
Hay pocas historias que condensen mejor las contradicciones del modelo económico de Javier Milei que la de Lumilagro. La empresa fundada en 1941, históricamente reconocida como la única fábrica de termos de vidrio del continente americano, cerró su planta productiva en Tortuguitas, despidió a la mayor parte de su personal y se reconvirtió en importadora de productos asiáticos.
Cuando lo hizo, sus propietarios salieron a defenderlo como una decisión inevitable y hasta virtuosa. Ahora, con las ventas en caída libre, el mercado inundado de mercadería de contrabando y los stocks acumulados sin salida, la empresa volvió a las recorridas por medios a quejarse. El problema, esta vez, ya no es la producción local: es la importación ilegal que compite con su importación legal.
El giro: de la planta a Asia
Presionada por el ingreso masivo de termos de acero inoxidable provenientes de China a precios irrisorios y el avance del contrabando, Lumilagro tomó una decisión drástica: el 60% de sus termos pasaron a ser importados desde Asia, mientras que solo el 40% continuó fabricándose localmente. Este cambio tuvo un costo humano significativo, con una reducción de su plantilla de casi 200 empleados a apenas 70.
"Es re-adaptarse o morir", afirmó Carlos Bender, gerente comercial de Lumilagro, en una entrevista con Infobae. "Es una decisión dolorosa, pero no teníamos alternativa para seguir siendo competitivos", completó.
La polémica en redes: ¿pagarías $100.000 más?
El cierre de la planta no pasó en silencio. La cuenta oficial de Lumilagro en X publicó: "A partir de nuestra reconversión, los 47 millones de argentinos ahora pueden acceder al mejor termo para mate, al mejor precio". Cuando un usuario respondió "pero dejaron a 100 familias sin trabajo", el community manager de la firma contestó: "¿Ustedes qué opinan? ¿Preferirías que los volvamos a contratar y vuelvas a tener que gastar $100 mil pesos de más para conseguir un termo de calidad?".
La publicación se viralizó. El tuit de Lumilagro llegó a las 3,3 millones de visualizaciones y más de 4 mil comentarios en pocas horas. El conductor Jorge Rial fue uno de los que reaccionaron: "Lo que es ser heredero y no haber laburado nunca en su puta vida. Los productos son el reflejo de sus dueños. Cada vez que usas un termi de este Nepobaby te cagas en un trabajador".
Semanas después, Martín Nadler, titular de la empresa y representante de la tercera generación al frente de la compañía, rompió el silencio en diálogo con Luis Majul y volvió a justificar la drástica reducción de personal y el cambio de modelo productivo hacia la importación. Nadler explicó que la salida de los trabajadores respondía a un proceso de modernización tecnológica que, según su visión, hacía prescindible la mano de obra masiva.
El caso Lumilagro según Caputo
La reconversión de la empresa no pasó desapercibida para el Gobierno. El ministro de Economía, Luis Caputo, la exhibió públicamente como un ejemplo de adaptación competitiva: ante la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina, sostuvo que Lumilagro había decidido competir, mejorado su producto, ganado competitividad y que registraba récords de ventas y exportaciones. "La gente se beneficia de comprar un termo mejor a precio más bajo. Eso es lo que genera la competencia", afirmó el ministro.
El presente: ventas derrumbadas y contrabando
Tres meses después del elogio de Caputo, el cuadro que describe el propio gerente comercial de Lumilagro es diametralmente opuesto. Bender alertó por la fuerte caída del consumo y el avance del contrabando en el mercado de termos, al punto de advertir que "pasarán años y años" hasta que se agote el stock que hoy inunda los comercios.
"Aunque se cerraran ahora todas las importaciones y tuviéramos una eficiencia del ciento por ciento, hay una cantidad de contrabando que van a pasar años y años hasta que esos productos 'se desagoten' porque la caída del consumo acompaña el ingreso del contrabando", dijo.
Bender apuntó también a la falta de controles en el comercio minorista: "Todos los que vamos a esos encuentros en los ministerios para explicarles cuáles son las cosas que deben tener en cuenta en las fronteras de nada va a servir si no se hacen controles en los comercios".
La contradicción es difícil de soslayar. La misma empresa que hace tres meses defendió la importación como el camino inevitable para ser competitiva -y lo hizo a costa de 130 puestos de trabajo- denuncia hoy que el mercado está destruido por la importación ilegal. El modelo que el Gobierno presentó como un éxito de la apertura comercial enfrenta ahora el mismo problema que dijo haber resuelto, solo que ahora sin planta, sin trabajadores y sin producción local que defender.