13.09.2017 / Opinión

Santiago Maldonado: sostener la pregunta

La autora analiza el discurso del gobierno sobre la desaparición de Santiago Maldonado y se pregunta por el lugar de la movilización social en relación al tema.

por Julieta Waisgold




Cualquier manual de gestión de crisis diría que ante el escándalo político que puede generar una desaparición en manos de la Gendarmería en plena democracia, un gobierno debería asumir la responsabilidad política que le compete, encauzar el accionar del Estado de un modo diligente y visible, contener a la  familia del desaparecido y hablar del caso de cara a la población desde el minuto uno con información precisa, clara y fundamentada.

Sin embargo en la desaparición de Santiago ocurrió todo lo contrario. La primer estrategia del gobierno fue minimizar la entidad del tema canalizándolo a través de los ministros. El presidente Mauricio Macri casi no abrió la boca, o lo hizo para decir generalidades, y durante todo agosto la tarea de vocería fue delegada en la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich.

Desconectada de la sensibilidad social y eludiendo responsabilidades, la Ministra se negó dos veces a ir a dar explicaciones al Congreso, y cuando habló dio el nombre de un testigo protegido, defendió a la Gendarmería, señaló con insistencia la supuesta falta de colaboración de la familia y la violencia del grupo de Resistencia Ancestral Mapuche (RAM).

Sin divisar ninguna posibilidad de crisis en el horizonte, el gobierno diseñó su propio esquema de polarización que señalaba a los mapuches como el nuevo enemigo interno. La dicotomía fue planteada por la Ministra a un nivel más “gerencial”, y complementada en tándem con la labor de algunos medios que tejieron múltiples hipótesis alternativas a la responsabilidad de la Gendarmería. Se dijo, entre otras cosas, que Santiago estaba vagando por alguna ruta del país, que se había ido a Chile, que había sido herido por un puestero y que había pasado a la clandestinidad.

Esta estrategia logró instalar en los medios y en los sectores que apoyan al gobierno un clima enrarecido y polarizado, pero la falta de respuestas concretas y ese mismo manejo tendencioso de la información disponible, hizo que las distintas formas de efervescencia social continuarán creciendo y aglutinándose.

Según datos de la fundación CIGOB durante las semanas del 14 de agosto hasta el 3 de septiembre el nombre Santiago Maldonado fue el más mencionado en el ámbito digital. Tal como se reflejó en varias investigaciones, parece ser que esta vez las redes sociales funcionaron como acelerador para poner el tema en una agenda mediática que se resistía.

El pedido de aparición fue cobrando más importancia con el correr de los días, y en la marcha del 1 de septiembre se convocaron alrededor de 200 mil personas, mostrando un consenso social amplio, que a juzgar por las noticias del día siguiente y por el apoyo cerrado del presidente a la Ministra de Seguridad, no fue tomado en cuenta por el gobierno.

Varios días después de la marcha el clamor por Santiago seguía vigoroso, y en un fenómeno similar a lo que ocurrió con el fallo que le otorgaba el beneficio del 2x1 a represores, sumó tantas voces que hasta llegó a estar en boca de Mirtha Legrand.

A esa altura no hacían falta muchos focus group para darse cuenta de que sin algún tipo de capitulación del gobierno, la situación ya no se trataba de salir del conflicto con la gendarmería airosa, sino de que de seguir por ese camino era el propio gobierno el que se estaba complicando su sustentabilidad.

Así, a los pocos días, el macrismo ensayó un pase de magia por el cual a las malas decisiones políticas del mes se las denominó necesidad de cambio estratégico. Lo dijeron los diarios y lo repitieron sus voceros, y hasta Ernesto Sanz dijo poder respirar porque al fin el gobierno se había dado cuenta de que había que hacer cambios en la comunicación.

El Ministro de Justicia y el Secretario de Derechos Humanos, ungidos como los nuevos voceros  empezaron a mostrar preocupación y cierto grado de involucramiento. Se los vió viajar al lugar de los hechos y declarar que no ponían las manos en el fuego por la Gendarmería, mientras los medios difundían información sobre el cambio de actitud, ensayaban nuevas hipótesis creativas y empezaban a desarrollar la teoría de la manzana podrida hablando de “gendarmes sueltos”, omitiendo las responsabilidades y cadenas de mando propias de un Estado de derecho.

En medio de huracanes y terremotos, las noticias de estos últimos días las intenta moldear un gobierno que tiene menos certezas respecto a las posibilidades de instalar su discurso que al momento de la desaparición de Maldonado. Esta vez fue la reacción social la que impulsó las agendas política y mediática.

Queda por ver si la sociedad y la oposición pueden sostener la pregunta sobre Santiago aunque el tema vaya cambiando de forma, de modo tal que ese sector mayoritario y diverso que se aglutinó alrededor del pedido de aparición pueda seguir acordando en que se trató de algunas cosas más que de una reacción gubernamental un poco tardía.



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