El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, consiguió este domingo 25 de octubre una histórica reelección al derrotar a Flávio Bolsonaro en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. El líder del Partido de los Trabajadores (PT)
obtuvo el 51,77% de los votos, equivalentes a 64.171.319 sufragios, mientras que el candidato del Partido Liberal (PL) alcanzó el 48,23%, con 59.790.152 votos.
La diferencia fue de 4.381.167 votos, equivalentes a 3,54 puntos porcentuales. Con este resultado, Lula consiguió revertir la derrota que había sufrido en la primera vuelta y se aseguró un nuevo mandato presidencial, que se extenderá hasta el 31 de diciembre de 2030. Será su cuarto período al frente del país, un hecho sin precedentes en la historia política brasileña.
De perder la primera vuelta a ganar el balotaje
La victoria tiene una particularidad que la convierte en uno de los acontecimientos electorales más significativos de la historia reciente de Brasil: Lula logró revertir una elección que había comenzado con Flávio Bolsonaro en primer lugar.
En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro había obtenido el 47,03% de los votos válidos, frente al 45,16% del mandatario brasileño. La diferencia había sido de aproximadamente 2,2 millones de votos a favor del candidato de derecha.
El resultado colocó al oficialismo ante el desafío de recuperar terreno en apenas tres semanas. Para imponerse en el balotaje, Lula necesitaba captar una parte significativa de los votos de los candidatos eliminados y ampliar su respaldo entre los electores que no lo habían acompañado inicialmente.
Las encuestas también mostraban un escenario adverso. El 15 de octubre, Datafolha ubicaba a Flávio Bolsonaro con el 51% de los votos válidos frente al 49% de Lula. Otros relevamientos publicados durante las semanas previas también registraban ventajas para el candidato del PL.
Sin embargo, el resultado de las urnas terminó invirtiendo esa relación. Lula pasó del 45,16% en primera vuelta al 51,77% en el balotaje, mientras que Flávio Bolsonaro no consiguió transformar su ventaja inicial en una victoria presidencial.
El bolsonarismo vuelve a perder una segunda vuelta
La derrota de Flávio Bolsonaro representa un nuevo revés electoral para el movimiento político encabezado por su padre, el expresidente Jair Bolsonaro.
En 2022, Lula había derrotado al entonces mandatario por un margen de apenas 1,8 puntos porcentuales: 50,9% contra 49,1%. Cuatro años después, el presidente brasileño volvió a imponerse sobre el bolsonarismo, aunque esta vez frente a uno de los hijos del exmandatario.
Flávio Bolsonaro, senador por Río de Janeiro, había asumido el desafío de representar electoralmente al espacio político de su padre y mantener unificada a una derecha que llegó a las elecciones con expectativas de regresar al poder.
Su victoria en la primera vuelta había fortalecido esas aspiraciones. Sin embargo, el balotaje volvió a mostrar los límites de la capacidad del bolsonarismo para construir una mayoría nacional frente a Lula.
El resultado también abre una nueva etapa de discusión sobre el liderazgo de la derecha brasileña y el futuro del movimiento político construido por Jair Bolsonaro.
Lula gobernará Brasil hasta 2030
Con su reelección, Lula extenderá su trayectoria presidencial a un cuarto mandato. El dirigente del PT ya había gobernado Brasil entre 2003 y 2010, antes de regresar al Palacio del Planalto en enero de 2023.
El resultado garantiza la continuidad del oficialismo por otros cuatro años, aunque el mandatario deberá enfrentar un escenario político complejo, marcado por la fragmentación parlamentaria, las disputas económicas y la necesidad de construir acuerdos en el Congreso.
La elección también tiene una importante dimensión regional e internacional. Brasil es la mayor economía de América Latina, uno de los principales socios comerciales de Argentina y un actor central en el Mercosur y los BRICS.
La continuidad de Lula tendrá consecuencias para la política exterior brasileña y para las relaciones con Estados Unidos, gobernado por Donald Trump, con quien el mandatario mantiene diferencias en distintos asuntos de la agenda internacional.
Después de una primera vuelta adversa y de encuestas que anticipaban una elección difícil, Lula consiguió revertir el resultado y asegurarse otros cuatro años en el poder. La victoria confirma la continuidad del Partido de los Trabajadores en el gobierno brasileño y abre una nueva etapa en la disputa política con el bolsonarismo.