Los operadores consideran que el escenario cambió respecto de los primeros seis meses del año. Si durante el primer semestre la dinámica estuvo marcada por la secuencia inflación-tasas-dólar, ahora esperan que el orden se invierta y sea el tipo de cambio el que marque el ritmo. La menor oferta de divisas, la desaceleración de las compras del Banco Central, la incertidumbre electoral y las dudas sobre el ingreso de nuevos capitales aparecen entre los principales factores que alimentan ese diagnóstico.
En ese contexto, distintas mesas de dinero comenzaron a recomendar a sus clientes desarmar posiciones de carry trade, una estrategia que había resultado muy rentable durante los primeros meses del año. Los analistas destacan que, pese a la desaceleración de la inflación y la mejora parcial del salario real, persisten señales de fragilidad como la caída de los depósitos, la escasa reacción del crédito y la necesidad de que el Banco Central continúe fortaleciendo sus reservas.
A este escenario local se suma un contexto externo menos favorable. En el mercado advierten que los próximos meses estarán marcados por tasas de interés internacionales elevadas, un dólar global más fuerte y menores precios para las materias primas, factores que podrían reducir el ingreso de divisas hacia los mercados emergentes. Por eso, los inversores consideran que la acumulación de reservas será una de las variables clave para sostener la estabilidad financiera durante la segunda mitad del año.
Pese a ese cambio de expectativas, los operadores valoran la continuidad del proceso de desinflación y la mejora de algunos indicadores macroeconómicos. Sin embargo, entienden que la volatilidad política y el nuevo escenario financiero obligan a actuar con mayor cautela, en momentos en que el mercado comienza a reposicionar sus carteras frente a un panorama que luce más desafiante que el observado durante el primer semestre.