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| El trasfondo institucional de Papel Prensa |
La semana política se insinuó enrarecida, convulsionada por los rumores que se cernían en torno al anuncio que la Presidenta haría el día martes sobre Papel Prensa. Se hablaba de intervención, de expropiación; las principales plumas mediáticas clamaban por una seguridad jurídica presuntamente perdida.
Con una puesta en escena solemne y ante una audiencia nutrida (la gran ausencia fue del sector empresarial), Cristina Kirchner marcó nuevamente la agenda política poniendo en el centro de todas las miradas las condiciones de la venta de acciones de Papel Prensa. Súbitamente, la clase dirigente se vio obligada a reabrir la discusión sobre un tiempo político que no deja de traslucir su huella y su herencia. Ni 82 por ciento móvil ni Fibertel: los principales diarios nacionales- independientemente de su signo político- pusieron el foco en el año ´76, en un pasado que no cesa de interpelar y modificar el presente. Un apellido siempre envuelto en un halo de intrigas, el de los Graiver, se transformó en el disparador del nuevo debate público. La oposición político-mediática no vaciló en señalar que el anuncio oficial constituía una amenaza contra la libertad de prensa; todos convergieron en (des)calificar a la medida como “chavista” (asimilando este término a autoritarismo y discrecionalidad, olvidando que el de Venezuela es un gobierno que, con marcadas debilidades institucionales, ha sido refrendado en múltiples elecciones populares). Como sea, en su afán por diferenciarse del kirchnerismo, la oposición pasó por alto que el anuncio oficial consistió fundamentalmente en canalizar institucionalmente la investigación sobre Papel Prensa. Lejos de todo autoritarismo, la Presidenta ha seguido los principios de división de poderes propios de nuestro sistema político y ha presentado una denuncia en el poder Judicial y un proyecto de ley en el Congreso. Serán entonces los otros dos poderes institucionales los encargados de resolver la encrucijada de Papel Prensa. En ambos, el Ejecutivo se encuentra en franca desventaja: en el Congreso el kirchnerismo es la primera minoría; en el poder Judicial las corporaciones suelen hallar un amplio margen para la defensa de sus intereses. El informe oficial se bifurca para transitar diferentes senderos: la Justicia dictaminará si hubo o no violación de los derechos humanos e irregularidades comerciales en la compra de Papel Prensa; el poder Legislativo debatirá si es necesario reformular y regular el mercado de papel. En definitiva, el inicio de la investigación sobre Papel Prensa puede ser criticable o no, pero la acusación de que el gobierno inició un avance unilateral sobre los medios de comunicación está notoriamente infundada. El Ejecutivo abrió el debate ciudadano sobre el tema e involucró a los otros dos poderes de gobierno. Hay demasiados actores institucionales con poder de veto como para que los paladines de las libertades cívicas se alarmen ante el “autoritarismo” y la prepotencia del Ejecutivo. Con todo, el oficialismo sigue marcando la cancha y fijando la agenda de los temas que se discuten en el ágora. En esta ocasión se pone el traje que más cómodo le queda, instalando la problemática de Papel Prensa, al igual que como lo hizo con la ley de medios, en torno al clivaje Dictadura- Derechos Humanos. Es un esquema que le permite al gobierno polarizar el campo político y, al antagonizarlo, reforzar y (re)contstruir su propia identidad política. Quizá aquí haya que refinar la estrategia de comunicación; el de Papel Prensa puede ser un tema central, pero hay muchos nombres (Graiver) y tiempos (“los `70”) que hoy les son ajenos y extraños a una considerable parte de la sociedad. La investigación que acaba de emprender el kirchnerismo tiene también una cuota de pragmatismo y se inscribe dentro de su batalla contra el Grupo Clarín. Sin embargo, desestimar los alcances que la misma pueda llegar a tener sólo por su carácter oportunista es pretender asignarle a los actores políticos una trayectoria lineal que en la práctica no tienen. La política, como la vida, está plagada de contradicciones. En ese sentido, el ciclo kirchnerista debería ser despojado del tono épico que muchos intentan otorgarle, sin que esto implique que muchas de sus políticas, aun con altas dosis de pragmatismo, representan avances significativos. |
La semana política se insinuó enrarecida, convulsionada por los rumores que se cernían en torno al anuncio que la Presidenta haría el día martes sobre Papel Prensa. Se hablaba de intervención, de expropiación; las principales plumas mediáticas clamaban por una seguridad jurídica presuntamente perdida.