05.01.2017 / Opinión

Estrella fugaz

Un balance del año de Esteban Bullrich a cargo del Ministerio de Educación.

por Guido Gontan


Esteban Bullrich colgará éste 2016 en uno de sus cuadros auto motivantes de su despacho. Luego de ocupar la cima de las preferencias de Mauricio Macri en la campaña presidencial, haciendo cuantiosas promesas en campaña sobre cómo mejorar la educación, hoy se ha visto desplazado de la negociación paritaria nacional desde la Jefatura de Gabinete por la desconfianza que generó en las gobernaciones, incluso hasta en la propia María Eugenia Vidal, tras proponer un aumento del 40% en la negociación paritaria pasada sin consulta previa a los mandatarios.

En el transcurso del año, además, fracasó en su intento de posicionarse como posible candidato en la provincia de Buenos Aires, teniendo el propio presidente que mencionarlo como el “mejor ministro de educación de los últimos años” para no darle lugar a sus ambiciones políticas personales (a diferencia de Prat Gay, Bullrich se subordinó a tiempo). Ni siquiera pudo festejar el histórico, sorprendente y aun académicamente inexplicable aumento de posiciones en el ránking PISA que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires tuvo en una prueba tomada en su gestión. Y, para finalizar el año, sufrió una permanencia pacífica de los trabajadores del Ministerio de Educación y Deportes que reclaman por la continuidad del personal y de las políticas públicas educativas.



En materia de gestión el Ministro Bullrich destacó en un video sus logros: el operativo de evaluación Aprender; el aumento del salario mínimo docente; el proyecto para la construcción de 3.000 jardines de infantes; el Sistema de Reconocimiento Académico en universidades; y el Premio Maestros Argentinos, además de haber trasladado a las provincias las reuniones del Consejo Federal. Sin embargo, los conflictos sucedidos recientemente con los trabajadores del Ministerio hacen necesario poner el foco en otras aristas y repasar sus decisiones más polémicas.

Desde su llegada, modificó el organigrama educativo incrementando las dependencias políticas: elevó de dos a cuatro las Secretarías de Estado (sin contar la de Deportes) y creó siete coordinaciones extraescalafonarias en la estructura para su personal de confianza. También creó la Coordinación de Hospitales Universitarias para colocar al productor televisivo Juan Cruz Ávila, candidato que no pudo imponer en la Secretaría de Políticas Universitarias por presión de los rectores radicales, a quiénes cedió el control de la Secretaría de Políticas Universitarias.

En cuanto a lo presupuestario, al comparar el presupuesto devengado en 2015 con lo hecho este año, se observa que varios programas han reducido sus recursos en valores nominales de un año a otro - aún sin ajustar por la inflación del 2016 -. El Programa 39 - Innovación y Desarrollo de la Formación Tecnológica - devengó 2 mil millones de pesos menos; el Programa 33 - Acciones Compensatorias en Educación – 1.435 millones; el Programa 37 – Infraestructura y Equipamiento - en 746 millones; el Programa 45 – Acciones de Formación Docente - en 156 millones; el Programa 29 – Gestión Educativa - en 145 millones, etc. Otros, como el Programa 26 – Desarrollo de la Educación Superior - se han visto incrementados nominalmente pero perdieron peso específico dentro del presupuesto ministerial. Allí se encuentra una de las razones del conflicto con los trabajadores, en tanto la caída en el presupuesto nominal se traduce en menos líneas de acción implementadas por el personal transitorio, permanente y contratado del Ministerio de Educación y Deportes. ¿Cómo se sostienen la misma cantidad de acciones con menos recursos? ¿Cómo se mantiene la misma cantidad de agentes con menos acciones?


En la negociación paritaria con los sindicatos docentes nacionales de febrero del 2016, Bullrich acordó en los puntos 9 y 10 del acta la continuidad de todos los programas socioeducativos y del Plan Nacional de Formación Docente que se habían implementado en los últimos años. Tras la realidad presupuestaria que evidencia el modo en el que el Ministro entiende la continuidad de las políticas educativas cabe creer que los representantes sindicales, al igual que los gobernadores, ya no confían en el Ministro.

Tras sus tres semanas de vacaciones y en este escenario de desconfianzas mutuas e interlocutores deslegitimados, Esteban Bullrich deberá sortear la presión de los sindicatos por sostener la instancia nacional de negociación, los intereses  de los gobernadores por ser ellos quienes definan piso y techo del aumento salarial, los reclamos de los trabajadores del Ministerio por cambiar el sentido de la continuidad de las políticas educativas y el pedido de reorganización estructural y funcional que los Ministerios de Modernización y Hacienda le han exigido a sus pares. A qué actores privilegia y a quiénes relega, marcará el comienzo de un nuevo año al frente de la cartera educativa. Sus decisiones evidenciarán el rol que asume en la actualidad el Ministerio de Educación en el gobierno de la educación. El abrazo al Ministerio de Educación realizado ayer parece ser el comienzo más que el final de ésta historia.


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