
A pesar de que la ONG Human Rights le pidió a la justicia nacional meter preso al
príncipe de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, durante el G20 en Buenos Aires por el asesinato del periodista turco
Jamal Khashoggi y presuntos delito de lesa humanidad, el heredero del trono saudí parece no haber tomado en serio la cuestión bajo la seguridad de que jamás podría ser detenido y
fue el primer líder en llegar al país, ayer, dos días antes de la cumbre. Y lo hizo en, tal vez, el avión más lujoso de los que arribarán a la Argentina con mandatarios de todo el planeta.
En las imágenes
se observa un lujoso living, sala de estar repleta de televisores led, una habitación como cama king size e incluso la cabina de pilotos, al interior del Boeing 747-468 de la flota oficial en que llegó MBS a Ezeiza. Se trata de una versión acondicionada para el traslado de un jefe de Estado y su comitiva, basado en el histórico modelo de cuatro motores y joroba de la empresa estadounidense, el Jumbo.
Con matrícula HZ-HM1, este 747-468 fue entregado en 2006 y entró en servicio en la flota en 2011. En el morro puede leerse, en árabe y en inglés, la inscripción
"que Dios te bendiga", y en la cola se exhibe el emblema de Arabia Saudita: dos espadas cruzadas al pie de una palmera.
En total, la comitiva del príncipe y ministro de Defensa de Arabia Saudita estuvo integrada por 13 aviones, entre aquellos de carga y los de pasajeros.
La denuncia quedó en manos del juez Ariel Lijo quien decidió adoptar medidas para que la investigación se dilate y el príncipe saudí no llegue a ser arrestado en Argentina, en lo que sería un conflicto diplomático para Mauricio Macri. El gobierno ya había advertido que Salman cuenta con "inmunidades especiales".
Lijo resolvió hacer lugar a los requermientos del fiscal federal Ramiro González y solicitó a Cancillería que informe es estatus y las condiciones diplomáticas bajo las cuales el denunciado llegó a Buenos Aires.
También libró exhortos a Yemen, Arabia Saudita y Turquía, antes de decidir si el caso realmente le compete a la justicia argentina. De esta manera, a la espera de las respuestas, se hace técnicamente imposible que la detencicón se realice antes de que el príncipe abandone Buenos Airse.