Escrito por Marcia Dell'Oca Alonso y Mauro Rodriguez Cartabia    Jueves, 27 de Agosto de 2009 14:41    PDF Imprimir E-mail
¿Aprendimos algo entre las crisis?
Los días lunes 24 y martes 25 de agosto de 2009 se llevó a cabo el I Congreso Anual de la Asociación de Economía para el Desarrollo de la Argentina (AEDA) en el Centro Cultural Caras y Caretas. Este evento titulado Oportunidades y obstáculos para el desarrollo de Argentina. Lecciones de la post-convertibilidad contó con más de 80 expositores que presentaron sus trabajos recientes con  una destacable rigurosidad académica.
Fernando Peirano, economista, docente e investigador (UBA-UNQ-CONICET-REDES) especializado en economía internacional y presidente de este I Congreso de AEDA, aceptó ser entrevistado por politicargentina y contarnos sobre AEDA, sus objetivos, su joven historia, sus colaboradores y también acerca de la realización de este congreso que reunió a jóvenes, estudiantes y grandes profesores de la Argentina, y que terminó con  la presentación del nuevo libro del profesor Ha-Joon Chang (Cambridge University).

-  ¿Cómo surgió AEDA?
- AEDA surge como respuesta a que no nos sentíamos del todo satisfechos con las organizaciones que había a nivel de la profesión. Formamos un grupo inicial que nos conocemos por haber pasado por diferentes estudios de grado en la UBA o en otras universidades y también en el tema laboral; nos dimos cuenta que este grupo necesitaba dar un paso más allá, a partir de coincidencias básicas importantes que teníamos, y constituir una herramienta para transformarnos en un actor social. Entonces entendimos que  la mejor manera era conformar una asociación. La idea básica de ese entonces era darnos una organicidad mayor como grupo, ampliarnos a otros colegas y usar esto también como una forma de tender puentes con otros sectores sociales como pueden ser sindicales, empresariales, tener otra relación con los medios; nos parece que hay todo un espacio, en términos de discurso económico, vacante; y que la mejor manera de contribuir a completar ese espacio era a partir de una formalización de este grupo en el que veníamos trabajando, coincidiendo, reflexionando, etcétera.

-  ¿Cuáles eran esas coincidencias básicas? 
- Las coincidencias básicas primero nacen como muchas de estas cosas que son más contraposición o contraste a ciertas cuestiones; en general somos una generación que se formó con profesores críticos, heterodoxos. Es decir, frente a los postulados del neoliberalismo, a la confianza en la organización de la sociedad y la economía a partir de los mecanismos de mercado, etcétera. Reconocemos que esos mecanismos pueden ser valiosos para resolver algunos problemas sociales, pero los principales desafíos que tenemos como sociedad no pueden ser resueltos a partir de éstos: la salud, la vivienda, el trabajo, la seguridad, las inversiones de largo plazo, etcétera. Todo ese ámbito queda por fuera de los mecanismos de mercado. Entonces coincidimos en la importancia de tener un estado competente y eficaz como mecanismo alternativo de organización social. AEDA tiene tres rasgos hoy en día que lo describen bien: es un grupo de economistas en su mayoría, aunque también hay otros científicos sociales, todos menores de cuarenta años. El segundo rasgos es que sus integrantes tienen un acercamiento a los temas de análisis desde principios y miradas heterodoxas, alejadas del mainstream. Y el tercero es que, en general, participan o tienen algún tipo de compromiso político en un arco,  podríamos decir, de centroizquierda-izquierda. 

- ¿Por qué el foco en el desarrollo? ¿Sienten alguna identificación cepalina?
- Con respecto a las tendencias cepalinas, sin duda: cuando uno intenta andar por caminos distintos a las herramientas y postulados de principios ortodoxos, toda la escuela de la CEPAL es una contribución muy importante, entonces muchos nos identificamos con las miradas estructuralistas que supo tener la CEPAL. Pero consideramos que necesitan ser renovadas, ampliadas, y en ese sentido es que también es un desafío que lo asumimos como generación y como grupo. Al fin y al cabo, uno se da cuenta que pensar está lejos de esa imagen de la persona aislada y concentrada; pensar, aprender, reflexionar son tareas colectivas y por eso el énfasis en armar un espacio propicio para hacer ese ejercicio de intercambio. 

-  ¿Cómo surge el Congreso? 
- Cuando uno arma un espacio como AEDA debe traducirlo en hechos. La mejor forma de presentarte en sociedad es a partir de tener una coherencia entre los hechos y lo que vos querés hacer. El primer paso que dio AEDA fue una presentación en sociedad en diciembre del año pasado donde discutimos el tema del conflicto con el Campo, los cambios que ha habido en la industria y cerramos con Mario Cimoli con una reflexión acerca del compromiso intelectual y político que tiene que tener alguien que ejerce la economía. Luego convocamos a un seminario con Gabriel Palma para discutir la crisis internacional; de nuevo sin caer en los lugares comunes, en la respuestas fáciles de la ortodoxia, es decir, sin comprar la idea de que esta crisis es por un problema regulatorio o de supervisión; sino yendo un poco más allá, viendo los problemas estructurales que tiene la economía mundial. Después avanzamos en publicar un libro de Ha-Joo Chang, quien es un economista surcoreano que analizó los problemas del desarrollo económico en el mundo y a los países que se han desarrollado en estos últimos cuarenta años, que la profesión suele denominar milagros económicos: el milagro japonés, milagro coreano. Lo cual es paradójico, porque justamente cuando un país logra desarrollarse lo ponemos como algo excepcional, cuando en la profesión tendríamos que pensar que ese es el objetivo, la regla, lo normal. Este economista muestra todas la contradicciones que tiene el discurso habitual de los organismos o las recomendaciones de los países desarrollados: contradicciones internas y con la historia, porque los países que se han desarrollado antes o ahora han seguido principios muy distintos. Creemos que es una obra de divulgación, pero que ayuda a explicar de qué se trata AEDA. Y ahora, después de ocho meses en este camino que venimos recorriendo, ya tenemos la posibilidad de organizar un congreso que es un espacio natural para armar un escenario de intercambio, fortalecimiento de redes entre los profesionales y gente que coincide, intercambio de ideas, discusiones y, además, tener como producto una compilación de trabajos, en este caso, cerca de ochenta que muestran que el pensamiento heterodoxo está vivo: hay jóvenes que están haciendo nuevos aportes, la Argentina de estos últimos años es una fuente de inspiración muy importante para esto porque sufrimos lo peor del neoliberalismo en los noventa y en esto últimos años hemos visto que crecer es algo pasible para nosotros. Porque durante los últimos treinta años el PBI per cápita en la Argentina se mantuvo constante: cuando llega la crisis del 2001-2002 el PBI per cápita termina siendo el mismo que en 1974, durante treinta años no pudimos generar riqueza. En ese sentido, estos últimos años son un proceso inédito, desgraciadamente. Y mucho de esto se debe a un enfoque macroeconómico basado en otros principios, esto en una fuente de inspiración: entender que hemos desandado mucho del camino de estos últimos treinta años. Pero para profundizar esta trayectoria necesitamos todavía tener más ideas, más instrumentos, sofisticar la gestión pública, sofisticar los análisis, armar otras coaliciones políticas que le den sustento a todo este proceso. Y el Congreso lo entendemos como un pilar clave y una contribución importante en esto: presentarnos en sociedad, ampliar el espacio. Un espacio de intercambio a partir de unas reglas básicas, obvias, de convivencia; acá hay gente que piensa muy igual, muy distinto; pero creo que en estos dos días hemos aprendido todos mucho. 

- ¿Cómo lograron alquilar este espacio? ¿Tienen un convenio con Caras y Caretas? 
- Esto fue por contactos: el espíritu de trascender el ámbito de la profesión e ir hacia los sectores sindicales y empresariales nos lleva a estar contactándonos. Surgió esta oportunidad, pudimos alquilarlo por un gesto de colaboración de parte del sindicato, este lugar tiene mucho de interesante por la construcción que ha hecho este sindicato [SUTERH], habilitando este centro cultural. Y ese es el principal auspicio, después hemos contado con la Universidad de Quilmes como socia para todo lo que fue la difusión y publicación del libro de Chang. Tenemos otros auspiciantes institucionales, pero realmente el costo principal del Congreso son la horas hombre puestas al servicio de la organización y eso ha sido un trabajo voluntario de la mayoría de nosotros que lo entendemos como una contribución al proyecto de AEDA. Y también la respuesta es, sin duda, una contribución clave: todos los que se han preocupado por armar sus artículos, enviarlos, cumplir con las formalidades del caso, etcétera. Un poco, la idea que tenemos nosotros es mostrar que ser heterodoxo no quiere decir ser poco riguroso, no trabajar con un método, no tener herramientas de análisis.

- ¿Cómo fue la recepción de estos ochenta trabajos? ¿Cómo armaron los debates? ¿Cómo lograron la participación de los invitados? ¿Tuvieron alguna sorpresa?

- Sí, sorpresas tuvimos. Este es un proyecto ambicioso y cuando algo es ambicioso uno pone expectativas altas; pero en las más altas que teníamos no esperábamos tener un programa tan denso. Lo que hicimos fue seguir las pautas generales de cualquier congreso académico. Pusimos una fecha de convocatoria que difundimos por distintos canales, tuvimos la recepción de los trabajos, un comité científico integrado por Aldo Ferrer (Plan Fénix, UBA), Fernando Porta (Centro REDES, UBA, UNQ),  Eduardo Basualdo (FLACSO), [Miguel] Zanabria (UNQ, UNLP), Hernán Soltz (UBA, FLACSO), [Mario] Damill (CEDES, UBA) que contribuyeron a revisar los trabajos y definir ejes, poner prioridades y así seleccionar, porque tuvimos bastantes más trabajos que estos ochenta. Los que se ajustaban a los temas que habíamos propuesto y la calidad era algo que se podía leer y que tenía un trabajo por detrás fueron aceptados. Creo que la fortaleza del Congreso, por la cual vino tanta gente (que es otra sorpresa positiva que hemos tenido), es que estamos planteando una agenda de temas que es la que le preocupa a cualquier economista comprometido con la transformación de la sociedad, con el desarrollo. Muchas veces el ámbito académico tiende a centrarse en problemas como, por ejemplo, nuevo método econométrico o encuentra, curiosamente, agotados los temas básicos de la economía e intentan entrar en temas como delincuencia y probabilidad de asalto por metro cuadrado, las “freakonomics”, etcétera. Eso en el mundo académico está teniendo, lamentablemente, mucho auge. Entonces nosotros lo que hicimos es volver a la agenda de discusión que cualquiera que tiene como meta la transformación social se plantea. Los trabajos están invitados a hacer una reflexión más sobre lo que pasó en estos últimos años y los paneles actúan como lazo, primero con gente que consideramos referentes en el campo, queríamos asegurarnos que estén en el Congreso, y además con una invitación más a una mirada prospectiva de qué va a pasar en la economía argentina de acá en adelante. Esta fue un poco la combinación entre trabajos y exposiciones a partir de paneles con invitados.

-¿Y cuáles son las perspectivas de acá en adelante para AEDA?
- Yo creo que AEDA está completando una etapa importante que es la de constitución, instalación, darse a conocer; pienso que todos los que formamos parte estamos satisfechos con esta primera etapa. Haber tenido una gran respuesta también implica un gran compromiso para que el espacio no se diluya, hay que darle continuidad. Para dársela ya estamos pensando algunas actividades para los próximos meses, por ejemplo, vamos a hacer un seminario nacional sobre política industrial que va a terminar en un libro que se va a publicar posiblemente con la Fundación Ebert. Para el año que viene estamos pensando invitar a doce especialistas, gente con más experiencia y gente más joven, ir alternando sobre doce temas claves que vemos que tiene pendiente la economía argentina y a partir de ahí hacer algún paper, un artículo de propuesta y eso organizarlo como eje para un debate interno con los socios de AEDA, que van creciendo. Y tenemos que darle vida institucional hacia adentro a AEDA para que no sean sólo estos grandes eventos, sino darle una rutina de relaciones y trabajo. Estamos haciendo una puesta para hacer un encuentro de jóvenes economistas latinoamericanos con colegas de Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina y Brasil que seríamos el grupo inicial. Esto tiene el desafío de conseguir el financiamiento porque ya se trata de pasajes de avión. Pero no es un imposible. Lo que queremos es esto. Creemos que en su momento el Plan Fénix supo captar la atención de la sociedad con un discurso distinto, diciendo que no todos los economistas pensamos igual, no todas la recetas económicas son ajustes de salario, de gasto público; la sociedad en su momento lo vivió como una bocanada de aire nuevo. Nosotros nos sentimos un poco inspirados en esa experiencia, queremos sumarnos a ese espacio. Un poco el objetivo es contribuir con empresarios, sindicalistas y público en general que siente que mayoritariamente el discurso de la City no refleja sus expectativas. Y nosotros intentamos contribuir desde ahí, entendemos que la transformación económica es creatividad, rigurosidad, pero también el armado de coaliciones sociales y políticas que le den sustento a estos procesos. En ese sentido creemos que AEDA es una herramienta pertinente para cumplir con estos tres objetivos y lo que viene depende mucho de qué sepamos hacer con estos pasos que ya hemos dado.

-  ¿Quiénes son las personas a las que les querés agradecer por haber colaborado en todo este proyecto?
- Sin duda, una cosa que también me satisface mucho es que fue un trabajo colectivo en el sentido más auténtico: AEDA tiene un presidente que es Matías Kulfas que estuvo totalmente involucrado en hacer esto, Paula Español, Iván Heyn, Andrés Tavosnanska, Gabriela Camilletti, Natalia Monayer, yo trabajé también, a esto se le suma un grupo muy grande, una veintena de estudiantes y graduados recientes; un equipo de trabajo que fue cumpliendo las distintas áreas y tareas que necesita un congreso. Toda esa gente  tiene que estar muy contenta porque esto es un trabajo colectivo y que el grupo ha logrado llevar adelante de manera espléndida. Y después hay mucha gente de afuera, de la Universidad de Quilmes, del Plan Fénix, del sindicato, de la gente de Caras y Caretas, de El Germenl, gente que nos ha ayudado en tareas de secretariado, organizativas puras; merecen todos reconocimiento también.

 
Autor de la nota: Marcia Dell'Oca Alonso y Mauro Rodriguez Cartabia

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