07.11.2026 / VATICANO · TECNOLOGÍA

Qué dice León XIV sobre la inteligencia artificial y el poder de las tecnológicas

En su encíclica Magnifica Humanitas, León XIV advierte sobre la concentración del poder tecnológico en grandes empresas privadas y reclama controles públicos sobre la inteligencia artificial. El documento cuestiona los monopolios digitales, alerta sobre las consecuencias sociales de los algoritmos y plantea que el desarrollo tecnológico debe estar subordinado a la dignidad humana.



En su encíclica Magnifica Humanitas, publicada el 15 de mayo de 2026, el papa León XIV dedicó una parte central de su reflexión a los desafíos de la inteligencia artificial y sus consecuencias sobre la economía, la democracia y la vida cotidiana. El documento, titulado formalmente Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, constituye una de las principales definiciones del pontífice sobre la transformación tecnológica contemporánea y adquiere especial relevancia en la antesala de su visita.

Lejos de rechazar los avances tecnológicos, León XIV reconoce las oportunidades que ofrecen la inteligencia artificial, la robótica y otras innovaciones para mejorar las condiciones de vida. Sin embargo, advierte que su desarrollo no garantiza por sí mismo una sociedad más justa y que, sin intervención política y controles adecuados, puede profundizar las desigualdades existentes.

El poder de las grandes tecnológicas y los nuevos monopolios

Uno de los planteos centrales de la encíclica es que el poder tecnológico dejó de estar concentrado principalmente en los Estados y pasó a manos de grandes empresas privadas, muchas de ellas transnacionales, con recursos y capacidades superiores a los de numerosos gobiernos.

En ese escenario, el Papa advierte que las compañías que controlan las plataformas, los datos, las infraestructuras digitales y la capacidad de procesamiento también pueden determinar las condiciones de acceso a la información, las reglas de visibilidad y las posibilidades de participación de millones de personas.

El problema, según León XIV, no se limita a la dimensión económica. La concentración tecnológica también supone una nueva forma de poder político, porque quienes diseñan y administran estos sistemas pueden influir sobre las decisiones individuales y colectivas sin estar sometidos necesariamente a mecanismos democráticos de control.

En el apartado 109, el pontífice propone reconocer y cuestionar los nuevos monopolios de la inteligencia artificial. También plantea que la justicia social debe incorporarse desde el diseño de estas tecnologías y no solamente como una corrección posterior de sus consecuencias.

De esta manera, el documento traslada una discusión que habitualmente se presenta como exclusivamente técnica al terreno de la política: quién controla las herramientas digitales, quién establece sus reglas y quiénes quedan excluidos de sus beneficios.

La inteligencia artificial no es neutral

Otro de los puntos centrales de Magnifica Humanitas es el cuestionamiento a la supuesta neutralidad de los algoritmos. León XIV advierte que los sistemas de inteligencia artificial pueden reproducir prejuicios, estereotipos y posiciones ideológicas de quienes los desarrollan, incluso cuando sus resultados se presentan como decisiones objetivas.

La preocupación adquiere especial importancia cuando estas herramientas intervienen en ámbitos como el acceso al empleo, la educación, los servicios públicos o el reconocimiento de derechos.

En esos casos, una decisión automatizada puede perjudicar a una persona sin que exista una explicación comprensible de los criterios utilizados. Para el Papa, el riesgo es que decisiones con consecuencias profundamente humanas queden ocultas detrás de procedimientos informáticos que aparentan imparcialidad.

La encíclica sostiene que no basta con evaluar si una herramienta se utiliza para un fin positivo o negativo. También es necesario examinar cómo fue diseñada, qué información utiliza y qué concepción de la sociedad está incorporada en su funcionamiento.

Desde esa perspectiva, la inteligencia artificial no aparece como un instrumento aislado de las relaciones sociales, sino como una tecnología atravesada por los intereses, las decisiones y las prioridades de quienes la desarrollan y financian.

Regular la inteligencia artificial y discutir quién define sus valores

La encíclica también contiene un planteo sobre la regulación de la inteligencia artificial. León XIV considera insuficiente que las empresas tecnológicas anuncien compromisos éticos o desarrollen sistemas supuestamente alineados con los valores humanos.

El Papa introduce una pregunta adicional: quién define esos valores y con qué legitimidad. En el apartado 107 advierte que, si las reglas morales incorporadas a los algoritmos son determinadas exclusivamente por sus propietarios, las empresas terminarán imponiendo su propia concepción de la sociedad mediante sistemas que funcionan como una infraestructura invisible.

Por eso, reclama marcos jurídicos adecuados, organismos de vigilancia independientes, educación de los usuarios y una mayor intervención de la política. Incluso contempla la posibilidad de desacelerar la adopción de determinadas tecnologías cuando los mecanismos institucionales de control no logren acompañar su velocidad de desarrollo.

El documento también propone que los datos sean considerados bienes de interés colectivo, cuyo aprovechamiento no puede quedar exclusivamente en manos privadas. Esta posición se vincula con un principio histórico de la doctrina social de la Iglesia: el destino universal de los bienes, que León XIV extiende a los algoritmos, las plataformas y las infraestructuras tecnológicas.

El impacto de la inteligencia artificial sobre el trabajo

Las consecuencias laborales de la inteligencia artificial ocupan otro lugar destacado en la encíclica. León XIV advierte que la automatización, cuando está orientada exclusivamente a reducir costos y aumentar beneficios, puede provocar una disminución acelerada de puestos de trabajo, nuevas formas de precarización y una distribución más desigual de los ingresos.

El pontífice reconoce que las nuevas tecnologías pueden liberar a las personas de tareas peligrosas o repetitivas. Sin embargo, cuestiona que los trabajadores deban adaptarse permanentemente a las exigencias de las máquinas, en lugar de que estas sean diseñadas para facilitar su actividad.

También alerta sobre la vigilancia automatizada, la pérdida de autonomía y la desvalorización de capacidades laborales que pueden acompañar la incorporación de estas herramientas.

Frente a ese escenario, León XIV reivindica la responsabilidad de los Estados en la protección del empleo y sostiene que el aumento de la productividad no puede convertirse en el único criterio para evaluar los beneficios de la innovación.

Democracia, información y manipulación digital

El Papa también vincula el desarrollo de la inteligencia artificial con los desafíos que enfrentan las democracias contemporáneas. En particular, advierte sobre la capacidad de los grandes actores tecnológicos para orientar los consumos, influir en la circulación de información y condicionar los procesos democráticos.

La encíclica señala que la manipulación de contenidos, imágenes y videos puede deteriorar la confianza pública y dificultar la construcción de una conversación democrática basada en información verificable.

En ese contexto, la concentración de datos y plataformas adquiere una dimensión que trasciende el funcionamiento del mercado. Las decisiones sobre qué información circula, qué contenidos reciben mayor visibilidad y qué criterios utilizan los sistemas automatizados pueden incidir sobre la formación de la opinión pública.

León XIV propone fortalecer la educación digital, la responsabilidad de las plataformas y las instituciones capaces de garantizar que la transformación tecnológica no debilite los derechos fundamentales.

El costo ambiental y el uso militar de la IA

La encíclica incorpora además dos dimensiones del desarrollo tecnológico que suelen quedar fuera de las discusiones sobre sus beneficios económicos.

La primera es su impacto ambiental. León XIV señala que los grandes sistemas de inteligencia artificial requieren cantidades significativas de energía, agua y recursos materiales. Los centros de datos y las infraestructuras necesarias para sostener los modelos más complejos generan nuevas demandas que deben considerarse al evaluar sus consecuencias.

La segunda es su aplicación militar. El documento advierte que los sistemas de armas dotados de autonomía pueden reducir el control humano sobre el uso de la fuerza y facilitar decisiones letales mediante procedimientos automatizados.

En ese terreno, el Papa sostiene que las decisiones irreversibles sobre la vida de las personas no deben delegarse en sistemas artificiales.