Estados Unidos enfrenta un costo cada vez mayor para financiar su deuda pública, que se aproxima a los US$ 40 billones, en momentos en que las tasas de los bonos del Tesoro de largo plazo se mantienen en niveles elevados. El déficit presupuestario alcanzó en julio los US$ 432.000 millones, un récord para ese mes y el registro mensual más alto desde marzo de 2021.
De acuerdo con los datos del Departamento del Tesoro, el rojo fiscal acumulado durante el actual año fiscal llegó a US$ 1,799 billones, por encima de los US$ 1,775 billones registrados durante todo el ejercicio fiscal 2025, pese a que todavía restan dos meses para completar el período.
El salto de julio estuvo impulsado en parte por un adelanto de pagos de beneficios correspondientes a agosto debido al calendario. Aun descontando ese efecto, el déficit habría alcanzado los US$ 333.000 millones, un 18% más que un año atrás.
El costo de los intereses de la deuda estadounidense
Uno de los principales factores detrás del deterioro de las cuentas públicas es el creciente costo de financiar la deuda. Solamente durante julio, el gobierno federal destinó US$ 118.000 millones al pago de intereses, unos US$ 26.000 millones más que en el mismo mes del año anterior.
En el acumulado del año fiscal 2026, el gasto por intereses ya ronda los US$ 1,17 billones, una magnitud que ubica el servicio de la deuda entre los mayores componentes del presupuesto federal.
La presión también aparece en el mercado de bonos. Los rendimientos de los títulos del Tesoro a largo plazo se encuentran alrededor del 5% y las últimas subastas de deuda a 10 y 30 años alcanzaron niveles que no se observaban desde hacía décadas.
El rendimiento de los bonos a 30 años llegó a ubicarse alrededor del 5,2%, mientras los inversores evalúan la persistencia de la inflación, la trayectoria del déficit y la creciente cantidad de deuda que Washington necesita colocar para financiar sus obligaciones.
El fenómeno genera una dinámica cada vez más costosa: cuanto mayor es la deuda que debe refinanciarse a tasas elevadas, mayor es la partida presupuestaria necesaria para pagar intereses.
El déficit fiscal de Estados Unidos sigue creciendo
El déficit acumulado hasta julio alcanzó los US$ 1,799 billones, frente a los US$ 1,775 billones de todo el año fiscal anterior. Los ingresos federales de julio, además, cayeron un 1% interanual hasta los US$ 334.000 millones, mientras los gastos llegaron a US$ 766.000 millones.
Entre los factores que afectaron la recaudación aparecen los ingresos negativos por aranceles, después de las devoluciones realizadas tras el fallo de la Corte Suprema que invalidó los gravámenes de emergencia establecidos en 2025.
El problema fiscal estadounidense es además estructural: el gobierno continúa registrando déficits elevados incluso sin atravesar una recesión profunda, mientras el crecimiento de la deuda obliga al Tesoro a emitir cada vez más títulos.
La combinación entre déficit, deuda y tasas elevadas se convirtió así en uno de los principales desafíos económicos de Washington: no sólo aumenta el volumen de obligaciones sino también el precio que debe pagar el Estado para refinanciarlas.
Los hogares estadounidenses también acumulan US$ 18,8 billones de deuda
El endeudamiento no se limita al sector público. Según los últimos datos de la Reserva Federal de Nueva York, la deuda de los hogares estadounidenses se ubicó en aproximadamente US$ 18,8 billones durante el segundo trimestre de 2026.
El total disminuyó levemente, unos US$ 13.000 millones, aunque la baja estuvo influida por modificaciones temporales en la información sobre hipotecas. Al mismo tiempo, algunas categorías continuaron creciendo.
La deuda de tarjetas de crédito aumentó en US$ 21.000 millones hasta US$ 1,26 billones, cerca de sus máximos históricos, mientras los saldos de préstamos para automóviles alcanzaron aproximadamente US$ 1,71 billones.
El 4,7% de la deuda de los hogares se encontraba en algún grado de mora al cierre del trimestre. La situación contrasta con la de las cuentas públicas: mientras el endeudamiento de las familias se mantiene relativamente estable en términos agregados, la deuda federal y el costo de financiarla continúan aumentando.
Una deuda cada vez más cara de refinanciar
La evolución de las tasas será determinante para las cuentas públicas estadounidenses. Una reducción de los rendimientos podría aliviar gradualmente el costo de refinanciamiento, mientras que una permanencia prolongada de las tasas en los niveles actuales obligaría al Tesoro a reemplazar deuda vieja por nuevos títulos considerablemente más caros.
El problema no depende únicamente de cuánto debe Estados Unidos, sino de cuánto cuesta sostener esa deuda. Con obligaciones cercanas a los US$ 40 billones, déficits anuales de varios billones y pagos de intereses que ya superan el billón de dólares durante el actual ejercicio fiscal, el servicio de la deuda ocupa una porción creciente del presupuesto federal.