. El argumento, a título del cronista, es sólido por diversos motivos. Uno de ellos, a lo mejor el más trillado, pero no por eso falaz, es que mientras el diputado de Proyecto Sur denunciaba a diestra y siniestra la entrega brutal del patrimonio público y demás yerbas, a manos del menemato, muchos de los funcionarios del kirchnerismo –en general segunda línea, vale la aclaración- se regodeaban con esas mismas políticas. El caso más claro es el del gobernador Daniel Scioli y su –se estima- nostalgia, plasmada en un código contravencional que nada tiene que envidiarle al de Mauricio Macri. Sin embargo, si la política es el día a día, la constancia, la construcción de un sujeto político –algo que, evidentemente, es la cuenta pendiente del oficialismo-, la confirmación permanente de las convicciones, y no el vivir de rentas, el modelo que encabezan Néstor y Cristina Kirchner –imperfecto, claro está, por imposibilidad en algunos casos; por falta de voluntad política en muchos otros- presenta una evolución digna de aplaudir –la renovación de la corte, en lugar de esa suerte de pandilla adicta con la que gozaba el menemato; la inestimable ley de Servicios de Comunicación Audiovisual; la ley Nacional de Educación, sobre la cual periodistas de este medio realizaron un inapelable informe semanas atrás. Por su parte, el espacio que lidera Pino, se salpica cada vez más de conveniencias políticas: las declaraciones del diputado Claudio Lozano sobre el teje y maneje de alianzas coyunturales, el ataque de Alcira Argumedo a Martín Sabbatella, tildándolo de kirchnerista con antifaz, son algunos datos que evidencian la intención de Proyecto Sur de conquistar a una parte sibarita y desideologizada del electorado. (Por favor, que a nadie se le ocurra tildar al escriba de oficialista. En 2007 votó, sí, a Solanas, y en las elecciones del año pasado tampoco acompañó al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner). Así las cosas, y entrando de una vez por todas en el meollo de la cuestión, sería necio negar que Pino es hoy un presidenciable a tener en cuenta. Esta columna no está insinuando que el cineasta sea la primera opción a nivel nacional ni nada por el estilo. Más aun: si se mantiene como hasta ahora el termómetro político, es probable –avalado por algunos encuestólogos- que el oficialismo vuelva a ser Gobierno en 2011, sin necesidad de segunda vuelta, sobre todo si, hasta el momento de los comicios, se impulsan leyes de vital importancia como la nueva de Entidades Financieras, en reemplazo de la anquilosada legislación de los milicos. Pero, si esto no sucede, el ballotage con Cleto Cobos, el niño Mauricio o alguno de los suyos, está a la vuelta de la esquina. Presentado este panorama, en el potencial ballotage del que se hablaba antes, el oficialismo va a necesitar de los votos de un sector del arco progresista, para no claudicar frente a la arremetida de una restauración conservadora: una parte del GEN de Stolbizer, el ala inteligente del socialismo, algún apéndice del radicalismo y, sí, de Proyecto Sur. Por esto, el cronista cree que no habría que condenar –aunque se lo merezca, y vaya si se lo merece- al espacio de Solanas, ya que éste, en un todo o nada, se inclinaría a detener el avance de la derecha en los comicios del año que viene. Si bien siempre es mejor discutir ideas antes que personas, la postura del diputado representa hoy, al margen de Nuevo Encuentro, el sentir de una centroizquierda esquizoide. Si esta tendencia se mantiene, y Pino sigue, luego de 2011, ligado a los grupos concentrados de poder y siendo lisonjeado por el conservadurismo peronista, habrá dilapidado un capital político, que lo pondrá en paralelo a la augur otrora episcopal, Elisa Carrió. Ojalá que la historia lo absuelva. |
