31.10.2026 / DESIGUALDAD CLIMÁTICA

El 0,1% más rico contamina más que 3.500 millones de personas

El 0,1% más rico del planeta genera más emisiones de carbono que los 3.500 millones de personas más pobres juntas, según un nuevo informe de Oxfam. La investigación advierte además que las grandes fortunas tienen mayor capacidad para protegerse de los desastres y participan de inversiones vinculadas tanto a industrias contaminantes como al creciente negocio de la reconstrucción.





El 0,1% más rico de la población mundial, unas 8 millones de personas, genera más emisiones de carbono que los 3.500 millones de habitantes más pobres del planeta en conjunto. Es una de las principales conclusiones de un nuevo informe de Oxfam sobre la relación entre desigualdad económica y cambio climático publicado en vísperas de la COP31.

Pero el trabajo plantea una conclusión que va más allá de la enorme brecha en las emisiones. Según Oxfam, la riqueza determina también quién puede protegerse mejor frente a inundaciones, incendios, sequías y olas de calor y quién queda más expuesto a perder su vivienda, sus ahorros o sus medios de subsistencia. Y muestra que algunos de los grandes inversores globales tienen intereses tanto en sectores altamente contaminantes como en empresas que participan de la preparación, recuperación y reconstrucción posterior a los desastres.

El 1% más rico y su impacto sobre el calentamiento global

La desigualdad aparece desde el origen mismo del problema. De acuerdo con el informe, una persona perteneciente al 0,1% más rico contribuyó casi 400 veces más a las actuales olas de calor extremas que una persona de la mitad más pobre de la población mundial.

La diferencia sigue siendo enorme incluso ampliando el universo. Oxfam estima que el 1% más rico fue responsable del 20% del calentamiento global registrado desde 1990. Por persona, su contribución fue unas 100 veces superior a la de alguien perteneciente a la mitad más pobre.

El informe busca así cuestionar la idea de la crisis climática como un fenómeno en el que toda la humanidad comparte responsabilidades y consecuencias similares. Las emisiones están fuertemente concentradas y también lo está la capacidad económica para enfrentar sus efectos.

La aviación privada constituye uno de los ejemplos más extremos: según el análisis realizado por Oxfam a partir de datos de seguimiento de vuelos, los jets privados generan en apenas dos segundos más emisiones de carbono que una persona de la mitad más pobre de la humanidad durante todo un año.

Los que menos contaminan sufren las peores consecuencias

La desigualdad se invierte cuando aparecen las consecuencias. Oxfam estima que un solo año de emisiones del 1% más rico terminará provocando 1,9 millones de muertes adicionales relacionadas con el calor. El 78% se produciría en países de ingresos bajos y medios-bajos, pese a que esos países generan apenas el 8% de las emisiones globales.

El impacto económico sigue el mismo patrón. El estudio calcula que las emisiones del 1% más rico provocarán daños cercanos a los 53 billones de dólares para 2050.

En América Latina y el Caribe, la dimensión de la brecha es particularmente significativa. El 0,1% más rico de la región emite 54 veces más dióxido de carbono que una persona promedio, mientras 222 millones de latinoamericanos están expuestos a por lo menos una amenaza climática y 78 millones enfrentan niveles elevados de riesgo por la combinación entre exposición y vulnerabilidad.

El dinero, además, permite comprar protección. Los sectores de mayores ingresos pueden contratar seguros privados, trasladarse a zonas menos expuestas, pagar aumentos en los alimentos o reconstruir su patrimonio después de una catástrofe. Para las familias de menores ingresos, un mismo desastre puede significar la pérdida de la vivienda, los cultivos, el empleo y los ahorros acumulados durante años.

Esa diferencia puede incluso determinar las posibilidades de supervivencia: las muertes provocadas por inundaciones son siete veces mayores en los países con mayores niveles de desigualdad, de acuerdo con los datos recogidos por el informe.

De contaminar a hacer negocios con la reconstrucción

El punto más novedoso de la investigación aparece cuando analiza qué sucede después de las catástrofes. La reconstrucción frente a los desastres climáticos se convirtió también en un mercado global en expansión: Oxfam proyecta que pasará de mover unos 70.000 millones de dólares a 92.000 millones anuales para 2029.

Para estudiar ese fenómeno, la organización elaboró el índice “Destruir y Reconstruir”, que identifica a 217 compañías vinculadas tanto a sectores que contribuyen al calentamiento global como a actividades relacionadas con la preparación, recuperación y reconstrucción después de los desastres.

El informe señala, por ejemplo, que BlackRock y Vanguard tienen inversiones en el 92% de las compañías incluidas en ese índice y que, en conjunto, esas inversiones superan el billón de dólares.

Esto no significa que todas esas compañías provoquen directamente un desastre para luego reconstruirlo. El señalamiento de Oxfam es otro: los grandes portafolios financieros pueden obtener rendimientos de actividades intensivas en carbono y, simultáneamente, estar posicionados en los mercados que crecen como consecuencia de la necesidad de adaptarse y reconstruir frente a los efectos del cambio climático.

Así aparece una nueva dimensión de la desigualdad climática. Una parte de la población mundial tiene una huella de carbono extraordinariamente superior al promedio, dispone de los recursos necesarios para reducir su exposición personal a sus consecuencias y, a través de sus inversiones, puede participar de negocios vinculados a la respuesta frente a esas mismas catástrofes.

Un círculo que profundiza la desigualdad

La conclusión central del informe es que cambio climático y desigualdad no funcionan como dos problemas separados. Se retroalimentan.

Las personas con menos recursos generan muchas menos emisiones, pero disponen también de menos herramientas para resistir un desastre. Cuando pierden su casa, sus cultivos o sus ahorros, quedan todavía más vulnerables frente al siguiente episodio extremo. Mientras tanto, quienes concentran mayores patrimonios pueden absorber las pérdidas, trasladarse, asegurar sus bienes y diversificar sus inversiones.

Por eso Oxfam reclama que los gobiernos graven de manera permanente las grandes fortunas y las empresas de combustibles fósiles, apliquen impuestos especiales a consumos de lujo de altas emisiones como los aviones privados y aumenten el financiamiento climático destinado a los países del Sur Global.

El informe introduce así una pregunta distributiva en el centro de la discusión climática: no solamente cuánto carbono produce la humanidad, sino quién lo produce, quién paga las consecuencias y quién tiene recursos suficientes para convertir incluso esas consecuencias en una oportunidad de negocio.