El dispositivo ideológico de La Libertad Avanza transita días de definiciones operativas y reacomodamientos discursivos. En un reciente raid mediático en el que dejó definiciones centrales, el politólogo Agustín Laje trazó un pragmático diagnóstico electoral sobre el futuro del oficialismo y justificó los resortes financieros que sostienen la “batalla cultural” de la ultraderecha.
Sin embargo, la brecha entre el discurso de la "austeridad" y la ingeniería económica de su propia usina de pensamiento vuelve a poner bajo la lupa la transparencia del financiamiento libertario.
El pragmatismo electoral y la sombra de la duda hacia 2027
Sorprendiendo al ala más intransigente del espacio oficialista, Laje reconoció públicamente la necesidad de sumar voluntades por fuera del núcleo duro libertario. Al analizar el mapa político en "tres tercios", señaló: “Uno es mileísta, otro va a ir por la fórmula X del peronismo, y hay un tercio que oscila y ese es el que define”.
En esa línea, admitió las torpezas tácticas del oficialismo hacia los sectores moderados: “A ese tercio a veces el liberalismo lo putea bastante, al tibio del medio, pero después lo necesitás”. Y fue tajante respecto de las elecciones venideras al señalar que, “hoy, como están las cosas, va a hacer falta” tejer acuerdos para asegurar la continuidad del proyecto en 2027.
En esa búsqueda de ampliar la base política, Laje ponderó la incorporación del diputado Diego Santilli al universo oficialista: “Santilli es el puente perfecto entre una cosa y la otra”, afirmó, destacando su llegada para estructurar el armado político formal.
A la hora de evaluar candidaturas, el director de Faro descartó integrar listas: “Hoy entiendo que mi rol primordial es la batalla cultural, que está teniendo gran éxito, y que además mi trabajo en ese terreno involucra a muchos otros países. Aceptar un cargo acá en Argentina implicaría abandonar mucho terreno”.
En tanto, sobre una eventual postulación de la secretaria general de la Presidencia, sugirió cautela para evitar su desgaste: “No sé si sería conveniente desgastar a una estratega de esa magnitud en un cargo político electoral (...) Al final, la especialización es lo que hace a las sociedades grandes y a los individuos importantes también”.
Por otro lado, lejos del dogmatismo discursivo habitual, Laje dejó una definición pragmática al sostener que “la gente no come batalla cultural”, reconociendo la centralidad de los resultados económicos y de seguridad para el electorado.
Multiplicación por 350: el milagro financiero de Faro y todos anónimos
La moderación del discurso táctico contrasta con la acelerada contabilidad del brazo ideológico de La Libertad Avanza. Consultado por el notable crecimiento patrimonial de la Fundación Faro, Laje fundamentó la captación de recursos en las tareas de "fundraising" (recaudación de fondos), entre las que destacó la cena de gala que la entidad organizó con la presencia estelar del presidente Javier Milei.
Sin embargo, los números fríos que la propia organización declaró ante la Inspección General de Justicia (IGJ) reflejan un volumen de dinero difícil de asimilar bajo los parámetros de una ONG convencional, cosa que de hecho
le valió una denuncia:
- Un salto patrimonial astronómico: Entre 2023 (cuando la entidad operaba como Fundación Valorar) y el cierre del ejercicio 2024, el patrimonio neto de la organización saltó de $12 millones a más de $4.394 millones. Un incremento de 356 veces en apenas doce meses.
- Ingresos millonarios: En su primer año bajo el sello Faro, la fundación declaró ingresos por casi $5.000 millones (aproximadamente 4,8 millones de dólares al tipo de cambio oficial de la fecha) en concepto de "donaciones, cursos y talleres".
- Timba financiera: El 99% de los fondos recibidos no se tradujo en una megaestructura operativa ni en gastos de gestión cultural, sino que la mayor parte fue destinada a inversiones en el mercado financiero.
Pese a las exigencias normativas sobre los aportes a fundaciones vinculadas directamente a la actividad política, el origen real de la masa de dinero que financia el aparato ideológico del oficialismo permanece bajo absoluto hermetismo. La IGJ solicitó formalmente el listado de los grandes donantes que financiaron el crecimiento de Faro, pero el organismo rechazó difundir la información amparándose en cláusulas de confidencialidad de la Ley de Prevención de Lavado de Activos.
Mientras desde la usina libertaria se pregona la mística de la "batalla cultural" autogestionada contra las estructuras del Estado, la realidad de los balances contables revela un esquema de financiamiento corporativo con donantes anónimos que colocan excedentes en la especulación financiera. Frente a las crecientes dudas electorales para el 2027, el oficialismo parece haber encontrado en el fundraising de elite la fórmula para garantizar la sostenibilidad de su relato, lejos de la austeridad y del control público.