Escrito por Politicargentina    Sábado, 26 de Diciembre de 2009 20:01    PDF Imprimir E-mail
Recambio legislativo
Entran. Salen. Renuevan. El Congreso se moviliza. La democracia se reafirma. Luego de una feroz campaña vivida casi como la pre presidencial 2011, el pasado 28 de junio hubo elecciones legislativas en la Argentina. Luego de la asunción, partida y renovación de ciertos legisladores en los primeros días de diciembre, el equipo de politicargentina.com se sentó a dialogar con diputados que ingresan (Margarita Stolbizer y Martín Sabbatella) y con uno que deja su mandato (Carlos Raimundi). ¿Qué hicieron? ¿Qué hacen? ¿Qué piensan hacer?

Pero el trabajo en el Congreso no termina en una banca o en un simple voto. Dentro y fuera de este edificio imponente, hay gente trabajando día a día, minuto a minuto, para que los diputados puedan realizar su trabajo y en muchos casos difundir sus propuestas. Claudio Polosecki, asesor de prensa del diputado Agustín Rossi y del bloque del Frente para la Victoria, nos cuenta cómo es el trabajo de asesoría de prensa de un legislador. “Es un trabajo de 24hs por día”, afirma sin rodeos.

Por último, o en primera instancia, politicargentina.com preparó un análisis profundo para entender un poco más qué pasó y qué dejó esta última elección legislativa y así escavar en los distintos roles que tiene el Congreso de la Nación. ¿Cómo se compone? ¿Qué significa realmente el Poder Legislativo? ¿Qué son las comisiones? ¿Qué importancia tienen todas esas bancas gritonas para nuestra democracia? Bienvenidos al informe especial de politicargentina.com sobre recambio legislativo, uno de los pilares más importantes de nuestra querida democracia.

Análisis



Nuevo CongresoEl resultado electoral del 28 de junio de 2009 generó dos sensaciones en la población argentina. Primero, un sentimiento de gratificación generalizado por ser la primera vez que el kirchnerismo, gobernante desde 2003 y con una bajísima aceptación popular, sufría una derrota electoral a manos de una oposición fragmentada. Segundo, incertidumbre y expectativa por la posibilidad de que esa misma oposición fragmentada pudiera trasladar el resultado alcanzado en hechos y acciones concretas.

El momento llegó, finalmente, el pasado jueves 3 de diciembre. La sesión preparatoria de la Cámara de Diputados de la Nación terminó por definir las autoridades que administrarán el proceso legislativo durante el próximo año, aunque todos esperan que se mantenga así hasta los siguientes comicios en 2011. Al menos así ocurre siempre. Y por primera vez la oposición logró unidad de acción. Imponiendo la mayoría sobre el oficialismo kirchnerista, logró el quórum necesario para sesionar y se garantizó el control de la mayoría de las comisiones del cuerpo. Como un plus especial cayó en manos del radical Ricardo Alfonsín la vicepresidencia 2º. Para el Senado habrá que esperar hasta febrero.

Esta nueva distribución de poder en la estructura del Estado Nacional aporta un mayor equilibrio de poderes, ausente en los últimos 6 años de hegemonía kirchnerista. Sin embargo, antes de avanzar sobre un análisis más profundo que aclare un poco estas afirmaciones, conviene puntualizar algunas cuestiones importantes. Pasemos revista primero a los resultados arrojados por las elecciones legislativas del pasado mes de junio. Luego podremos explicar el por qué de la centralidad de las comisiones y en que medida puede la correlación de fuerzas actual incidir sobre el desarrollo legislativo del año próximo.


La fuerte derrota sufrida por el kirchnerismo hizo esperar algunos días para que los coletazos del resultado electoral tuvieran efectos más profundos en el sistema político argentino. Tanto desde el oficialismo como de los distintos sectores opositores se hicieron distintas lecturas de los resultados electorales.

El peronismo fue el primero en reacomodarse. La imposibilidad por parte de Néstor Kirchner de obtener una victoria en la Provincia de Buenos Aires –a pesar de contar con gran parte del aparato partidario a su favor- generó un fuerte cimbronazo al interior del justicialismo. Si bien ya había algunos gobernadores que habían manifestado su disconformidad con la forma en que el kirchnerismo ejercía el poder, las voces que reclaman un cambio de autoridades partidarias aumentaron notablemente en las semanas subsiguientes.

La renuncia de Kirchner a la Presidencia del partido fue el primer efecto. El poder justicialista cayó así en manos de Daniel Scioli y las voces de protesta no se hicieron tardar. En ese sentido se expresaron Mario Das Neves –Chubut-, Juan Schiaretti –Córdoba-, José Luis Rioja –San Juan- y Juan Manuel Uturbey –Salta-. La gran mayoría de ellos –salvo Schiaretti- resultaron victoriosos en sus respectivos distritos, de modo que el caudal electoral obtenido es su carta a favor en la mesa de negociaciones del peronismo. Las victorias fueron locales y producto del esfuerzo de los gobernadores, no del oficialismo nacional. El problema del peronismo pasaba ahora a ser solamente Kirchner.

Por su parte, Mauricio Macri obtuvo un resultado un poco amargo en su principal bastión, la Ciudad de Buenos Aires. La obtención de un caudal de votos considerablemente menor con respecto a elecciones anteriores solo se vio parcialmente compensada gracias a la alianza que formó con De Narváez en la Provincia de Buenos Aires. De cara a 2011 quedan dos opciones para el Jefe de Gobierno porteño: mantener su único espacio de poder verdadero o lanzarse para la Presidencia. Si opta por la segunda opción, deberá crecer en estructura partidaria nacional. O negociar con el peronismo. Si opta por la primera, deberá mejorar una imagen de gestión bastante atacada y deteriorada en los últimos meses.

En lo que respecta al Acuerdo Cívico y Social, el triunfo obtenido en varios distritos del país lo posiciona como segunda fuerza a nivel nacional. La fuerte base legislativa que alcanzaron los acerca a los 80 diputados en la cámara baja convierte al bloque en uno de los más importantes. Mucho dependerá del mantenimiento de los acuerdos entre la UCR, la Coalición Cívica, el socialismo y los legisladores que responden al Vicepresidente Julio Cesar Cobos.

Hay que descartar otros dos sectores que pueden sumarse para aumentar su fuerza política en el Congreso. Por un lado, los dirigentes rurales electos que suman un total de 10 legisladores y que hicieron campaña con el sello del ACyS. Por el otro, las posibilidades de acuerdos legislativos con el sector de Fernando “Pino” Solanas, el bloque de  de legisladores Solidaridad e Igualdad (SI) y el sector de Martín Sabatella.

Si embargo, la clave de este amplio espectro de centro-izquierda radica en dos cuestiones centrales. Primero, alcanzar reglas definitivas para la distribución de espacios de poder entre los múltiples actores que integran el ACyS. Recordemos que ya hubo más de una fricción entre sus principales líderes. Segundo, dejar en un segundo plano la definición de la candidatura presidencial para 2011 y concentrarse en avanzar sobre leyes claves en 2010. Aquí es donde puede lograr mayor interacción con los potenciales aliados antes mencionados.


Ahora pasemos a la parte engorrosa. Como toda institución gubernamental, el Congreso de la Nación funciona en base a reglas preestablecidas. Estas mismas son las que determinan y delimitan el margen de acción que tienen los legisladores para interactuar entre sí, negociar acuerdos y avanzar con proyectos de ley. A esto se reduce prácticamente lo grueso del trabajo parlamentario. Sin embargo, esas reglas construyen una densa y compleja red que necesitan un análisis profundo para comprender esos procesos.

Vayamos de lo general a lo particular. El Congreso de la Nación está conformado por dos cuerpos: la Cámara de Diputados –quiénes representan a los ciudadanos- y el Senado –a las provincias de la Nación-. Si bien existen ciertas reglas que son específicas de cada uno, será más sencillo abocarnos a las cuestiones comunes de ambas.

La clave para entender el funcionamiento de los dos cuerpos legislativos se encuentra en las comisiones. Tanto para la Cámara de Diputados como para el Senado, los distintos proyectos de leyes que ingresan no son tratados inmediatamente en el recinto sino que en una primera instancia son dirigidos a las comisiones. Las mismas están compuestas por los legisladores que las integran, siendo ellos mismos los que eligen a sus propias autoridades. Las comisiones de la Cámara de Diputados tienen un presidente, un vicepresidente y entre 3 y 5 secretarios, dependiendo de lo establecido en el reglamento de la misma. Por otro lado, el Senado mantiene la misma jerarquía de autoridades, salvo que cada una dispone de un solo secretario por comisión.

Otra similitud entre ambos cuerpos radica en que los reglamentos establecen específicamente que las comisiones deben ser integradas respetando la proporcionalidad de la integración de las cámaras. Respecto a este punto existieron enormes divergencias entre los distintos bloques partidarios ya que no existe una definición estricta de lo que se entiende por proporcionalidad. Por esa razón queda un amplio margen de acción para la negociación entre bloques y líderes partidarios. “Me das dos, yo te doy tres”. “La Presidencia para vos y las dos primeras vicepresidencias para nosotros”. Y así sucesivamente.

Respecto de las cantidades, mientras que en Diputados son 45 las comisiones, en el Senado son 26. Ellos se debe a la diferencia de legisladores en cada una -256 en Diputados, 72 en el Senado-. Paralelamente, existen 22 comisiones bicamerales especiales –integradas por igual cantidad de legisladores de ambas cámaras-, entre las cuales se destaca la que regula los Decretos de Necesidad y Urgencia, la legislación delegada y los vetos parciales a las leyes –Comisión Bicameral de Trámite Legislativo-.

Debido a que las comisiones el ámbito de discusión de los proyectos legislativos y el paso previo para su tratamiento en recinto, es que la composición de las mismas se ha vuelto el botín más disputado entre el oficialismo kirchnerista y la oposición. Algunos ejemplos destacados tal vez ayuden a comprender.

La Comisión de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados –y su homónima en el Senado- son centrales en el tratamiento de todos los proyectos que versen sobre normas tributarias, además de ser la llave para la aprobación del presupuesto anual. Por su parte, la referida a Juicio Político es el paso previo y obligatorio para todo proceso de remoción del cargo que sea iniciado contra, por ejemplo, el titular del Poder Ejecutivo: el Presidente.

Ambos datos no son menores. Primero, durante los próximos dos años de gestión tendrá gran relevancia la situación económica general de un modelo de crecimiento que se ha apoyado fuertemente en la intervención estatal. Para su normal funcionamiento ha sido necesario apelar a los recursos tributarios del Estado Nacional, que han ido creciendo sostenidamente en los últimos años. La “caja” será entonces un preciado botín que el kirchnerismo querrá utilizar e incrementar, y la oposición limitar y controlar.

Segundo, las recientes acusaciones de corrupción que diversos sectores opositores han lanzado contra la Presidente Cristina Fernández de Kirchner y su círculo íntimo, hacen pensar que si el clima político se enrarece y la inestabilidad política generada por un estilo de constante confrontación aumenta, puede llegar a generarse una situación de empate entre dos polos irreconciliables. Por un lado el oficialismo. Por el otro, la oposición. La válvula de escape para esta parálisis institucional puede recaer en el mecanismo de remoción denominado juicio político.

También resultará central la composición definitiva que tenga la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo. Compuesta por 8 miembros, los 4 designados por la Cámara de Diputados ya fueron elegidos –saliendo victoriosa la oposición- y restan los 4 correspondientes al Senado. Si consideramos que la dificultad de construir acuerdos entre oficialismo y oposición pueden llevar a una época de “vetocracia”, entonces la composición de esta comisión a favor de uno u otro grupo será central para sus propias pretensiones.


En definitiva, si uno comienza a comprender que el proceso parlamentario funciona en términos de lucha de poder entre grupos que no pueden alcanzar acuerdos mínimos, entonces comenzará a comprender una parte de la realidad política argentina actual. Si bien la ingeniería institucional puede resultar compleja por momentos, es central comprender la dinámica de interacción que generan esas reglas y como influye sobre los intereses políticos.
El kirchnerismo ha centrado el debate en torno a la gobernabilidad. Según sus propias percepciones, la sesión de espacios de poder a manos de la oposición no significará otra cosa que crear el caldo de cultivo para la inestabilidad constante y crónica del sistema político en su conjunto. En este sentido, controlar implica desestabilizar.

Por su parte, la oposición –aún fragmentada- considera que la acumulación de poder constante durante los últimos 6 años a manos del kirchnerismo gobernante no ha tenido otro efecto que el desprecio por las formas institucionales republicanas y el desapego al Estado de Derecho. Como antídoto, es necesario un mayor grado de control. El Congreso sería el ámbito propicio. Mayor gobernabilidad implicaría, entonces, mayor descentralización de la toma de decisión y la construcción de un poder político compartido.

Puede ser que, finalmente, el Congreso vuelva a tomar el rol central que le ha deparado la Constitución Nacional. O sino será simplemente un recinto medio lleno, medio vacío. De acuerdo a como lo mire cada uno.

Protagonistas



“La oposición restauradora de las políticas de los 90 está en las antípodas de nuestro pensamiento”

Martín Sabatella & PoliticargentinaEl ex intendente de Morón se distancia del sector conservador del arco opositor y presenta a la centroizquierda como una parte importante en el nuevo escenario parlamentario. Interpreta la alianza circunstancial del otro referente del progresismo, Pino Solanas, con esa oposición y analiza los puntos positivos y negativos del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. 

Consecuente entre prosa y acto, el diputado electo Martín Sabbatella representa lo que hoy se podría definir como una tercera opción. Mientras, durante la renovación parlamentaria, la oposición acérrima planteaba una división maniqueísta, el ex intendente de Morón –junto con Carlos Heller y Ariel Basteiro, entre otros- intentaba conformar una “tercera pata”, que detuviera la arremetida de la derecha “que quiere avanzar sobre los pasos positivos dados” y condicionara “desde una perspectiva progresista” el rumbo del Gobierno.

Usted dijo: “Debemos hacer un gran esfuerzo para unir a lo diverso”. Sin embargo, y parafraseo a Carlos Raimundi, si se gana con la derecha, gana la derecha. ¿Qué postura va a tomar su espacio si Pino sigue con la misma línea que durante la asunción?
Creemos que lo de la preparatoria fue un grave error y lo hicimos público. Porque las fuerzas progresistas no pueden ayudar a constituir mayorías a quienes están en las antípodas de su pensamiento, en este caso con esa derecha, que fue la que ejerció la articulación de ese famoso grupo A. Entendemos que eso lesionó la posibilidad de ensanchar un tercer lugar que se pueda parar con absoluta autonomía sabiendo que el oficialismo no tiene mayoría y que esa derecha, por suerte, tampoco –por suerte, recalcándolo (sonríe). Entonces, vos tenés un tercer lugar,  una mesa de tres patas de discusión. Reitero que me pareció un error, pero espero que sea una cuestión vinculada a una situación circunstancial de las comisiones o a las autoridades de la cámara. Así que vamos a seguir insistiendo con la unidad del espacio. Nosotros creemos que hay mucho para defender, lo que pasa es que si una parte del progresismo cree que lo que vive hoy la Argentina es más de lo mismo, no tiene qué defender. Y eso me parece que también es una lectura equivocada. Creo que hay claramente cuestiones inauguradas en 2003 que hay que defender: una incipiente intervención del Estado, por ejemplo, que tiene que ver con un rumbo de un modelo social que uno tiene en la cabeza; una perspectiva de integración regional, de derechos humanos, de recuperación del valor de lo público. Y tampoco aceptar las cosas que para nosotros son contradictorias, tanto lo que es la no construcción de una nueva matriz productiva distributiva profunda –por lo tanto hay que gravar la renta financiera, discutir la renta minera, una reforma tributaria progresiva-, como la construcción de fuerzas políticas nuevas, que no significa que vengan de la nada, sino que son novedosas en términos construcción política.

Entonces espera que Claudio Lozano reconsidere su posición respecto de la conformación de alianzas circunstanciales.
No comparto esa opinión y me parece desafortunada la frase. Porque eso termina bordeando algo que todo el mundo criticó siempre que es que el fin justifica los medios. Y me parece que la centroizquierda tiene que tomar conciencia de que no puede, para diferenciarse del Gobierno, terminar construyendo mayorías con la derecha. Entiendo que se confunde cuál es su rol. Hay cuestiones que no se pueden medir sobre la conveniencia coyuntural o mirar dónde está la opinión pública y opinar a través de eso, porque es marketing político y es lo mismo que se usa para vender una pasta dentífrica. Una fuerza política interpela a la sociedad desde las convicciones. Nosotros creemos en que no basta en tener la razón, que hay que construir mayorías, pero lo hacés desde tus valores, desde tus principios. Hay una situación puntual, una relación que tiene este Gobierno con la sociedad, por lo tanto defenderlo tiene costos políticos. Bueno, creo que esa es una mirada de corto plazo. Me parece que le es lesivo que, por esa especulación coyuntural, uno lesione sus rasgos de identidad constitutivo y deje de explicarle a la sociedad para qué tomó la palabra. Entonces, yo no digo que no tengo diferencias, es evidente que las tengo, y profundas, pero también soy un tipo convencido de que hay que construir desde una suerte unidad en la diversidad y que hay que poder procesar en unidad nuestras diferencias. Y que si no logramos hacerlo va a ser muy difícil construir una fuerza política que sintetice las diferentes tradiciones políticas, que pueda heredar lo mejor de nuestra historia y también nutrirse de lo mejor del presente. Todos nos jactamos de la experiencia del Frente Amplio uruguayo, pero no tenemos la capacidad de hacerlo, y yo te puedo asegurar que sus diferencias son iguales o mayores a las nuestras.

La oposición –tanto la constructiva como la destructiva- plantea que la ley de reforma política es para afianzar el bipartidismo. Pero, teniendo en cuenta la amistad con Héctor Magnetto, ¿no puede suceder que ocurra un fenómeno similar al De Narváez y Duhalde o Reutemann le ganen al candidato oficialista en una eventual interna?
La interna del PJ es de ellos, entonces no voy a especular con quiénes pueden ser los ganadores, porque tampoco sé quiénes van a ser los candidatos. Lo que sí, te puedo decir que no es una reforma política integral, que tiene que ver con todas las cosas que nuestra democracia necesita. Reforma política es, también, discutir políticas innovadoras en materia de lucha contra la corrupción, de transparencia en la gestión pública, de rendición de cuentas, de libre acceso a la información, entre otras. Por ejemplo, revocatoria de mandato, consulta popular, hay varios elementos que son los que necesita una reforma política que quiere mejorar la calidad institucional. Y en ese sentido tenemos una preocupación por mejorar el sistema de partidos porque creemos en la democracia de partidos. Esta nueva ley de reforma política tiene un aspecto muy negativo que es la cristalización del viejo bipartidismo, encerrar el debate público y político en el universo de la UCR y el PJ. Con lo que eso significa, teniendo en cuenta el nivel de degradación política que han tenido estas dos estructuras en los últimos años, que hoy ya no es el PJ el peronismo y la UCR el radicalismo. Esta ley dificulta y lesiona la posibilidad de que emerjan fuerzas políticas nuevas que heredan lo mejor de la historia, dialogan con ella, que quieren construir un nuevo relato y una nueva visión de futuro. Ahora, si bien ya estábamos en contra de la ley, tenés los requisitos sin el tiempo para cumplirlo. Creo que queda completamente claro, y tanto la ley como el veto lo consolidan, que es una reforma que evidencia todo lo que hablamos anteriormente.

¿Está de acuerdo con lo que planteó Atilio Borón en el Centro de la Cooperación, que se viene o la radicalización del rumbo del Gobierno o una “imparable restauración conservadora”? ¿Esa radicalización, ese condicionamiento desde el progresismo, sería Nuevo Encuentro?
Nosotros no nos creemos los únicos ni autosuficientes, sólo una parte de lo que tenemos que juntar, y como parte queremos colaborar en la construcción de ese espacio más amplio. Somos una pata de esa mesa que hay que construir, que podrá tener muchas patas y es importante que todas se consoliden. Lo que sí creemos es que la centroizquierda tendría que poder construir un tercer lugar, con absoluta autonomía de las estructuras tradicionales para poder cumplir su rol. Con mucha claridad tiene que saber que tiene que enfrentar a esa derecha que está en las antípodas de su pensamiento y tiene que defender un piso, pero condicionar el rumbo del Gobierno para profundizar las cosas que hay que profundizar.

Sabbatella explica que está muy arraigada “una preocupación por diferenciarse del kirchnerismo” y que “aparecen comentarios como ‘es suicida quedar pegado al oficialismo’” Para el ex intendente de Morón “es suicida, por temor al suicidio, quedar pegado a la derecha”. El diputado reitera varias veces, como quien quiere dejar en claro algo, que su fuerza es “autónoma e independiente”. También señala que tiene varias coincidencias con el proyecto del Gobierno, no así con el espacio conformado por “la derecha restauradora de las políticas de los 90”.

 En una entrevista, Agustín Rossi hizo el mismo análisis en muchos aspectos que usted en el seminario en el Colegio Nacional de Buenos Aires y surgió saber por qué no se juntan viendo lo que hay del otro lado. Me respondió: “Preguntale a ellos”. ¿Usted qué me dice?
(Ríe con ganas) El kirchnerismo ha inaugurado una cantidad de debates, de cosas interesantes, y también tiene una lista de cosas que son contradictorias y negativas. Conviven antídoto y veneno en el mismo lugar. Podés hacer el listado de las cosas buenas y malas, pero lo que se visualiza es que no emerge una fuerza política fruto de ese proceso. Entonces me parece que eso es lo más grave en términos de construcción estratégica a largo plazo. Porque las contradicciones de un proceso vos las podés aceptar como parte de ese proceso político, como parte de las correlaciones de fuerza, como parte de la lógica. De hecho los procesos que uno puede reivindicar o sostener en términos regionales también son contradictorios, complejos, pero hay una interpelación a la sociedad para construir una fuerza política emergente capaz de profundizar los cambios. Eso no lo vemos en el kichnerismo. Vos te podés hacer una pregunta: ¿Podría haber construido Kirchner el piso sin la estructura tradicional del PJ? Es muy posible que no. Ahora, lo que es cierto es que eso que los llevó a construir el piso, al no haber fabricado en el camino una fuerza política distinta, hoy no solamente le pone un techo, sino que empieza a lesionar ese propio piso. Vos tenés hoy un proceso contradictorio, complejo, pero con una parte interesante que hace que, con idas y vueltas, vaya por la avenida que nosotros consideramos correctas y una fuerza política opuesta a esto. No hay relación entre el debate generado, ni en la parte positiva, y la lógica de construcción política. Porque es un Gobierno que está sobre la base de estructuras que están por conveniencia y después no están más. Y puede ser un riesgo muy grande. Los que construyen hoy con el Gobierno pueden ser parte de las nuevas mayorías que se constituyan en su contra.  Entonces, ahí tenés una dificultad.

Sabbatella insiste con la autonomía de su espacio, cree que “no es un momento de blanco y negro” y que hay que estar “con la cabeza abierta para no perder de vista la posición de la centroizquierda”.

¿Cree que en estos próximos dos años se van a producir todas las profecías del sector conservador? Modificación de ley de medios, por ejemplo.
Espero que no. Vamos a trabajar para que las cosas positivas no se modifiquen. Sí vamos a plantear cambios sobre los aspectos negativos. A mí me gustaría discutir gravar la renta financiera, una reforma tributaria progresiva, un blindaje social profundo, una ley de libre acceso a la información pública. Es terrible que sectores de derecha que, cuando fueron gobierno o estuvieron en algunos lugares, no han demostrado un fuerte compromiso con políticas de transparencia, de rendición de cuentas, de calidad institucional, se queden con esas banderas cuando no lo son. Nosotros tenemos un rasgo de identidad constitutivo que son diez años de gobierno en Morón con una marca muy clara de lucha contra la corrupción, de transparencia en la gestión pública, rendición de cuentas, discrecionalidad cero. Todo eso nos va a encontrar a nosotros proponiéndolo desde una mirada progresista y popular, como una herramienta necesaria para mejorar la calidad política, institucional y democrática. Nos va a encontrar en estas políticas y en las de profundización de la distribución y en la discusión por los recursos naturales. Si se pudiera anular el veto a la ley de los glaciares estaría totalmente de acuerdo. Ahora, a las cosas positivas, vinculadas a la jubilación estatal, a la ley de medios, creemos que hay que defenderlas porque son las que se han hecho bien.

¿Le parece que este Congreso va a ser más belicoso?
Este Congreso va a tener debate y está bien. Hay una lógica que se ha instalado en el país de que los debates son negativos y no entiendo por qué. Las discusiones y las tensiones son positivas y está bien que así sea. En el Congreso nadie tiene mayoría, ojalá haya mucho debate que obligue a la negociación, en el buen sentido de la palabra, como ejercicio democrático. Insisto que la centroizquierda tiene un rol importante, porque justamente nadie tiene mayoría por si solos. Entonces, si toma la palabra puede claramente marcar un rumbo. Además, puede mostrarle a la sociedad qué pasa cuando ésta tiene influencia, capacidad de intervención, de decidir.

Su próximo paso: ¿ganarle a Macri en Capital y hacer una gran gestión acá para luego disputar la presidencia o candidato nacional en 2011 como referente del progresismo?
(Sonríe) No estamos manejando esas opciones todavía. No estamos discutiendo candidaturas. Lo que sí está claro es que queremos colaborar en la construcción de una fuerza política, tanto en la Ciudad, como en la provincia y el resto del país. No nos creemos autosuficientes, queremos hacerlo con otros y con otras, queremos construir un espacio con este perfil que estamos debatiendo. Y después, en términos personales voy a hacer lo que haga falta y voy a estar en el lugar que sea mejor para colaborar en un proyecto colectivo, porque entendemos la política de esta manera. La respuesta es “no sé”, otro día te invitamos a discutirlo.

Luego de la previsible y entendible evasiva, Sabbatella descarga una risa transparente, como sus diez años de gestión en Morón, en los que derribó el enquistado concepto de los barones del conurbano. “Autónoma y autosuficiente”. Cuestión de esperar.


“El partido oficialista se está licuando”

Margarita StolbizerLa líder del GEN sostiene que el kirchnerismo está perdiendo apoyo y critica duramente el proyecto del Gobernador Daniel Scioli. Además, analiza el escenario político luego del recambio parlamentario y cuenta cuáles serán los espacios con los que su fuerza intentará tejer alianzas. 

La diputada electa por Generación para un Encuentro Nacional (GEN) Margarita Stolbizer dialogó con Políticargentina y arremetió contra el proyecto de seguridad del Gobernador Daniel Scioli. Además, analizó los próximos dos años a raíz del recambio parlamentario.

¿Qué postura va a tomar su fuerza en relación a las medidas del Ejecutivo?
Hoy formamos parte de lo que es el espacio político opositor conformado por el Acuerdo Cívico y Social (ACyS) que nosotros integramos en la última elección y también articulamos con los demás bloques de la centroizquierda, con la intención de aportar racionalidad a la agenda de temas de la sociedad. Vamos a apoyar las cosas que estén bien y no apoyaremos las que no lo estén, pero nos sentimos parte de ese espacio político opositor. Creo que lo que viene es, ya que el partido oficialista se va licuando, una obligación que tenemos como oposición, que no es solamente la de oponernos sino construir una alternativa que pueda gobernar después del actual oficialismo.

¿Cree que durante los próximos dos años el Congreso va a tomar más protagonismo?
Creo que sí, aunque tampoco hay que crearse la fantasía de que mágicamente se van a resolver los conflictos. Al contrario, creo que va a ser un tiempo complejo con intenciones y dificultades, pero lógicamente que la oposición no va a resignar el espacio de representación que tiene el congreso, donde nosotros pasamos hoy a tener más numero que el oficialismo, y eso nos va a llevar a impulsar una cantidad de cuestiones y de temas de la agenda que el gobierno venia postergando.

Se refiere a “nosotros” como el arco opositor
Exacto

Cuando es consultada sobre los bloques progresistas con los que pretende tejer alianzas, Stolbizer aclara de inmediato que va a ser “con los que se sienten dentro de la oposición. Concretamente el socialismo, Proyecto Sur, Libres del Sur, con el diputado Bonasso”. La ex mano derecha de la camaleónica Elisa Carrió no duda en explicar que  “esos son los bloques con los que” su espacio tiene “una identificación,  sin perder la identidad de centroizquierda, con posiciones distintas al gobierno”.


¿Y qué papel cree que va a jugar Cleto Cobos en relación a los espacios del radicalismo?
No lo sé, el radicalismo y Cobos tendrán que resolver esas cuestiones.

Gerardo Morales ha tenido actuaciones desafortunadas, entre ellas que se expresó en contra del proyecto de ley de Servicios Audiovisuales aun antes de leerlo ¿Cree que es positivo que asuma Ernesto Sanz en lugar de Morales?
La verdad es que no me meto en las cuestiones internas del radicalismo. Sanz me parece un dirigente excelente y por lo tanto creo que va a enriquecer muchísimo hoy la conducción del radicalismo. Pero no lo quiero plantear en desmedro de los que se van.
Usted se expresó en contra del proyecto de seguridad de Scioli.

¿Su espacio tiene algún proyecto en esa materia para cuando asuma?
Nosotros hemos presentado varias veces un plan integral en materia de seguridad ciudadana para la provincia de Buenos Aires, porque la competencia prioritaria es de la provincia. Sin perjuicio de eso nosotros vamos a presentar una agenda de temas que incluyen las cuestiones nacionales también, porque lo que nosotros vemos con preocupación es que teniendo hoy por delante el problema más grave para la sociedad, que es la inseguridad, ni el Congreso ni el Gobierno pueden desentenderse de ese tema. Entonces nosotros traemos una batería de propuestas para discutir en el Parlamento.

¿Quiere mencionar alguna?
Fundamentalmente para nosotros discutir los recursos necesarios para la radalización de nuestro territorio. Creemos que el tema de las drogas tiene un impacto muy grande dentro de lo que es la cuestión, no solamente del delito, sino sobre todo de la violencia que existe. En este sentido tenemos que ejercer un mayor control sobre las organizaciones criminales. Nuestra posición es crítica frente al proyecto de Scioli y a todo lo que no rinda resultados, porque no va a mejorar absolutamente nada, coarta o viola las libertades individuales y persigue –como en el proyecto de Scioli- merodeo, mendicidad, lo que significa que un mendigo con mala cara puede ser detenido por la policía. Y seguimos teniendo impunidad en las grandes organizaciones criminales donde se encuentra el delito complejo. Nosotros vamos a promover la discusión de una nueva política en materia de inteligencia criminal, que va a consistir en transformar la información, a través de un proceso, en aquello que sirve para detectar las organizaciones criminales y desbaratarlas antes de que cometan los delitos. Y la otra cuestión es que nosotros queremos actuar seriamente en lo que tiene que ver con el lavado de dinero, porque a la seguridad también tenemos que abordarla desde resultado económico que tiene el delito. Y mientras sigan existiendo lugares donde se esconde el dinero proveniente de los delitos –sea narcotráfico, corrupción- el delito continúa. Y hay que atacar esos frentes, no al mendigo que anda por la calle como un riesgo para la sociedad sino que hay que atacar las grandes organizaciones criminales.

Stolbizer pide “ir cerrando” porque tiene que ingresar al anexo dos del Congreso, en el marco de la presentación de los legisladores del GEN. Sólo queda tiempo para un análisis por el presente ambivalente y apocalíptico de su ex jefa.

Carrió denunció el Megacanje y, años después, suma a Prat Gay que era jefe de Monedas en el JP Morgan –uno de los principales beneficiarios del Megacanje. ¿No le hace un poco de ruido?
La diputada electa sonríe y, antes de retirarse, responde: “A mí no, pero preguntale a Carrió”.


Carlos RaimundiLas elecciones legislativas nacionales del 28 de junio pasado significan muchas cosas. Para unos, un alivio, porque ahora los -amados y odiados- kirchneristas no gozarán de cómodos números para aprobar “sus” leyes con apuro y por la fuerza. Para otros, un espectáculo que está por comenzar ya que bajo su interpretación, el Congreso será una guerra constante entre Néstor Kirchner, Elisa Carrió, Fernando Solanas y Martín Sabbatella, por nombrar los más mediáticamente carismáticos. Para otros, es un final, o una invitación a tomar el lugar de espectador. Uno de los tantos que terminan su ciclo de 4 años en el Congreso Nacional es el -ahora- ex diputado y miembro del bloque Solidaridad e Igualdad, SI, Carlos Raimundi.

Raimundi fue uno de los tantos que, al apoyar fuertemente la ya sancionada Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (o Ley de Medios), propuso una nueva generación de opositores, los que no se enconan en el rechazo por rechazar. Con riesgo a ser tildado de oficialista, el ex miembro de las comisiones de Presupuesto y Hacienda, Economía, Industria, Relaciones Exteriores y Culto y Mercosur y Defensa, defendió con sólidos argumentos la ley que reemplazó  a la proveniente de los oscuros años setenta. Según él, el punto más importante del texto es el que, “en el artículo primero, se considera al espacio radioeléctrico un bien público, esto es quién es el propietario, quién es el dueño del espectro radioeléctrico apto para la comunicación audiovisual, y ese propietario es la ciudadanía, es el ciudadano. Y la empresa es un mero vector para ejecutar ese derecho ciudadano”.

¿Cuál es su balance de estos últimos cuatro años en el Parlamento?
No cabe en un balance personal descontextualizado la falta de legitimidad política del parlamento porque a pesar de la crisis de representación del año 2001 donde parecía que se podía reformular, reestructurar o rediseñar el sistema político de la Argentina así como se podría haber rediseñado el sistema financiero nacional porque fueron dos aspectos que llegaron a su punto de colapso y sin embargo el poder fue lo suficientemente hábil e inteligente como para aplacar la rebelión popular y reconducir ambos sistemas (el financiero y el político) bajo las pautas del estatus quo. No hubo cambios estructurales. Esto quiere decir que hay una corporación política que está muy cuestionada pero que está viva.

¿A qué se refiere con corporaciones políticas?
Yo denomino corporación política a los acuerdos entre distintas fuerzas que aún con discursos contrapuestos comparten practicas sustanciales y acuerdos sustanciales, pero no acuerdos de políticas de estado, sino que los arreglos a este nivel de la corporación política son: tres jueces para vos uno para mi, te saco dos o tres legisladores para que tengas quórum o sancionar la ley mas holgadamente pero a cambio te pido cinco contratos. Es una especie de pacto de olivos cotidiano donde los políticos terminan generando una agenda que los beneficia y divorciándola de la agenda de prioridades de la sociedad, que entre otras cosas es la manera en que la ciudadanía debe haber leído la sesión preparatoria de estos días, es decir, horas conciliando donde se deciden las presidencias de la comisión de trabajo pero la gente no tiene trabajo. O en la de salud pero la gente no tiene salud. Es decir hay una agenda de la política y una agenda de la sociedad, y el parlamento es parte de eso y ha sido parte de eso en todo este último tramo que viene desde el  ‘83 hasta acá, salvo los primeros años del gobierno de Alfonsín.  Uno trata de dar una batalla en un contexto completamente adverso en ese sentido. Asi que para mí el balance es sobre el parlamento, no sobre mi gestión. La división de poderes es un legado importante de la modernidad y no se ha diseñado un sistema de reemplazo de la democracia parlamentaria o que garantice ser mejor en términos de mediación política entre el estado y la sociedad.

¿Cree que en el aspecto de mediación el parlamento ha funcionado correctamente?
La mediación parlamentaria ha sido tan deficiente, tan corrupta en algunos momentos y tan disociada de los intereses populares que legitima la modalidad plebiscitaria de la democracia. El control parlamentario también, cuando dicen que tales fondos tienen que ser controlados por el parlamento, a mí  me toco formar parte de uno donde un diputado era miembro de la comisión de Seguimiento de las Privatizaciones, y no hizo ningún cuestionamiento a ellas, lo cual ya de por si los problemas que sospecha. Porque muchas veces la presencia de la oposición, si no hay una actitud y una conducta, termina agregando peajes a los controles.

¿Qué destaca de la labor del Parlamento en materia de sanción de leyes?
Se puede decir que se sancionaron leyes insuficientes pero nunca que retrocedieron, que dieran más flexibilidad, fueron leyes que una por una fueron devolviéndole derechos de la ley de contratos de trabajo que habían sido conculcados. Después hubo algunas leyes sancionadas por consenso, como es poner al país dentro del concierto internacional en materia de discriminación, trata de personas y lavado de dinero, que a mí me parece que no hay margen para salirse de ese esquema internacional y se sancionaron tres o cuatro leyes que me parece que marcan una tendencia  que incomoda fuertemente al poder y que yo comparto. La ley de medios tal vez es la más emblemática, la ley de recuperación de los fondos jubilatorios para el estado, la ley de re estatización de Aerolíneas. Después algunas que no acompañe como la del blanqueo de capitales o la reforma política.

¿Por qué no acompañó la ley de reforma política?
No la acompañé a pesar de que tenía algunos puntos correctos como los de mayor control a la publicidad o financiamiento de la política, porque su corazón tenía que ver con la interna abierta. Me parece que en el contexto de la Argentina favorece a los candidatos mediáticos y no programáticos y no reordenan el sistema de partidos y no reordenan el sistema de partidos hacia un sistema más doctrinario, programático, coherente y previsible, sino que abre la caja de pandora atando a los partidos y favoreciendo más a las figuras que a los programas y a las doctrinas. Lo que sí, creo haber dado una batalla por una nueva cultura de oposición, no destructiva, y una cultura de las convicciones, es decir, que uno no vote a favor del gobierno porque está alineado o comprado, y no vote a favor de la oposición porque está comprado por la Mesa de Enlace, sino que vote algunas a favor y otras en contra, exclusivamente respetuoso de las convicciones, que es algo poco frecuente en el congreso.

Usted apoyó las medidas que creía positivas y criticó las negativas, con respecto al de reforma política, ¿qué reformas le haría?
La ley de Aerolíneas o la de medios, tiene partes que fueron redactadas de puño y letra por mí porque eran leyes que yo compartía en su sustancia y creía que podían ser mejoradas. La de reforma política, por más mejoras que le hubieran incluido, yo no comparto su sustancia, por eso no la acompañe. Hubo vocación de incorporarle mejoras, pero ninguna atacaba el corazón de la ley. Yo hubiera preferido una que sincerara los padrones de afiliados, para no utilizar criterios de representatividad que responden a categorías del pasado y hubiera preferido una ley que oficializara un solo centro de formación política por partido para que cada uno tuviera su centro y la gente supiera qué significa ese partido, porque hoy si hay una interna del Partido Justicialista, da tanto para un modelo neoliberal como el de los ‘90 como para uno con un discurso anti liberal. Entonces la sociedad no sabe para dónde va ese partido. Y la UCR en un año expulsa a Cobos y en dos años lo propone como presidente, entonces eso genera imprevisibilidad en la sociedad y como no había ninguna medida que fuera estrechando ese margen de oscilación tan amplio, no hubiera apoyado esa ley por más mejoras que se le hicieran. Hay una cosa que no quiero dejar de decir de este balance: yo también he tratado de dar una batalla cultural para salir de los fundamentalismos porque hay una gran contradicción. La líder de la Coalición Cívica entra en la contradicción severa de defender la república desde posiciones fundamentalistas. La ley de facultades delegadas fue eso. Si uno se hubiera dejado llevar por ese discurso, lo convertía en un debate entre Montesquieu y los infames traidores a la patria, y no era así, era un debate sobe qué herramientas tiene que tener el Ejecutivo para poder gobernar y fundamentalmente si se mantenía o no el nivel de retenciones a la soja, eso era lo que se estaba planteado ahí. Entonces no disfrazar con ribetes de calidad institucional lo que en realidad es un debate práctico de hasta donde un Ejecutivo merece más o menos herramientas, que es discutible pero no entre fundamentalismos.

¿Cree que estos fundamentalismos los marcó la oposición, los medios, o en conjunto?
Los medios son partidos políticos. Los medios son los partidos de oposición que tienen portavoces que hacen playback en algunos casos. Cuando digo los medios lo digo como parte de una estructura de poder, donde hay sectores económicos, financieros, industriales, eclesiásticos, diplomáticos, extranjeros. Los poderes permanentes, que hablan y el político abre la boca.

¿La asignación universal le parece una medida positiva?
Si, es una medida positiva que me parece que podría haber sido mucho mejor tomada.

¿Cree que debe salir de las ganancias de la Ansés?
Yo apoyo el corazón de la medida y discrepo con la fuente de financiamiento. Porque para mí la fuente tiene que ser la derogación de algunas extensiones muy significativas y emblemáticas del impuesto a las ganancias. Porque el hijo de una familia pudiente le permite a su padre deducir hasta 5000 pesos por año por hijo del impuesto a las ganancias.  El hijo de una familia desocupada, paga por un cuaderno o por un pantaloncito el 21 por ciento del IVA, igual que el otro. Por lo tanto el hijo de una familia desocupada está financiando con su IVA, le está cortando al fisco para que después el fisco le deduzca ganancias al hijo de una familia pudiente. Ese desequilibrio habría que romperlo. Muy bien, no se lo hizo de esa manera, entonces yo discrepo con la forma de financiarlo. Quien recorrió alguna vez el Conurbano sabe perfectamente lo que le pasa a una mamá que tiene tres hijos y que a fin de mes va a recoger 500 y pico de pesos y que eso va todo volcado a consumo, por lo tanto también reactiva el aparato económico. Eso es algo que nunca hizo, por ejemplo, De Narváez, que no tiene una idea ni un proyecto, lo único que tiene es dinero. La única razón por la cual él pudo ganar una elección es porque es millonario. Ahora hay que fijarse cómo los medios juegan como partido de oposición también. Porque hay gente de clase media que se deja llevar porque hay desprolijidad en las largas colas en la puerta de la ANSeS sin ir al corazón de la medida. Entonces tapan la sustancia con la forma y yo coincido en que podría haberse implementado de mejor forma. Pero lo que no puedo hacer es tapar la sustancia.

¿No cree que otro método podría ser gravar de la renta financiera?
Tres extensiones del impuesto a las ganancias son fundamentales. La renta financiera, la renta minera y la transferencia de títulos y acciones. Gravar las ganancias de capital por la transferencia de activos.

¿A usted le quedó algún proyecto pendiente que haya querido presentar?
Si, siempre quedan cosas pendientes, hasta en la vida. Quedaron muchos en el camino.

¿El más significativo?
Hice muchos para mejorar el funcionamiento de la Cancillería, que es un área en el que yo me especializo. Respecto a gravar la renta minera, tengo un proyecto para trabajar junto con legisladores chilenos para denunciar el tratado bilateral con Chile que es el que le da el marco a la política de explotación minera. Tengo uno para regular con mucha fuerza en el punto de vista social, la responsabilidad empresaria vinculada con una serie de prioridades que fija Naciones Unidas. Y tengo un proyecto de responsabilidad parental compartida, esto es, así como la familia moderna, los roles estereotipados, masculino proveedor y femenino circunscripto a ámbito privado han cambiado, tiene que mutar esa idea de que cuando una pareja se separa tiene que haber una prioridad absoluta con la madre, sino que tiene que haber responsabilidad compartida. Y como esto  seguramente hay muchos que me debo estar olvidando pero me hubiera gustado que se sancionaran. Uno de reforma administrativa del congreso, para que haya menos comisiones y menos cargos simulados o figurativos que no nombran a personas especializadas en los temas sino que nombran punteros políticos que le garanticen al diputado su interna local. Yo prefiero un staff más jerarquizado con salarios mucho más altos y gente mucho más formada que puedan discutir con los gerentes de las grandes empresas.

El nuevo congreso va a tener a Carrió, a Kirchner, a Sabbatella, a Pino. ¿Cree que va a ser más belicoso?
No lo sé. La oposición depredadora se lo imagina así, se imagina “ahora van a ver”. Pero no va a ser fácil, porque si bien es cierto que hubo una mayoría que votó algo distinto al oficialismo el 28 de junio, no votó un proyecto homogéneo, entonces yo no creo en la persistencia de las mayorías que son creadas por intereses y no por proyectos o ideales. Estas son mayorías artificiales que están creadas por conveniencia y no por afinidad. Por eso me resultó muy penoso el papel de algunos compañeros del espacio de centroizquierda, como cuando yo veía por televisión la sesión preparatoria en la que Patricia Bullrich delineaba la estrategia de algunos compañeros del campo progresista me sentí muy frustrado, muy enojado y muy dispuesto a dar un debate a fondo para que rectifiquen esa posición.

¿Qué cree de los legisladores que fueron etiquetados de kirchneristas por apoyar algunas medidas propuestas por el oficialismo como la ley de medios?
Dos cosas. Cuando hay una persona que intenta liderar un proyecto queda expuesta a que juzguemos sus actos. Yo ahí veo dos problemas. Cuando yo lo escuchaba hablar de “nosotros, la oposición”, yo no me puedo imaginar en un campo simbólico, nosotros con De Narváez, con Patricia Bullrich, con Elisa Carrió, con Oscar Aguad. No me puedo imaginar un Nosotros en esas condiciones. La segunda preocupación que tengo es que como claramente el multimedios Clarín lo ha escogido a Pino Solanas como centro del espacio de centroizquierda, temo que eso genere compromisos que diluyan sus proyectos, digamos, como en su momento pasó con Carrió.
Seguramente Solanas va a presidir la comisión de energía. Para que eso pase necesita votos de estos sectores de la oposición, y para que esos votos estén, este sector también le tiene que dar sus votos a esa oposición para que ocupe sectores relevantes en otras comisiones. Si esa oposición hubiera manejado esas comisiones, hoy no tendríamos ley de medios, Aerolíneas seguiría siendo una empresa privada y Consolidar, Siembra y los gerentes de las multinacionales seguirían cobrando sueldos y comisiones altísimas por la manipulación financiera de los fondos jubilatorios. Por lo tanto, esto lo resumo en una nota que salió el día 3-12 en Página 12, cuyo título dice “Si se gana con la derecha, gana la derecha”.

Con la ley de traspaso de fondos a la ANSeS se amenazó con una ola de juicios y no sucedió ninguno, ¿cree que van a intentar modificar la Ley de Medios?
Siempre que hay una ley conflictiva lo primero que se cuestiona o amenaza, es a la ola juicios. Eso es ya un cliché de la política argentina. Les va a ser difícil, porque no se van a poner tan de acuerdo. En última instancia no son juicios que tengan que ver con el derecho de propiedad, porque la propiedad del espacio audiovisual es de la ciudadanía. Pueden ser juicios que puedan aducir o esgrimir derechos de concesión. Y la envergadura de esos juicios de concesión es mucho más liviana que si se adujeran derechos adquiridos en términos de propiedad. Además porque los juicios de algunos licenciatarios se le podrían oponer incumplimientos legales a ellos mismos, asi que hasta ahora no hemos tenido eso.

¿Qué pretende de su futuro en la política?
Seguir construyendo espacio progresista desde una perspectiva amplia que derrumbe las fronteras entre progresismo emergente, peronista y no peronista, que genere un universo de ideas actualizado, no dogmático, no nostálgico, que interpele los sectores medios, que es el otro gran dilema, digamos, acá hay un progresismo extremadamente light que terminó tolerando a Cavallo, y hay un progresismo radicalizado para el cual, para determinar la salida de la Argentina, hay que abrevar en la historia vietnamita. Y a mí me parece que ninguno de esos dos extremos es positivo, hay que tener matices y tiene que ser un progresismo que sea capaz de pararse en los valores ideológicos del activo militante para desde ahí interpelar a los sectores medios desde el sentido común. Aunque si uno pone puro sentido común, rifa lo ideológico y si uno se para exclusivamente en lo ideológico, se queda solo. Entonces me parece que el gran desafío es reconectar, es decir, cómo construir desde los valores ideológicos, sentido común en la comunidad. Eso es lo que hizo Macri desde la derecha, hasta que saltó el verdadero Macri, que no es el del bache, sino que es el de la persecución a los pobres.

Testimonios


Vocero de Prensa
Claudio PoloseckiTodos los políticos deben tener un responsable que se encargue de hacer conocidos su actos y a ellos mismos. De esta tarea dependieron muchas victorias y derrotas electorales. Claudio Polosecki es periodista y  jefe de Prensa del titular de la bancada Frente para la Victoria, Agustín Rossi, en el Congreso Nacional. En esta entrevista cuenta cómo es el trabajo de un responsable de prensa y analiza la actualidad del escenario mediático, periodístico y político.

¿Hace cuánto empezaste a trabajar como Jefe de prensa?
Es la primera vez que lo hago. Empecé a trabajar como periodista a los 14 años en una corresponsalía del diario Clarín en Punta del Este en donde escribía pequeñas notas que salían en una página de interés general. Con el tiempo me dediqué más a la producción comercial, cinematográfica y televisiva con mi hermano, Fabián “Polo” Polosecki.  Los últimos 15 años me dediqué mucho a la producción de campañas electorales y trabajé con casi todos los partidos políticos, hasta que conocí a Agustín Rossi que me contrató para llevar adelante su campaña en Santa Fe. Una vez electo me preguntó si lo podía ayudar, y dentro del bloque el lugar natural para mi era la prensa.

¿Este trabajo tiene que ver más con las relaciones públicas que con el periodismo?
Claro.

¿Es necesario ser periodista o comunicador para ser jefe de prensa?
Mi profesión sigue siendo la de periodista. Para mi fue una ventaja porque en mi caso muchos de los periodistas que hacen política hoy me conocen de antes porque fui jefe de ellos, o trabajan en medios donde yo también estuve. Compartimos códigos y situaciones que facilitan mi tarea. Es bueno que quien elija la profesión sepa escribir bien y leer. Hay gente no sabe escribir, y sin embargo le va bien.

¿Cómo es un día en el trabajo?
Mi caso es muy particular porque Rossi es una persona que se autoabastece mucho, no le gustan las síntesis de prensa, no le gusta que le escriban los discursos ni que le digan lo que tiene que decir.  Tengo una relación muy buena con él, con lo cual mi trabajo consiste en estar informado lo más que puedo, comentarle, preguntarle en qué anda, vemos qué es lo que quiere que se sepa y qué no. Lo que hago todos los días es evacuar consultas de los periodistas. Como soy el vocero de prensa del bloque, cuando los periodistas quieren saber todo lo que sucede o cuál es la posición respecto a un tema, se comunican conmigo durante todo el día, sábados, domingos, feriados y de noche.  Es un trabajo de 24 por 24 horas.
Hacemos pocas gacetillas de prensa, porque personalmente no creo ellas. Pienso que a un tipo con el volumen político de Rossi  la realidad le hace su propia gacetilla. Genera hechos y opiniones, es un hombre al que lo consultan todo el tiempo. Además tiene relación directa con los periodistas.  Para las cosas menores soy el intermediario, pero la figura es el político y no el asesor. 

Te ayuda tener un personaje mediático y que además se autoabastece…
Y que además  tengo una relación personal con él. Hay cosas que no le consulto porque ya se cómo piensa. Hay veces en que le doy mi opinión sobre distintos temas. Es un trabajo que resulta de haber elaborado un código después de mucho tiempo. Es  importante la relación con el político. No siempre ha sido así, hay veces en que no conseguís esa sintonía y se hace difícil.

¿Armás estrategias de prensa? ¿Cómo son?
Depende del caso, hay cosas en las que hay que ser muy preciso y no ir más allá de determinado contenido, entonces hacés una gacetilla y lo pasás por escrito.  Otras veces hablás con los periodistas y hacés trascender cierta información, o hacemos reuniones de off the record. Las más comunes son las de amigos entre periodistas y el diputado donde se dicen de todo y después terminan riendo.  No lo hacemos con todos, no es un grupo de más de diez o quince periodistas.

¿Qué pensás de la estrategia  de no opinar?
Es una estrategia equivocada. Cuando te peleas con tu mujer lo primero que hacés es no hablarle, pero estás diciendo algo con eso. Cuando un político sobre un tema específico no se pronuncia o desaparece está dando un mensaje a la opinión pública. La historia argentina actual ha demostrado que la estrategia de no hablar con la prensa ha resultado desastrosa.
No se pude comunicar lo que no se hace, pero lo que no se comunica no existe. La comunicación es un paso más de la política, no está separado de eso, entonces cuando ante un tema uno prefiere no opinar tiene que decirlo. Se transmite la decisión política. No hay nada en la política que no sea comunicación, ni siquiera juntar plata.

Cada vez hay menos jóvenes interesados en el periodismo parlamentario ¿Por qué cuesta el recambio?
Yo creo que hay un fenómeno general en el periodismo que afecta a todos, y es que cada vez más, por la evolución que han tenido los medios, el periodismo tiene que aceptar las reglas de la industria del entretenimiento. Por lo tanto el poder tiene que adaptarse a las reglas de juego para ganar espacio.  Esto dificulta el tratamiento de otros temas  y todo se pone en términos de blanco/negro, lindo/feo, vende o no, tiene morbo o no. Tiene origen en la audivisualización del periodismo. Los periodistas nuevos están más entrenados para buscar el impacto que para profundizar en un tema y estudiarlo. De hecho los editores piden eso.

¿Cómo influye lo que produce Marcelo Tinelli?
Es un tipo que entiende perfectamente cómo son las cosas. Es un productor de contenidos televisivos que arrastra multitudes. Lo ridículo es pretender que Tinelli sea formador de opinión pública. Es un productor de espectáculos que patina cuando se pone en otro lugar.

¿Qué pensás de que algunos políticos se presten a ese tipo de juegos?
Desgraciadamente hoy lo que no ocurre en el escenario mediático no ocurre en ningún lado. Esa es una manera tal vez equivocada de meterse en los medios. Pero ha dado resultado. Yo creo que el gran desafío es cómo uno logra hacerlo seriamente. Frivolizar la actividad política es un error porque eso en vez de favorecer al político beneficia  al mundo frívolo.  En la manera en que uno trabaje favor del interés que representa va a crecer la figura.

Mientras tanto


Soy el pensador que piensa
El pensador de CongresoDesde 1881 vivo pensando. Primero en París. Luego me multipliqué alrededor del mundo. Un día de los primeros años del siglo XX, me senté en la plaza frente al Congreso de la Nación Argentina y desde ahí no me moví nunca más. Vi de todo. Marchas, contramarchas, tiros, aplausos, llantos, bronca. Vi palomas, banderas, bombos, colchones, aerosoles pintando mi cuerpo. Vivir acá nunca fue sencillo. Pero nunca me importó mucho. Siempre supe que las tareas fascinantes tienen su costado de riesgo. Por eso pienso. No como. No duermo. Pienso. Y mientras lo hago escucho debates. Escucho gritos. Acusaciones. Veo encrucijadas. Tramadas. Alianzas adineradas. Alianzas apasionadas. Escucho propuestas. Debates sin debate. Ideologías caprichosas. Votaciones interesadas. Y en el medio aparece la justicia. La ley. Pienso. Sigo pensando. Leyes para la gente. Para la mayoría. Y al lado mío hay gente durmiendo con hambre. Y pienso. Sigo pensando. Cuándo debatirán por ellos. Cuándo gritarán para ellos. Cuándo saldrá una ley que se convierta en comida. Pienso. Nací para eso. Para pensar. Algunos me llaman “El pensador”. Y hay veces que los apodos no necesitan más poesía. Soy eso. Nací para eso. Y pienso si adentro piensan. Y pienso si adentro se sientan a pensar. Los gritos aturden el alma. Los gritos ensordecen. Quién escucha a quién. Quién se interesa en quién. Y los proyectos para la ciudadanía. O los proyectos para la estrategia futura. El hoy como hoy en base al mañana. Pienso todo esto en voz alta. No tengo otra cosa que hacer. Tampoco me animo a moverme. Menos a entrar. Quizá mi vida sea esta. Quizá mi vida sea pensar.

Un día me contaron que mi creador Rodin me pensó en base a uno de los personajes de la Divina Comedia. Yo buscaba representar a Dante frente a las puertas del infierno. El pensador piensa. El infierno. El destino. Las puertas del fuego eterno. Me quemo. Y pienso. Si entrar. O no. O quedarme pensando por el resto de mi vida. El infierno arde y mi cerebro piensa. Y acá sigo pensando. En la puerta. Pienso en la puerta del infierno. O del cielo. O del infierno. Quién sabe. El fuego quema. Pero protege. El fuego arde. Pero ilumina. El fuego destruye. Pero une. Y acá sigo pensando. En la puerta del infierno. O del cielo. O del fuego que me derrite. Pero me abriga. Y pienso si adentro piensan. Y pienso si es el infierno o el fogón que pocos hacen para el frío de muchos.