
Etiopía volvió a quedar al borde de una guerra de gran escala. Los enfrentamientos entre las fuerzas federales y el Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) se extendieron durante los últimos días desde Tigray hacia las regiones vecinas de Afar y Amhara, mientras distintos grupos armados que hasta hace pocos años combatían entre sí formaron una alianza contra el gobierno del primer ministro Abiy Ahmed.
La escalada es la más grave desde la firma del Acuerdo de Pretoria de noviembre de 2022, que puso fin a dos años de guerra entre el gobierno federal y las fuerzas de Tigray. Según estimaciones
citadas por The Guardian, aquella guerra dejó alrededor de 600.000 muertos. El acuerdo detuvo los combates abiertos, pero no resolvió varias de las disputas territoriales y políticas que habían alimentado el conflicto.
La novedad es que el mapa de alianzas cambió casi por completo. Fuerzas que combatieron junto al gobierno de Abiy contra Tigray entre 2020 y 2022 ahora mantienen sus propios enfrentamientos con Addis Abeba, mientras el TPLF se acercó a antiguos enemigos. Al mismo tiempo, las tensiones entre Etiopía y Eritrea incorporaron una dimensión regional a una crisis que ya se desarrolla junto a otro país en guerra: Sudán.
De qué se trata el conflicto de Tigray
Etiopía es una federación formada por regiones organizadas en gran medida sobre bases étnicas y lingüísticas.
Durante casi tres décadas, entre 1991 y 2018, el TPLF fue la fuerza dominante dentro de la coalición que gobernó el país, pese a representar a Tigray, una región del norte que concentra una porción relativamente pequeña de la población etíope.
Ese sistema comenzó a cambiar con la llegada de Abiy Ahmed al poder en 2018. El nuevo primer ministro desplazó progresivamente al TPLF del centro del poder y reorganizó la coalición gobernante. Las tensiones aumentaron hasta desembocar en noviembre de 2020 en una guerra abierta entre las fuerzas federales y las autoridades de Tigray.
El conflicto rápidamente dejó de ser una disputa entre dos actores. Eritrea intervino militarmente del lado del gobierno etíope, al igual que fuerzas de la vecina región de Amhara. Del otro lado quedaron las fuerzas tigrayanas.
La guerra provocó una enorme crisis humanitaria y terminó formalmente en noviembre de 2022, cuando el gobierno federal y el TPLF firmaron en Pretoria, Sudáfrica, un acuerdo impulsado por la Unión Africana.
El pacto estableció el cese de hostilidades, el desarme progresivo de las fuerzas tigrayanas y la restitución de la autoridad federal, entre otros puntos. Sin embargo,
dos protagonistas centrales de la guerra quedaron fuera de la negociación: Eritrea y las fuerzas amhara. Ese dato resulta fundamental para entender la crisis actual.
El acuerdo que terminó una guerra pero no resolvió sus causas
El Acuerdo de Pretoria frenó la guerra entre Addis Abeba y Tigray, pero modificó las alianzas sobre las que Abiy Ahmed había construido su victoria militar.
Las fuerzas amhara habían combatido junto al Ejército federal contra el TPLF y ocuparon territorios disputados en el oeste de Tigray. Después de la guerra, sin embargo, el intento del gobierno federal de desmantelar e integrar las fuerzas regionales desencadenó una nueva rebelión en Amhara.
Desde 2023, las milicias conocidas como Fano combaten contra las fuerzas de Abiy.
La relación con Eritrea siguió un recorrido similar. El presidente eritreo, Isaias Afwerki, había sido uno de los principales aliados de Abiy durante la guerra contra el TPLF, pero Asmara quedó excluida del acuerdo de Pretoria.
A eso se sumó posteriormente otra disputa:
la búsqueda de Etiopía, un país sin salida al mar desde la independencia de Eritrea en 1993, de un acceso más directo al Mar Rojo. Las declaraciones y movimientos diplomáticos de Abiy alrededor de esa cuestión profundizaron la desconfianza entre ambos gobiernos.
Dentro del propio Tigray, además, Pretoria generó una ruptura. Una corriente encabezada por Getachew Reda defendió el proceso de paz y terminó acercándose al gobierno federal. Otra, liderada por Debretsion Gebremichael, sostuvo que Addis Abeba incumplió aspectos fundamentales del acuerdo.
Durante 2026 esa disputa dejó de ser solamente política. La facción de Debretsion
recuperó el control de las instituciones regionales y los enfrentamientos con las fuerzas federales comenzaron a multiplicarse.
Quiénes se enfrentan ahora en Etiopía
El escenario actual es considerablemente más complejo que el de 2020.
De un lado se encuentra el gobierno federal de Abiy Ahmed y las Fuerzas de Defensa Nacional de Etiopía. Del otro aparece una coalición heterogénea de movimientos armados que tienen historias, bases territoriales y objetivos diferentes, pero comparten actualmente su enfrentamiento con el gobierno central.
El 20 de septiembre, siete organizaciones anunciaron la creación de la Ethiopian Peoples' Forces Alliance for Survival. Entre sus integrantes se encuentran el TPLF, el movimiento Fano de Amhara y el Ejército de Liberación Oromo (OLA), además de organizaciones vinculadas a las regiones Somali, Afar y Benishangul-Gumuz.
La alianza declaró como objetivo desplazar al gobierno de Abiy, establecer un gobierno transitorio y abrir un proceso de diálogo constitucional.
La composición del frente resulta particularmente llamativa porque reúne a antiguos enemigos. Durante la guerra de Tigray, las fuerzas amhara combatieron contra el TPLF y mantienen todavía disputas territoriales con los tigrayanos. El OLA, por su parte, tiene sus propias reivindicaciones vinculadas con la población oromo y también había mantenido una relación conflictiva con el antiguo sistema político dominado por el TPLF.
La nueva coalición, por lo tanto, no implica que hayan desaparecido esas diferencias. Su
principal elemento de cohesión es actualmente la oposición al gobierno federal.
Por qué volvieron los combates
Gobierno y TPLF ofrecen versiones opuestas sobre quién inició la actual ofensiva. Las autoridades federales acusan a las fuerzas tigrayanas de haber lanzado ataques contra posiciones gubernamentales en Afar y Amhara. Las autoridades de Tigray sostienen, en cambio, que sus tropas respondieron a una ofensiva federal que incluyó ataques con drones, artillería y otras fuerzas.
En medio de esas acusaciones cruzadas, las fuerzas de Tigray tomaron aeropuertos que se encontraban bajo control federal y Ethiopian Airlines suspendió sus vuelos hacia la región. Los combates también alcanzaron localidades de Afar y Amhara.
Un dirigente del TPLF
definió la situación directamente como una "guerra abierta".
Más allá de determinar quién disparó primero en esta nueva etapa, la escalada expone el deterioro del orden construido después de Pretoria. El problema ya no es únicamente si vuelve la guerra entre Tigray y Addis Abeba, sino si los distintos conflictos armados que atraviesan Etiopía comienzan a fusionarse.
Eritrea, la pieza que puede regionalizar la guerra
Eritrea es uno de los actores decisivos para entender por qué esta crisis puede superar rápidamente las fronteras de Etiopía.
Asmara fue enemiga histórica del TPLF y participó del lado de Abiy durante la guerra anterior. Ahora la relación entre los gobiernos etíope y eritreo se deterioró profundamente.
El gobierno de Abiy acusa a Eritrea de respaldar financiera o políticamente a algunos de los grupos que integran la nueva alianza rebelde. El gobierno eritreo rechaza esas acusaciones.
La paradoja es significativa: el TPLF y Eritrea, que estuvieron enfrentados durante décadas y fueron enemigos durante la guerra de 2020-2022, comparten ahora su oposición al gobierno de Addis Abeba, aunque eso no significa necesariamente que exista una alianza militar formal entre ambos.
Una eventual intervención eritrea transformaría otra vez una guerra civil etíope en un conflicto interestatal.
Sudán y el riesgo de un conflicto regional
El otro factor es Sudán, que atraviesa desde 2023 su propia guerra civil entre las Fuerzas Armadas Sudanesas encabezadas por Abdel Fattah al-Burhan y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) de Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti.
Las relaciones entre esos actores y los gobiernos vecinos se entrecruzan cada vez más con la crisis etíope.
Al-Burhan reforzó durante los últimos meses sus contactos con el presidente eritreo Isaias Afwerki. Hemedti, en cambio, mantuvo contactos con Addis Abeba. Sudán también acusó a Etiopía de permitir actividades vinculadas con las RSF desde su territorio, mientras distintos referentes de movimientos etíopes opositores mantuvieron contactos políticos en territorio sudanés.
Sudan Horizon
advierte que una nueva guerra en Etiopía podría tener repercusiones directas sobre Sudán, tanto por el movimiento de combatientes y refugiados como por la posibilidad de que los distintos actores regionales utilicen territorio de países vecinos para respaldar a sus aliados.
El riesgo, por lo tanto, es que las dos grandes guerras del noreste africano dejen de funcionar como conflictos separados y comiencen a conectarse mediante alianzas, corredores militares, movimientos de refugiados y disputas geopolíticas.
Por qué importa lo que ocurre en Etiopía
Etiopía tiene más de 120 millones de habitantes y es uno de los países más poblados de África. También ocupa una posición central en el Cuerno de África: limita con Eritrea, Sudán, Sudán del Sur, Kenia, Somalia y Yibuti, y su estabilidad tiene efectos sobre buena parte de África oriental.
Una nueva guerra tendría, en primer lugar, consecuencias humanitarias sobre una población que todavía no se recuperó del conflicto anterior. Cerca de 750.000 personas continuaban desplazadas dentro de Tigray como consecuencia de aquella guerra, según datos de Naciones Unidas citados por Al Jazeera.
Pero el problema excede a Tigray. Etiopía mantiene conflictos armados o tensiones políticas en varias regiones; Eritrea teme las ambiciones etíopes sobre el acceso al Mar Rojo; y Sudán continúa atravesado por una guerra que ya desestabilizó a varios de sus vecinos.
La Unión Africana, la Unión Europea y la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD), el bloque regional de África oriental, reclamaron una desescalada y el regreso al diálogo.
Lo que está en juego ya no es solamente la supervivencia del acuerdo que terminó la guerra de Tigray en 2022. La pregunta es si Etiopía puede evitar que sus diferentes conflictos internos converjan en una nueva guerra nacional y, al mismo tiempo, impedir que las rivalidades con Eritrea y la guerra de Sudán conviertan esa crisis en un enfrentamiento de alcance regional.
¿Qué es el TPLF?
El Frente de Liberación Popular de Tigray es una organización política y militar originaria de la región de Tigray. Fue la fuerza dominante dentro del sistema político etíope entre 1991 y 2018 y posteriormente encabezó la guerra contra el gobierno federal entre 2020 y 2022.
¿Qué fue el Acuerdo de Pretoria?
Fue el acuerdo firmado en noviembre de 2022 entre el gobierno federal de Etiopía y el TPLF para terminar la guerra de Tigray. Detuvo los principales combates, pero Eritrea y las fuerzas amhara no participaron de la negociación y varias disputas políticas y territoriales quedaron sin resolver.
¿Por qué una nueva guerra en Etiopía podría afectar a otros países?
Porque la crisis coincide con fuertes tensiones entre Etiopía y Eritrea y con la guerra civil de Sudán. Las alianzas entre gobiernos y grupos armados atraviesan las fronteras nacionales, por lo que una escalada podría generar nuevas intervenciones externas, desplazamientos de población y una mayor desestabilización del Cuerno de África.