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| Estados Unidos: la otra cara del poder global |
![]() Entre los 40 millones de pobres, las minorías son las más afectadas. Preocupan el desempleo y la salud.
“La pobreza en todo el mundo destruye al ser humano. Pero en Estados Unidos, además, destruye al hombre en su autovaloración y lo deja al margen de la sociedad. De aquí parte la poca organización y movilización de los pobres”, analiza el historiador Pablo Pozzi sobre la actual situación social norteamericana. Hasta hace más de dos años, la visión idealizadora global del sistema estadounidense impedía observar con claridad las principales dificultades sociales en las que hoy se ve envuelta su población. El sueño americano comenzó a devenir en pesadilla cuando el banco de inversión Lehman Brothers anunció su bancarrota. De allí en más, los problemas sociales se dispararon, y las fallas del sistema se hicieron evidentes. La población de Estados Unidos alcanza los 300 millones de habitantes, y gran parte de ellos se encuentra sumergida en una de las crisis económicas más profundas de la historia. Por día, unas 10.000 familias pierden sus casas al no poder pagar la hipoteca. Millones de estadounidenses dejaron de contar con un plan médico asistencial, pues, quienes perdieron sus empleos se quedaron sin fondos para pagar una de las coberturas médicas más caras del planeta. En octubre, la tasa de desocupados trepó al 10,2 por ciento, es decir, 16 millones de personas, la cifra más alta en los últimos 26 años. En la actualidad más de 40 millones de habitantes padecen la pobreza y continúan viendo como inalcanzable los ideales de la prosperidad y el desarrollo socioeconómico. Esto es aún más grave dentro de las minorías raciales, integradas por inmigrantes que algún día dejaron su tierra y su familia para cumplir el sueño americano. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, el 25 por ciento de los afroamericanos, el 20 por ciento de los hispanos y el 17 por ciento de los estadounidenses blancos no alcanzan siquiera a cumplir con sus necesidades básicas de alimentación, vivienda y vestimenta. Por otro lado, alrededor de 3,5 millones de niños menores de cinco años, se enfrentan al hambre, según informes la organización en defensa de la alimentación “Feeding America”. El especialista Pablo Pozzi plantea que “la pobreza se vincula con los niveles de explotación y racismo, elementos estructurales de la dominación que rigen en el sistema capitalista. Es decir –agrega el historiador- que se garantiza la sobreexplotación de los trabajadores para garantizar las tasas de ganancia de las empresas”. Y ejemplifica: “La agroindustria norteamericana no existiría sin la mano de obra semi-esclava de los hispanos migrantes. El caso de los braceros mexicanos lo ilustra perfectamente”. Por último, Pozzi revela que las minorías son las más afectadas porque el sistema los margina y les dificulta su organización en aras de enfrentar dicha situación. “Los indocumentados hispanos luchan para salir de la pobreza, pero en sus demandas no se incluyen a los asiáticos o africanos; y viceversa”, concluye. Enfermarse es un lujo La lucha contra la pobreza por parte del gobierno de Barak Obama tiene en su haber más importante la extensión de la cobertura médica. La Casa Blanca destina al sistema de salud más de 2 billones de dólares anuales, el presupuesto sanitario más alto del mundo. Para acceder a la asistencia estatal de Medicaid hay que vivir muy por debajo de la línea de la pobreza. En la actualidad, son 47 millones las personas que no poseen cobertura, es decir, que son considerados muy ricos para Medicaid pero demasiados pobres para acceder a un seguro privado. “Es inconcebible que la economía más fuerte del mundo no contemple la salud de su gente”, explica el analista en Relaciones Internaciones Jorge Elías y agrega: “Si vas a un hospital te atienden y te salvan la vida, pero te va a quedar una deuda enorme para el resto de tus días”. La reforma que garantizaría la cobertura médica universal, que cuenta con la aprobación de la Cámara baja, se propone reducir los elevados costos sanitarios. Una consulta de rutina cuesta hasta 100 dólares, pedir una ambulancia 500 dólares y casi 10 mil una internación. La gente de clase media y baja de Estados Unidos, además de rezar por no perder su trabajo, debesuplicar por no enfermarse. |

