Los países desarrollados aportaron en 2024 apenas US$28.200 millones en financiamiento público internacional para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse a los efectos del cambio climático, una cifra equivalente a menos del 10% de los US$305.000 millones anuales que necesitarán hacia 2035. Así lo advirtió el nuevo Informe sobre la Brecha de Adaptación 2026 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
El documento, publicado a pocos días del comienzo de la COP31 en Turquía, muestra además que el financiamiento prácticamente se estancó: los aportes aumentaron apenas US$1.000 millones entre 2023 y 2024. El PNUMA calcula un rango de entre US$28.200 millones y US$31.700 millones para los flujos públicos internacionales de adaptación durante 2024.
"El mundo no está preparado para adaptarse a las condiciones climáticas actuales, mucho menos a lo que traerá el sobrepaso de 1,5 °C", advirtió Inger Andersen, directora ejecutiva del PNUMA.
Qué significa financiar la adaptación al cambio climático
A diferencia de las políticas de mitigación, destinadas a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las políticas de adaptación buscan preparar a las sociedades para impactos del calentamiento global que ya están ocurriendo o que resultan inevitables.
Esto incluye desde construir infraestructura capaz de resistir inundaciones y proteger ciudades costeras hasta mejorar los sistemas de alerta temprana, desarrollar cultivos resistentes a las sequías, adaptar viviendas a temperaturas extremas o reforzar los sistemas sanitarios frente a nuevas amenazas.
El problema es especialmente crítico para los países en desarrollo. Aunque históricamente contribuyeron menos a las emisiones acumuladas que impulsaron el calentamiento global, muchos cuentan con menos recursos económicos e infraestructura para enfrentar fenómenos extremos cada vez más frecuentes.
El informe del PNUMA sostiene que las necesidades de adaptación de estos países alcanzarán alrededor de US$305.000 millones anuales hacia 2035. Si se tiene en cuenta la inflación futura, la cifra podría acercarse a US$420.000 millones por año.
La brecha actual es, por lo tanto, enorme: tomando como referencia los US$28.200 millones aportados en 2024, faltan alrededor de US$277.000 millones para alcanzar las necesidades anuales estimadas.
La brecha seguirá abierta incluso si se triplica la ayuda
El informe llega además en medio de un debate internacional sobre cuánto deben aportar los países desarrollados para financiar la respuesta climática del mundo en desarrollo.
En la COP30 de Belém, celebrada en Brasil en 2025, los países acordaron impulsar una triplicación del financiamiento internacional destinado específicamente a adaptación para 2035.
Pero incluso cumplir ese objetivo sería insuficiente. Dependiendo de la base utilizada para calcular la triplicación, el financiamiento alcanzaría entre US$85.000 millones y US$120.000 millones anuales en 2035. Ajustado por inflación, cubriría apenas entre el 20% y el 29% de las necesidades estimadas por Naciones Unidas.
El panorama muestra que el problema no se limita al cumplimiento de los compromisos actuales: aun si los gobiernos alcanzaran las metas acordadas, seguiría existiendo una brecha de cientos de miles de millones de dólares.
El PNUMA destacó, sin embargo, algunos avances. Los flujos provenientes de bancos multilaterales de desarrollo y de la cooperación entre los propios países en desarrollo pasaron de US$3.800 millones en 2019 a US$9.600 millones en 2024.
El financiamiento privado también está creciendo, aunque Naciones Unidas estima que podría reducir solamente entre 15% y 20% la brecha correspondiente a las medidas de adaptación orientadas al sector público.
La COP31 vuelve a poner el financiamiento en el centro
El informe fue publicado a pocos días del comienzo de la COP31, que se desarrollará del 9 al 20 de noviembre en Antalya, Turquía.
Uno de los principales debates será cómo traducir los compromisos internacionales de financiamiento en recursos efectivos para los países en desarrollo. En la COP29 de Bakú, las naciones acordaron movilizar al menos US$300.000 millones anuales hacia 2035 para los países en desarrollo dentro del objetivo general de financiamiento climático, que abarca tanto mitigación como adaptación.
La discusión sobre adaptación será especialmente relevante porque el calentamiento global está encaminado a superar temporalmente el límite de 1,5 °C establecido como referencia en el Acuerdo de París.
El propio informe advierte que las pérdidas y daños vinculados con el cambio climático siguen creciendo. En la primera ronda del Fondo para responder a Pérdidas y Daños, los países presentaron solicitudes por US$2.800 millones, frente a una disponibilidad inicial de apenas US$342 millones.
La combinación de mayores temperaturas, eventos extremos más frecuentes y recursos insuficientes amenaza así con ampliar una de las principales desigualdades de la crisis climática: los países con menor capacidad económica para enfrentar sus consecuencias son también los que encuentran mayores dificultades para financiar las obras y políticas necesarias para proteger a su población.