El dólar volvió a quedar bajo la lupa este lunes después del breve respiro cambiario de la semana pasada. El tipo de cambio mayorista abrió en $1.512, luego de cerrar su primera caída semanal desde mediados de agosto, cuando retrocedió 0,3%, equivalente a $4. La rueda, además, quedó condicionada por el feriado en Estados Unidos, que restringió parte de las operaciones locales.
La atención del mercado se concentró ahora en determinar cuánto puede durar la estabilidad y qué ocurrirá con la demanda de dólares durante los últimos meses del año. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central ubicó la mediana de las proyecciones en $1.530 para septiembre y $1.630 para diciembre. Esta última estimación quedó por debajo de los $1.652 previstos en el relevamiento anterior.
Los contratos de futuros mostraron una expectativa algo más moderada: al cierre del viernes descontaban un dólar mayorista cercano a $1.528 para fines de septiembre y de $1.609 para diciembre. Por el momento, tanto las estimaciones privadas como los precios del mercado anticipan un deslizamiento gradual del tipo de cambio, aunque sin descartar que vuelva a crecer la búsqueda de cobertura.
Otro factor clave será la inflación. El REM proyectó para agosto una suba del IPC del 1,7%, el mismo nivel previsto para la inflación núcleo. Una desaceleración por debajo del 2% podría sostener el atractivo de las colocaciones en moneda local, especialmente mientras las tasas en pesos mantengan un rendimiento superior a la inflación y a la depreciación esperada del dólar.
El Gobierno enfrenta así el desafío de sostener la calma cambiaria después de meses de presión sobre el peso. Con septiembre en marcha, el comportamiento de las tasas y los precios volverá a competir con la dolarización de carteras, mientras el mercado empieza a incorporar en sus cálculos un horizonte político atravesado por las elecciones de 2027.