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| Nueva ley de Educación Nacional |
Un cambio de paradigmaLa educación, cada vez más lejos del modelo neoliberal“Si agarrás a un pibe de cinco años, que esté bien alimentado y dialogás con él, te emocionan las cosas que puede llegar a decir y preguntar. Ese mismo chico pasa 20 años por el sistema educativo y no le escuchás ninguna pregunta. ¿Qué hace que alguien pase del mundo de la niñez al mundo adulto y se convierta en un mediocre obediente?”, se pregunta Pablo Imen, pedagogo, investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coordinador del Departamento de Educación del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, en el contexto de un debate educativo renovado por la implementación de la Ley de Educación Nacional (LEN) sancionada en 2007. De acuerdo a él, la educación en la Argentina es una cuenta pendiente que merece ser reparada luego de haber estado acoplada durante varias décadas al modelo neoliberal, que tuvo como principales adeptos a los dirigentes militares de la última dictadura, iniciada en 1976 y concluida en 1983, y al proceso menemista de los años ‘90.La LEN reemplaza a la polémica ley Federal de Educación (LFE) promulgada en 1994 por el gobierno de Carlos Saúl Menem. Es menester situar a la LFE en el conjunto de leyes que se promovieron durante el menemismo, junto a la ley de emergencia económica y a la reforma del Estado, es decir, en el contexto de la privatización de una enorme porción de empresas estatales como Entel, Ferrocarriles Argentinos y SEGBA (Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires). El cambio más notable que implanta la nueva LEN es el traspaso del sistema polimodal, que consistía en nueve años de educación primaria y tres de educación secundaria, a una estructura de seis años de primaria y seis años de secundaria. Sin embargo, esta modificación, de nivel superficial, está acompañada por otras de orden más estructural y profundo, que se preguntan por el sentido real de la educación en una sociedad, introducidas por la LEN y que presentan diferencias significativas respecto a la ley anterior. La LFE, como su nombre lo indica, presentaba un modelo educativo de carácter federal, es decir, cada provincia tenía bajo su tutela el armado de las currículas (contenidos para cada año o programas) y, según la redacción de la ley, definía a la educación como un “bien social y responsabilidad común” y al sistema educativo como un “servicio”. De acuerdo a Imen, este modelo educativo, inscripto en el marco del neoliberalismo, se planteó como objetivo, y triunfó en ese sentido, “formar buenos repetidores”. “Para los tecnócratas, la calidad educativa significa que conocimientos elaborados por expertos, traducidos en manuales, deben ser embutidos por el docente en el cerebro del alumno, que tiene que dar bien en una prueba”, explica el pedagogo. En el mismo sentido, Roberto Baradel, Secretario General del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA), expresa: “La LFE fue el marco jurídico del neoliberalismo en la educación. La legislación planteaba una formación muy básica de los chicos, que tenía que ver con la flexibilización laboral y el disciplinamiento social, que no se planteaba formar ciudadanos críticos con capacidad de transformación ni que criticaran lo que estaban viviendo sino que formaba a los chicos para adaptarse al orden social”. Por su parte, la nueva ley entiende que “la educación y el conocimiento son un bien público y un derecho personal y social garantizados por el Estado.” En lo discursivo, considera a la educación como un “bien público”, un derecho personal y social y no como un “servicio” a ser proporcionado por el estado o por las entidades educativas privadas como estipulaba la ley Federal. El nuevo texto establece la obligatoriedad de la escuela secundaria, prohíbe a personas implicadas con el genocidio ejercer cargos docentes, entre otras. Además, permite que los pueblos indígenas, si bien deben acoplarse en un sentido general a los contenidos, discutan y armen su propia currícula de contenidos en consonancia con su historia, creencias, cultura, idioma y constumbres. En materia de formación docente, el texto dispone la creación del Instituo Nacional de Formación Docente (INFOD), que tiene como principal objetivo “planificar y ejecutar políticas de articulación del sistema de formación docente inicial y continua”. Por otro lado, y en las antípodas del modelo neoliberal, la LEN pretende establecer una re-responsabilización del estado nacional en educación. Una de las consecuencias visibles del modelo implementado por la ley Federal de la década del ’90 fue la desarticulación del sistema educativo; es decir, que el Estado tomara un papel de ausencia y que las provincias, por separado, se encargaran de las currículas y los contenidos educativos, lo cual permitía la posibilidad de la existencia simultánea de 24 sistemas educativos distintos -uno por provincia y uno por la Ciudad de Buenos Aires. En ese sentido, la nueva ley avanza algunos pasos cuando, en el artículo 84, al referirse a la calidad educativa, menciona: “El Estado debe garantizar las condiciones materiales y culturales para que todos/as los/as alumnos/as logren aprendizajes comunes de buena calidad, independientemente de su origen social, radicación geográfica, género o identidad cultural.” (…) Definirá estructuras y contenidos curriculares comunes y núcleos de aprendizaje prioritarios en todos los niveles y años de la escolaridad obligatoria”. En otras palabras, por lo menos en el discurso, se acerca a la idea de un sistema educativo unificado en el cual las bases del aprendizaje sean las mismas para todos; es decir, es universal, pero, al mismo tiempo, se propone ser diversificado y democrático para con la historia de las diferentes culturas y costumbres que conviven en el país. La LEN no es la única iniciativa tomada durante el período kirchnerista en materia educativa. En el año 2006, fue promulgada la ley de 180 días de clases que fija un piso mínimo de jornadas escolares por año. En su texto, especifica que el Estado “brindará el financiamiento necesario para garantizar la continuidad de la actividad educativa tras evaluar la naturaleza y las causas de las dificultades financieras que fueren invocadas como causa de esos incumplimientos”. Básicamente, la legislación estipula el envío de fondos a las provincias en el caso de que los conflictos con docentes no permitan el normal dictado de clases. En la misma línea, fue promulgada la Ley de Financiamiento Educativo, que prevé una inversión del 6 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) nacional en materia de educación. Para Baradel “este porcentaje es positivo pero aún no alcanza para hacer una escuela de calidad”. “El cambio se nota en que hace seis años los paros eran de treinta días –agrega el sindicalista- y para que no recortaran salarios. Hoy, en cambio, la lucha es para que aumenten”. Para Imen, “definir el financiamiento por un porcentaje del PBI no es un buen criterio, sino que sería pertinente armar el presupuesto a partir del relevamiento de necesidades educativas”. Con esto se refiere a que la cifra no contempla a aquellas millones de personas que, tras haberse decretado la obligatoriedad del secundario, asistirán a la escuela y antes no lo hacían y, por ende, el porcentaje de la cartera nacional dedicada a la educación, debería adaptarse a la inclusión que propone. Reseña históricaBreve reseña histórica de la educación en ArgentinaTres palabras dan comienzo a la historia moderna de la educación en Argentina: laica, gratuita y obligatoria. De estas características tiñó la ley 1420, sancionada en 1884, a la educación pública. En el contexto del proceso de estructuración del Estado argentino, la aprobación de esa reglamentación significó dar respuesta a la pregunta sobre quién debía ser el encargado de enseñar a la masa amorfa y carente de una identidad común que constituía en ese momento la población del país. Por un lado, un intenso proceso de secularización significó desligar a la Iglesia Católica de responsabilidades que, cada vez más, pasaban a manos estatales. Por el otro, un segundo debate consistió en una disputa entre las provincias y el Estado nacional para hacerse cargo de la educación. El resultado se hizo visible en 1905, cuando, luego de haberse duplicado la población escolar, se sancionó la ley Lainez, que aumentó el influjo de la Nación en los sistemas educativos provinciales. Esta decisión, no obstante, no se mantuvo firme a lo largo de la historia.Un segundo momento de la historia contemporánea de la escuela pública se corresponde con los primeros dos gobiernos peronistas. La ampliación del consumo y los derechos sociales repercutieron en la extensión de la matrícula educativa. A su vez, se produjo una valorización del capital simbólico que podía ser incorporado en los contenidos educativos con fines políticos, práctica que no dejó de ser utilizada durante las dictaduras militares que se sucedieron tras el ocaso del peronismo, y que inauguraron una nueva forma de concebir a la educación, en consonancia con el modelo neoliberal. El proceso que tuvo inicio en la década del ‘60 y alcanzó su pico en la última dictadura militar y los gobiernos menemistas, trajo consigo una desregularización de la educación. El Estado nacional empezó a desentenderse de la problemática y a delegar responsabilidades en los gobiernos regionales. En esta línea, bajo el régimen militar, las escuelas primarias fueron transferidas a las provincias y luego, con Carlos Saúl Menem como presidente, las secundarias corrieron la misma suerte. La sanción de la ley Federal de Educación, en 1994, no es más que el corolario del proceso que significó el neoliberalismo para la educación. Los ya por ese entonces fallidos modelos españoles y chilenos fueron importados, estipulándose así una estructura de nueve años de educación general básica y tres de polimodal. Además, las condiciones socioeconómicas del país, marcadas por el aumento del desempleo, que alcanzó niveles superiores al 20 por ciento en la década del 90, y la pérdida de justicia social, que sumió a más de la mitad del país en la pobreza, desembocaron en un vuelco de las clases pudientes a la educación privada y una resignificación de la pública. Las escuelas estatales se convirtieron, al menos ante los ojos de la opinión pública, en contenedores de emergencia social, con prioridades como alimentar a los alumnos antes que educarlos. Los años que siguieron a la crisis que explotó en 2001 llevaron a la paulatina recuperación de la economía y a volver a pensar en la educación como un bien y no un servicio. En 2006 se aprobó la ley de Educación Nacional, que reemplaza a la sancionada en 1994 y vuelve a instalar el sistema de primaria y secundaria de seis años cada una. Por otra parte, convierte al Estado nacional en el principal veedor de la educación, que pasa a reemplazar a los gobiernos provinciales en la tarea de establecer las currículas. Ley de educación nacionalPrincipales puntos de la Ley de Educación NacionalArtículo 92. Formarán parte de los contenidos curriculares comunes a todas las jurisdicciones:A) El fortalecimiento de la perspectiva regional latinoamericana, particularmente de la región del MERCOSUR. B) La causa de la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur C) El ejercicio y construcción de la memoria colectiva sobre los procesos históricos y políticos que quebraron el orden constitucional y terminaron instaurando el terrorismo de Estado, con el objeto de generar en los/as alumnos/as reflexiones y sentimientos democráticos y de defensa del Estado de Derecho D) El conocimiento de los derechos de los/as niños/as y adolescentes E) El conocimiento de la diversidad cultural de los pueblos indígenas y sus Derechos F) Los contenidos y enfoques que contribuyan a generar relaciones basadas en la igualdad, la solidaridad y el respeto entre los sexos, en concordancia con la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer OBJETIVOS DE LA EDUCACION SECUNDARIA Art 30. F) Desarrollar las capacidades necesarias para la comprensión y utilización inteligente y crítica de los nuevos lenguajes producidos en el campo de las tecnologías de la información y la comunicación. OBJETIVOS DE LA EDUCACION PRIMARIA Art 27. D) Generar las condiciones pedagógicas para el manejo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, así como para la producción y recepción crítica de los discursos mediáticos. OBJETIVOS GENERALES DE LA POLITICA EDUCATIVA NACIONAL Art 11. M) Desarrollar las competencias necesarias para el manejo de los nuevos lenguajes producidos por las tecnologías de la información y la comunicación. TÍTULO IV LOS/AS DOCENTES Y SU FORMACIÓN CAPÍTULO I DERECHOS Y OBLIGACIONES Entre otros derechos, a: B) A la capacitación y actualización integral, gratuita y en servicio, a lo largo de toda su carrera. Entre obligaciones, a: C) A capacitarse y actualizarse en forma permanente. ARTÍCULO 70.- No podrá incorporarse a la carrera docente quien haya sido condenado por delito de lesa humanidad, o haya incurrido en actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático Autores del informe: Cecilia Scotti, Juan Manuel Fontán y Lucila Pinto. |


