
Miles de estudiantes y manifestantes volvieron a movilizarse en Tirana, la capital de Albania, en la quinta jornada consecutiva de protestas contra el gobierno del primer ministro Edi Rama, a quien reclaman su renuncia por las denuncias de corrupción, la falta de oportunidades laborales y las condiciones del sistema educativo. Las manifestaciones se extendieron a otras ciudades y derivaron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que utilizaron gases lacrimógenos, camiones hidrantes y balas de goma.
La protesta reunió a estudiantes secundarios y universitarios con sectores de un movimiento de oposición que lleva meses movilizado contra el gobierno. Los jóvenes reclaman mejores condiciones educativas, mayor apoyo económico para estudiar y posibilidades de conseguir empleo en un país donde la emigración constituye una de las principales alternativas para quienes buscan mejores oportunidades.
Según
informó Reuters, miles de personas se concentraron frente al Ministerio de Educación, donde grupos de manifestantes arrojaron piedras y bombas molotov contra los agentes antidisturbios. La Policía respondió con gases lacrimógenos, granadas aturdidoras y camiones hidrantes.
Por qué protestan los estudiantes en Albania
El movimiento estudiantil cuestiona las condiciones de la educación pública, el costo de los estudios universitarios y las dificultades que enfrentan los jóvenes para incorporarse al mercado laboral. A esos reclamos se suman las denuncias de corrupción contra el gobierno y el malestar por la falta de perspectivas económicas.
La protesta tiene también un fuerte componente generacional. Durante la manifestación del sábado, un grupo de estudiantes incendió una valija y la arrojó al patio del Ministerio de Educación. El gesto buscaba simbolizar su voluntad de permanecer en Albania y construir un futuro en su propio país, en lugar de verse obligados a emigrar.
La incorporación de los estudiantes amplió un movimiento que ya venía desarrollándose desde hacía varios meses y convirtió los reclamos sectoriales en un cuestionamiento más general a la administración de Rama, quien gobierna Albania desde 2013 y fue reelegido para un cuarto mandato en 2025.
De un proyecto inmobiliario vinculado a Trump a una crisis nacional
Uno de los antecedentes centrales de la crisis es el movimiento conocido como "Flamingo", que comenzó a movilizarse en mayo contra un proyecto de desarrollo turístico de lujo en la costa sur de Albania.
El emprendimiento está vinculado a una compañía de inversiones fundada por Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump, y generó cuestionamientos por sus posibles consecuencias ambientales y por denuncias sobre la propiedad de los terrenos involucrados.
Habitantes de la zona denunciaron que sus tierras habían sido vendidas de manera irregular para facilitar el desarrollo inmobiliario. La agencia también reveló que el hombre que vendió esos terrenos era buscado por la Justicia por sospechas de narcotráfico, acusaciones que su abogado rechazó.
Las protestas contra el emprendimiento se mantuvieron durante meses y fueron incorporando demandas contra la corrupción y el funcionamiento del sistema político. La participación de estudiantes secundarios y universitarios desde el 13 de octubre amplió considerablemente la movilización.
El conflicto dejó así de concentrarse exclusivamente en la construcción del complejo turístico y pasó a expresar un malestar más extendido con las condiciones económicas, la falta de empleo y la gestión gubernamental.
Enfrentamientos con la Policía y denuncias por represión
Las movilizaciones estuvieron acompañadas por episodios de violencia en Tirana y otras ciudades del país. En la capital, grupos de manifestantes incendiaron vehículos, levantaron barricadas y atacaron edificios públicos, mientras que las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos, camiones hidrantes y balas de goma.
El jefe de la Policía Nacional, Skender Hita, confirmó el uso de proyectiles de goma durante los operativos del sábado y afirmó que habían sido empleados de manera limitada.
De acuerdo con el balance policial
difundido por Al Jazeera, al cierre de la quinta jornada se habían registrado 167 arrestos y 132 agentes heridos. Además, siete policías fueron suspendidos mientras se investigan denuncias por uso excesivo de la fuerza.
Los enfrentamientos también alcanzaron la ciudad costera de Durrës, donde manifestantes bloquearon calles con barricadas incendiadas y provocaron daños en instalaciones públicas.
Edi Rama rechaza renunciar y denuncia una operación política
El primer ministro Edi Rama rechazó los pedidos de renuncia y responsabilizó a sectores conservadores de la oposición por promover los disturbios. También denunció la existencia de una presunta intervención extranjera detrás de la escalada de violencia, aunque no presentó públicamente pruebas que permitieran identificar a sus responsables.
Rama afirmó que reconoce el derecho de los estudiantes a manifestarse y prometió escuchar sus demandas, pero advirtió que las autoridades actuarán contra quienes participen en ataques a comercios, edificios públicos y fuerzas de seguridad.
La crisis representa un desafío para un gobierno que lleva más de una década en el poder y que mantiene como uno de sus principales objetivos la incorporación de Albania a la Unión Europea.
El mandatario volvió a defender ese proyecto de integración y sostuvo que los disturbios ponen en riesgo las aspiraciones europeas del país. Sin embargo, las movilizaciones evidencian que las demandas de una parte de la sociedad albanesa exceden la discusión sobre el futuro internacional del país: incluyen el acceso a la educación, las oportunidades de trabajo, la corrupción y las condiciones de vida.