
A mediados de abril, en el marco del AmCham Summit 2026, el ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que
"los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas", en el contexto de un pronóstico de aceleración de la desinflación y el crecimiento.
Habían pasado poco más de tres meses de aquella promesa cuando, en las últimas semanas, se conoció una serie de indicadores que muestran un panorama bastante más complejo que el anunciado por el funcionario.
Es que los datos oficiales y también del sector privado conocidos desde entonces muestran caída del consumo, de la actividad, del empleo formal y de los salarios registrados, entre otros, además de una confianza empresarial que no despega del terreno negativo.
El consumo, cada vez más lejos de recuperarse
El dato más reciente lo aportó la
consultora Scentia: el consumo masivo volvió a profundizar su caída en junio y cerró el mes con una baja de 2,7% interanual en volumen, mientras que el acumulado del año ya marca un retroceso de 2,9%.
El informe había generado cierta expectativa en mayo, cuando la caída se había moderado a 1,6% y se anticipaba que una menor presión inflacionaria podría revertir el deterioro del consumo. Sin embargo, esa reversión no se produjo, y junio terminó siendo, según la propia consultora, la peor performance mensual de los últimos trimestres.
El único canal que escapa a la tendencia es el comercio electrónico, que creció 41% frente a junio de 2025 en todas las categorías de productos relevadas, mientras que kioscos, mayoristas y supermercados de cadena registraron caídas de entre 2,6% y 4,6% interanual. Ningún analista, salvo el presidente Milei y su ministro Caputo, se anima a afirmar que tamaña caída de las ventanas de venta presenciales es compensada por la venta por vía electrónica, que mayormente también es realizada por las mismas emprsas.
La carne, un indicador de la pérdida de poder adquisitivo
Uno de los datos más elocuentes sobre el deterioro del consumo popular llegó de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra). El consumo aparente de carne vacuna en el primer semestre se ubicó en 1,02 millones de toneladas, una caída del 11,5% respecto al mismo período de 2025, lo que implicó que el mercado doméstico absorbiera unas 131.830 toneladas menos que el año anterior. En términos per cápita, el consumo anual se ubicó en 47 kilos, un 8,2% menor al promedio de junio del año pasado.
El propio informe vincula la caída con los precios: el rubro de carnes y derivados acumuló un alza del 45% anual, muy por encima del 33,4% del IPC general, en un contexto en el que muchas familias continúan reemplazando la carne vacuna por opciones más económicas como el pollo o el cerdo.
La actividad económica, sin señales firmes de repunte
El
INDEC informó que la actividad económica cayó 0,5% mensual en mayo, tras la caída de 1,5% de abril, aunque en la comparación interanual mostró una suba de apenas 0,2% frente a un año muy negativo en este indicador, como lo fue 2025.
El propio organismo detalló que siete de los quince sectores del EMAE cayeron respecto al año anterior, con Pesca retrocediendo 29,3%, Industria manufacturera 5,6% y Comercio mayorista y minorista 4,3%. El escenario describe, según los propios análisis oficiales, una economía que avanza "a dos velocidades", con impulso en agro, minería y energía frente a una industria y una construcción con escaso dinamismo.
Salarios que no recuperan terreno y empleo formal en baja
En materia de ingresos, el cuadro tampoco acompaña el optimismo oficial. Según datos del INDEC procesados por Ámbito, los salarios registrados aumentaron 1,8% en mayo frente a un IPC de 2,1%, acumulando una pérdida de 4,2% de poder adquisitivo desde septiembre.
La comparación contra el inicio de la gestión de Javier Milei es todavía más desfavorable: la caída llega a 3,6% para los privados y a 17,8% para los estatales, con los trabajadores formales en promedio un 8,7% por debajo del nivel salarial de noviembre de 2023.
A esto se suma el deterioro del empleo registrado: el empleo formal cayó en abril, acumuló su 11ª caída consecutiva y tocó su menor nivel en cuatro años, con la pérdida de 28.736 puestos de trabajo según el SIPA. Desde noviembre de 2023, la pérdida de empleos asalariados alcanzó los 329.667 puestos.
Empresarios que no ven mejoras y apuntan a la falta de demanda
El propio sector privado, consultado por el INDEC en sus Encuestas de Tendencia de Negocios, describe un cuadro de estancamiento. En supermercados y mayoristas,
el indicador de confianza se ubicó en -0,4% en junio, con un balance de -20,5% en la evaluación de la situación comercial actual. En la
industria manufacturera el diagnóstico es aún más crítico: el Indicador de Confianza Empresarial se ubicó en -17,8% en junio, en terreno negativo desde hace más de un año y medio.
En ambos sectores, el principal problema señalado por los propios empresarios es la falta de demanda: el 61,4% de los supermercados y mayoristas y el 52,1% de las industrias apuntan a la demanda insuficiente como el principal freno para crecer. En la industria, además, la cartera de pedidos arrojó el peor balance de todos los indicadores relevados, con un 49,7% de las empresas calificándola por debajo de lo normal.
Con este dato se puede responder al argumento oficial acerca del aumento de la venta por vía electrónica que explica la caída en comercios: si se vende igual o más que antes del gobierno de Milei pero lo que cambió es la modalidad (antes presencial y ahora migrando al comercio digital, ¿por qué los empresarios fabricantes y los vendedores de esos productos sostienen que no venden y que entonces no confían?
El contraste con el vaticinio oficial
Los datos conocidos en las últimas semanas -consumo masivo, consumo de carne, actividad económica, salarios, empleo y confianza empresarial- coinciden en describir una economía que, a poco más de cien días de la promesa de Caputo, todavía no muestra señales de haber ingresado en ese ciclo de recuperación sostenida por el ministro.
El propio Gobierno pone sus expectativas en la segunda mitad del año, apostando al sector de la construcción y a la obra pública vial como motores de reactivación, mientras los indicadores de consumo, empleo e ingresos continúan mostrando un deterioro que contrasta con el diagnóstico oficial.