Escrito por Facundo Fernández Barrio    Miércoles, 12 de Mayo de 2010 16:02   
Eric Calcagno: "En la política se trabaja con la realidad tal como es, y no como uno quisiera que fuera"


Eric Calcagno, senador del Frente para la Victoria y sociólogo, habló con Política Argentina de temas sin agenda en los medios masivos, oficialistas u opositores. Por qué no se modificó el sistema fiscal heredado de los noventa, cómo se resuelven los problemas estructurales de la provincia de Buenos Aires, qué se puede hacer con la deuda externa además de pagarla, cómo se combate la pobreza por la vía de la industrialización. "Todo se puede hacer, pero no todo al mismo tiempo", se ataja el legislador.
-¿Su bloque apoyaría el proyecto para una nueva Ley de Servicios Financieros que impulsa el espacio de Carlos Heller y Martín Sabbatella?

-La política que se lleva adelante desde 2003 es un conjunto de medidas no aisladas que se van dando según los momentos y las relaciones de fuerza realmente existentes. Con un hilo conductor: la distribución del ingreso y la rejerarquización de la política. La gran diferencia con otros momentos de la historia reciente es que para solucionar los problemas se ve primero la dimensión política, y luego la instrumentación económica o social. La Asignación Universal por Hijo, por ejemplo, integra sectores que el desarrollo tardó en incorporar, volviéndolos al consumo y dinamizando así la modernización. Esa es una decisión política. Al hablar de una Ley de Entidades Financieras, hay que saber que ya no tenemos un modelo de valorización financiera, sino uno que yo llamaría de desarrollo industrial con justicia social. El rol del sector financiero será entonces forzosamente distinto. Eso no quiere decir que una ley vaya a modificar definitivamente estructuras y comportamientos. Debe ser parte de una construcción política y social. Habrá que estudiar y discutir el proyecto que usted menciona,  pero sin dudas la impulsa un grupo con el que tenemos más afinidades que diferencias.

-Usted dijo que la Asignación Universal por Hijo busca dinamizar a través del consumo. ¿No es entonces contradictorio que en la estructura tributaria tengan más peso los impuestos al consumo que, por ejemplo, los impuestos a las ganancias?

-No es una contradicción sino una realidad. Y para transformar la realidad hace falta un camino de construcción política. Tomemos por ejemplo la Ley de Medios: hace veinte años que venía discutiéndose en foros y encuentros, y cobró una formalidad como coronación de esa construcción. Sobre la cuestión fiscal, nos encontramos con cuestiones heredadas del pasado que queremos transformar. Pero eso es un combate político, no va de suyo. Sobre todo si hablamos de redefinir tributos, que son terriblemente impopulares porque los perjudicados se quejan inmediatamente y los beneficiados tardan en ver los efectos positivos. Por otro lado, este sistema fiscal es hijo de las relaciones de poder previas a 2003, entonces también habría que cambiar la dinámica de la sociedad argentina. Bienvenida sea la discusión, pero no porque yo haga una ley pensando en la mejor estructura tributaria se reflejará efectivamente en la realidad. Este sistema fiscal, ¿es el que más nos sirve? No, sin dudas lo podemos mejorar bastante. Pero también es cierto que cuando quisimos gravar una renta extraordinaria con la 125 no nos fue tan bien.

-¿La derrota por la 125 quitó de la agenda del Gobierno una reforma del sistema fiscal? Por ejemplo, gravar rentas extraordinarias como las provenientes de la exportación de minerales o la actividad financiera.

-Todo se puede hacer, pero no todo al mismo tiempo. Ese es el arte de la política. (Baruch de) Spinoza, el filósofo judío holandés, decía que el problema de los filósofos es que ven a la gente como la quieren ver y no como es. En la política, uno trabaja con la realidad tal como se presenta, tal como funciona, y no como uno quisiera que fuese. Todos estamos guiados, tanto el oficialismo como el arco opositor, por la búsqueda del bien común. Pero no todos tenemos la misma visión del bien común. Entonces, la esencia de la política es precisamente la sublimación de la violencia a través de la discusión y la argumentación. No hay una cuestión de decir: "Bueno, hagamos todo en seguida". San Martín, cuando bajó del barco que lo traía de Cádiz, no cruzó Los Andes al día siguiente. Si queremos cambiar el sistema fiscal, eso debe tomar cuerpo en la sociedad. Si no, sería una elucubración o un placer estético por hacer una linda ley.

-En este sentido, sería una buena noticia la derogación del regresivo impuesto al cheque.

-Seguramente se concretará el año que viene, como lo anunció la Presidenta. Por el momento, lo que votamos (y a mí me tocó hacer la argumentación del oficialismo) fue oponernos a la coparticipación del impuesto al cheque, porque creemos que en el fondo se busca desfinanciar al Estado nacional. Se trató de armar una discusión entre "unitarios y federales", cuando en realidad lo que querían algunos era injertar retazos de un sistema parlamentario en uno presidencialista, donde el Poder Ejecutivo es el que marca las grandes líneas de política económica. Se habló además como si las provincias y la nación fueran dos planetas distintos. Como si los dos millones de jubilados que se integraron al sistema previsional no vivieran en las provincias, como si las obras que hace el gobierno nacional no se desarrollaran en las provincias. Y teniendo un presupuesto equilibrado como el de 2010, el arco opositor intentó decir: "Ah, ¿vieron? Ahora tienen déficit". Hay un tercer planeta, que sería el resto de la Tierra, en el que hubo una crisis financiera terrible y nosotros la capeamos de forma bastante aceptable. Para eso sirven los superávits.

-¿Qué lineamientos debería tener la nunca sancionada ley de Coparticipación para satisfacer las necesidades de la administración nacional y al mismo tiempo resolver los problemas graves de
desequilibrios regionales que hay?

-Hay dos cuestiones. La primera es la coparticipación primaria, que distingue entre nación y provincias. La otra es la coparticipación secundaria, referida a cómo cada provincia recibe su porcentaje. Ahí la gran perjudicada fue la provincia de Buenos Aires, junto a otras provincias grandes. Buenos Aires representa el 38 por ciento de la población, el 40 por ciento de la producción y tiene índices de pobreza y marginalidad muy grandes. Entonces, en la necesaria discusión sobre coparticipación, hay que ver en los coeficientes de distribución secundaria cómo inciden la cantidad de personas en situación de Necesidades Básicas Insatisfechas, los temas de educación, de polos de desarrollo regional... hay mucha tela para cortar. Buenos Aires y la nación tienen destinos comunes: si a la nación le va bien, a la provincia le irá bien. Buenos Aires es casi un país, y esto no es en desmedro de las otras provincias, que tienen otros problemas: de conectividad, problemas sociales o de desarrollo. Argentina no puede volver a ser un país agroexportador, porque eso es para 2  o 3 millones de personas y somos 40. Hay un desafío de integración y desarrollo.

-¿Usted está conforme con los niveles actuales de industrialización?

-Estoy conforme visto cuál es el punto de partida. Está bien lo hecho hasta acá, pero hay que seguir industrializando, y es una carrera que no se detiene nunca. Debemos seguir instalando progreso técnico para combatir la base de la pobreza, que es la baja productividad de determinados sectores. Gente que trabaja como en el siglo XIX y recibe salarios del siglo XIX. Los recolectores de cartones, por ejemplo. En la teoría estructuralista de desarrollo económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), eso se llama heterogeneidad estructural: la convivencia en un mismo espacio de dispares niveles de productividad y salarios. Los países capitalistas desarrollados tienen una gran homogeneidad estructural. Entonces, el camino de la industrialización no es un fetichismo por la máquina o el capital. No es lo mismo exportar una tonelada de soja que una tonelada de medicamentos. Debemos completar nuestra industrialización, como lo hizo Brasil en un sector. Pero uno no llega a un lugar y ve un cartel que dice "Bienvenidos a la industrialización". Es una lucha permanente.

-Mencionó la CEPAL, donde trabajó su padre, con quien usted escribió un libro sobre cómo parte de la deuda externa se contrajo de forma ilegal o ilegítima. Más allá de su apoyo al canje, ¿descarta una auditoría para revisar la deuda?

-No, para nada. Parte de la deuda ya fue auditada. La obra de Alejandro Olmos explica la deuda tomada durante la dictadura. Luego, una comisión de investigación de la fuga de divisas de la Cámara de Diputados elaboró en 2001 el "informe Di Cola", cuya lectura es recomendada. Debe tenerse en cuenta que la deuda cambia de naturaleza según sus etapas. Una cosa era la deuda de los militares, que de hecho prácticamente se terminó de pagar en 1992 con los bonos Brady; luego, la deuda como combustible de la convertibilidad; la deuda de crecimiento vegetativo durante el gobierno de Alfonsín, cuando quizás era el momento para proclamar su ilegalidad; y por último, la deuda generada por la caída de la convertibilidad y la pesificación. Ahora, con mi padre estamos preparando un nuevo capítulo porque hoy estamos ante un sistema distinto de compromisos externos. Gran parte del recelo internacional hacia la Argentina es por la renegociación histórica y exitosa que hicimos de la deuda, sin condicionalidades del FMI, y que sirve de ejemplo para otros países. Nuestra estrategia debe ser siempre pagar lo menos posible. Y me parece que puede ser positivo y revelador que se investigue la parte que falta y se fijen las responsabilidades.

-¿Qué crédito da a la denuncia del diputado Lozano acerca de que la firma Barclays sería negociadora y parte en el canje de deuda?

-Tendría que estudiar más el asunto. Me parece que hay una cuestión de "política de indignacion" en todo eso y de elaborar un discurso antigobierno. Lozano es por supuesto un economista muy importante que trabajó mucho la cuestión, pero me parece que, como los filósofos, ve las cosas más como quiere verlas que como son.

-¿Por qué el uso de reservas es la mejor alternativa para pagar los vencimientos de deuda?

-Como parte del gobierno nacional y presidente de la comisión de Presupuesto de Hacienda, voy a defender el uso de reservas en el recinto y demostrar por qué nuestra solución es la mejor. Y por qué las otras alternativas adolecen de sustentabilidad. Hay una idea alocada, que es la de ajustar recursos presupuestarios al pago de la amortización de la deuda. Eso significaría un ajuste de 5 puntos del producto. La otra opción es un fondo de garantía, pero no me satisface ya que sería llevarnos a formas varias de incumplimiento. Cuando se le pagó al FMI se utilizó un tercio de las reservas y luego éstas se recompusieron. Para este año se prevé que el saldo positivo de reservas será de 10 mil millones de dólares. Así que hay que abandonar esa idea de la moneda como billetes que se ponen en una caja de zapatos para no tocarlos. La moneda es un lazo social que tiene otra dinámica, y el Banco Central tiene que ser un instrumento de la política económica del gobierno. Que hoy esté conducido por Mercedes Marcó del Pont es auspicioso, porque es una persona comprometida con financiar el desarrollo, y no con que las finanzas funcionen sobre sí mismas. Quizás la economía sea una cosa demasiado seria para dejársela a los economistas.

-Con respecto a la fuerte concentración que existe en ramas claves de la producción, Marcó del Pont opina que "hay leyes para combatirla pero no una autoridad constituída que las haga cumplir".

-El Estado es un dispositivo de poder no incoloro ni insípido, sino hijo de sus épocas. Muchas veces, cuando uno llega a la conducción del Estado, se da cuenta de que ese dispositivo está preparado para algunas cosas y para otras no. Por ejemplo: antes no había un Ministerio de Planificación y Obras Públicas; el Banco Central era una especie de templo, y su Carta Orgánica era más importante que la Constitución. Rejerarquizar cada elemento según su valor político es la primera tarea. Y si queremos avanzar en un modelo de desarrollo industrial con justicia social, necesitamos instrumentos desde el Estado. Si no están, la segunda tarea es crearlos, y eso también toma tiempo. En nuestro país, las preguntas básicas de la economía tienen una respuesta política.
 
Autor de la nota: Facundo Fernández Barrio

Click para ver otras notas del autor