Escrito por Juan Bautista Torres López    Miércoles, 02 de Septiembre de 2009 17:05   
El Nerón postmoderno
incendioSeis días de fuego, de ver a los cordobeses resignarse a que todo se queme, ellos y los aviones hidrantes, ellos solitos con sus remeritas mojadas ver cómo el vallecito de Calamuchita se les prendía fuego, y se propagaba, y ellos solitos con sus machetes, ellos tres, cuatro, un puñado de cordobeses que como podían, trataron de frenar el avance del fuego.  Tuvieron seis días de incendio irremediable, hasta que llegó la lluvia y colaboró con el control de las llamas. Aunque medio tarde: el fuego ganó 50 mil hectáreas. Qué irónico: pensar que debe ser la naturaleza la encargada de liquidar el pleito que el propio hombre instauró con arbitrariedad o locura. ¿A quién se le ocurre prender fuego un bosque? Si no es cosa de locos, ¿cómo se explica? Hay como una moda de prender fuego espacios verdes. Acá, en Estados Unidos, a veces en Gran Canaria. Lo que de verdad intriga es saber cómo hace la gente para conseguir un socio en el delirio. En qué momento de una charla -mates, bizcochitos de por medio, una telenovela mexicana-, uno se pone de acuerdo con el otro para salir a quemar todo. Es decir: es entendible el beneficio de robar un banco, una casa de cambio, una joyería o incluso una fábrica de zapatos, pero ¿cuál es el rédito de prender fuego unos cuántos árboles? Es raro, y más raro aún es ver que en una época donde por momentos todos parecen quemados, aún haya gente a la que le queden ganas de salir a bardear con el fuego.

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Autor de la nota: Juan Bautista Torres López

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