
Un adolescente de Quilmes quedó bajo investigación luego de manifestar en una conversación con ChatGPT su intención de realizar un tiroteo en su colegio. Según informó Infocielo, el joven incluso evaluaba adelantar el ataque y consultaba sobre la adquisición de vestimenta y equipamiento táctico.
La conversación tuvo una consecuencia que el adolescente no habría previsto: el sistema de detección de la plataforma activó una alerta y el 19 de agosto el agregado jurídico del FBI en la Embajada de Estados Unidos en Argentina comunicó la información a las autoridades locales.
A partir de allí intervino la Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal Argentina, que realizó tareas de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) y análisis de la huella digital hasta localizar la cuenta de correo asociada a las conversaciones y vincularla con un domicilio de Quilmes.
Con la información reunida, la Fiscalía de Responsabilidad Penal Juvenil N°1, a cargo del fiscal Walter Bruno, pidió un allanamiento. La orden fue autorizada por la jueza Miriam Susana Alcolcel, del Juzgado de Garantías del Joven N°1 del Departamento Judicial de Quilmes.
Los efectivos no encontraron armas de fuego ni municiones. Sin embargo, secuestraron dos teléfonos celulares, guantes tácticos, un piluso camuflado, pasamontañas -uno con una calavera estampada- y antiparras de protección negras. Los elementos quedaron bajo resguardo judicial.
El adolescente y sus padres fueron citados a declarar ante la fiscalía y la causa fue caratulada preventivamente como “intimidación pública”. La identidad del menor permanece bajo reserva legal.
El desafío de prevenir antes de que ocurra una tragedia
El caso vuelve a poner en discusión el vínculo entre las nuevas tecnologías, los mecanismos de alerta y la prevención de hechos violentos. En esta oportunidad, una conversación digital permitió activar una cadena de cooperación que involucró a una plataforma tecnológica, organismos estadounidenses, la Policía Federal y la Justicia juvenil argentina.
Pero también plantea interrogantes sobre cómo se articulan esas herramientas con las políticas públicas de prevención y seguridad, especialmente cuando los protagonistas son menores de edad. El objetivo de una intervención de este tipo no es esperar a que exista un ataque, sino detectar señales que permitan actuar antes.
El antecedente reciente muestra que no se trata de un episodio completamente aislado. En febrero, la Policía Federal había desarticulado otra amenaza atribuida a dos adolescentes de 15 y 16 años, residentes en Miramar y La Quiaca. En ese caso, una alerta inicial del FBI derivó en una investigación sobre mensajes de odio, antisemitismo y supremacía racial y en el secuestro de material nazi, municiones y armas blancas.
La investigación de Quilmes vuelve a mostrar, así, que la prevención del delito también se juega en espacios digitales y que la cooperación entre organismos puede resultar decisiva cuando una amenaza todavía no se transformó en un hecho violento.