Escrito por Ivan Schargrodsky    Lunes, 21 de Junio de 2010 19:01   
Los que firman

Se perfilaba relajado, en lo que a negligencias informativas respectaba. El 20 de junio, día de la Bandera y conmemoración de la eyaculación como método de producción, se intuía que lo que iba a invadir la capacidad operativa del cronista –en el caso de que eso existiera- era el análisis sobre la salida del ahora ex canciller Jorge Taiana, las repercusiones de la suspensión del corte del puente de Gualeguaychú o el contrato social que presentó el filántropo titular de la Iglesia Católica, Jorge Bergoglio, junto a los capitostes del sultanato del Carlo’.


Sin embargo, el sunita ultrakirchnerista fanático obsecuente 678, en su afán de limpiar de impurezas al régimen K, hizo dar un giro inesperado al fin original de este periodista. El ciclo editó de una forma malintencionada la siguiente situación. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner emite un discurso en el que, inevitablemente, se refiere a la situación de los barras deportados de Sudáfrica, y señala que no somos ni los más malos ni los más sucios, en relación a la cobertura veinticuatrohoresca que los medios hegemónicos le dieron a la situación de estos personajes. Pero, de inmediato, aclara que es correcto que los hayan empacado y devuelto, porque son individuos relacionados con lo más cerril de la violencia en el fútbol. Porque ellos sí son malos. No sabemos si sucios y feos; pero malos, seguro. Y aquí es donde el cronista queda alelado: entra en escena Marcelo Bonelli. Economista y periodista. Editorialista del Grupo Clarín y cara visible de hace más de una década del vistísimo A dos voces. Bonelli, luego de presentar la noticia en uno de sus tantos turnos de trabajo, interpreta los dichos de la presidenta. Plantea que Fernández de Kirchner de algún modo “justificó” a los violentos, y tildó de “insólita” su actitud.

Bien cabría, en esta ocasión, parafrasear al técnico de la selección, en su primer encuentro mediático con Juan Carlos Pasman, porque se columbra que la inexactitud autoboicótica de Bonelli responde al contundente siete a cero con el que la Corte Suprema de Justicia de la Nación rechazó la medida cautelar que fue presentada por el diputado del Peronismo Federal Enrique Thomas. Esta medida, según el fallo de los magistrados, tal como fue decretada, no respeta el criterio de razonabilidad, entre otros reveses, si le sumamos el cachetazo semántico de Eugenio Zaffaroni, de hace algunos días.

La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual es de la democracia. Mal que le pese al doctor en derecho Mariano Grondona, alguien que para lo único que sirvió toda su vida fue para masajearle la próstata a los golpistas de turno. Bonelli no es Grondona. Bonelli es un hombre de la democracia, que en algún momento fue panegirista del Gobierno, al igual que Eduardo Van der Kooy. Pero hoy se encuentran bajo emoción violenta. Y lo que está sucediendo, es que algunos periodistas del Grupo Clarín están defendiendo los intereses de la empresa a costas de su firma. Y de eso no se vuelve.