Doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), docente e investigador de la Universidad de Buenos Aires (UBA), [nombre del entrevistado] se especializa en el estudio de los liderazgos presidenciales y las dinámicas políticas de América Latina. Dirige el Observatorio de Liderazgo Político de América Latina (OLPAL) de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y es coautor, junto a Santiago García,
del libro Liderazgos en su laberinto. Cómo ejercen el poder los presidentes latinoamericanos, una investigación sobre los recursos de poder que utilizan los mandatarios de la región para sostenerse en el gobierno.
En diálogo con
Política Argentina, analiza por qué algunos presidentes logran consolidar su liderazgo mientras otros atraviesan crisis que ponen en riesgo su continuidad, qué diferencias existen entre las estrategias de poder de la derecha y el progresismo y cuál es el papel de Estados Unidos en el fortalecimiento de las nuevas ultraderechas. Además, propone una lectura sobre los cambios políticos que atraviesa América Latina: más que una sucesión de giros ideológicos hacia la izquierda o la derecha, sostiene que la región experimenta un ciclo de creciente descontento electoral y derrotas de los oficialismos.
¿Por qué consideran que el ejercicio del liderazgo presidencial es la pieza clave para entender el éxito o el colapso de un gobierno en Sudamérica?
El liderazgo presidencial es la puerta de entrada por varios factores. En primer lugar, porque sino es muy difícil de explicar por qué, con un mismo escenario institucional - por ejemplo, Argentina -, tenés liderazgos tan polares como los casos de Alfonsín y De la Rúa, que no terminan su mandato, y el de Menem y Cristina Fernández de Kirchner, que no solo lo terminan, sino que lo extienden. Lo mismo pasa en Brasil: tenés dos mandatos, el de Collor de Mello y el de Dilma Rousseff, que no terminan su mandato, y tenés quienes lo extienden, como Cardoso, la propia Dilma e incluso Lula. Entonces, en un mismo escenario institucional tenés casos polares: presidentes débiles que no terminan su mandato y presidentes fuertes que lo terminan.
Si no hay cambios en la arena institucional ni en la dinámica política e institucional, el factor que da el cambio, la transformación o la variable que muta es el liderazgo presidencial. Por eso hay que mirar el liderazgo presidencial, más en los países sudamericanos, donde tiene un peso mucho más específico y más grande que el que tiene en una democracia altamente institucionalizada, como puede ser la de los países del primer mundo, donde la potencia de las reglas y las leyes tiene un peso mayor. En Sudamérica, las reglas no escritas y las leyes se cumplen parcialmente.
¿En qué sentido no se cumplen?
Fíjate que tenemos un decreto en Argentina que es una nueva Constitución prácticamente, al comienzo del gobierno actual. Sin embargo, la Corte Suprema ni siquiera le da credencial de constitucionalidad o no. Esto es una baja institucionalización. Es un ejemplo clásico y podemos dar miles: no solo el mandato de Milei, sino el mandato de Macri, los mandatos de Cristina o hasta el propio mandato de Alberto Fernández.
Ante una arena institucional tan frágil y débil, el liderazgo presidencial es el que explica la fortaleza, la debilidad y el devenir político, ya sea positivo o negativo. Por eso creemos que el liderazgo presidencial es la variable explicativa fundamental, al menos en nuestra región sudamericana o latinoamericana.
¿A qué se refieren con la idea de "recursos de poder"? ¿Qué recursos tiene un presidente latinoamericano?
"Recursos de poder" es la forma académica que tenemos de operacionalizar la variable de liderazgo. ¿Cómo sabemos si un liderazgo es estable o inestable, si en términos predictivos puede reelegir o si puede caer y no terminar su mandato? ¿Qué elementos tenemos para saber si esa estabilidad o inestabilidad lo puede llevar a un mandato tranquilo o turbulento?
Tenemos un marco teórico que es el de los recursos de poder.
El recurso de poder tiene que ver con cuánto poder tiene un presidente. Los recursos de poder que un presidente tiene pueden ser institucionales, y con institucionales nos referimos a una vasta cantidad de subrecursos: ostentar o no una mayoría legislativa, una mayoría de gobernadores o de alcaldes e intendentes de su propio partido; el control o no del Poder Judicial o de la Corte Suprema de Justicia (es decir, si puede nombrar miembros, si la Corte es opositora u oficialista, etc.); y las Fuerzas Armadas. Son cuestiones muy cualitativas y finas, pero que marcan cuánto poder tiene un presidente. Lo mismo ocurre con los recursos sociales. Lo social remite a las relaciones que el presidente tiene con empresarios, sindicatos, empresarios de medios, movimientos sociales, derechos humanos, la Iglesia, los evangélicos en Brasil. O, yendo a extremos como en Colombia o en general en América Latina, los grupos ilegales como los carteles del narcotráfico, los paramilitares o las guerrillas. Todo eso tiene que ver con los recursos sociales.
¿Qué otro tipo de recursos encuentran?
Los recursos financieros: cuánto un presidente puede conseguir en préstamos o ayudas internacionales, nacionalizaciones, estatizaciones o privatizaciones; cuántos recursos tiene en divisas para hacer política. Los recursos de apoyo popular ciudadano miden cuánto apoyo tiene a partir de tres elementos: lo electoral, la popularidad y los movimientos en favor del presidente cuando está débil y el movimiento social o popular acude en su apoyo (o lo contrario, cuando se activa en su contra para derribarlo). El recurso internacional es clave: la relación con las potencias extranjeras como Estados Unidos, Rusia, China, etc. Por último, la estrategia política tiene que ver con lo que el presidente puede hacer para crear nuevos recursos, crear más poder y empoderarse a sí mismo.
Esa es la forma de operacionalizar y medir cómo está un liderazgo para establecer si hay estabilidad o inestabilidad, fortaleza o debilidad, y sus posibilidades de mantenerse en el gobierno.
¿Ejerce la derecha esos recursos de una manera distinta a los liderazgos progresistas?
En general sí, aunque depende del liderazgo de derecha y del progresista. Los liderazgos de derecha, y sobre todo los de ultraderecha en este contexto actual, tienen recursos muy importantes en un país sudamericano. En términos institucionales, el recurso de las Fuerzas Armadas es importante. Por ahí en Argentina no tanto, pero en el resto de los países sí: Colombia, México, Venezuela, Brasil, Bolivia, Chile. Es un poder que suele amoldarse mejor o tener mejor convivencia con los gobiernos de derecha o de ultraderecha porque necesitan de la fuerza represiva para consolidar sus modelos neoliberales y desiguales que buscan una ausencia del Estado en la economía.
Otro recurso importante en esta etapa es la embajada de Estados Unidos o "Trump", un recurso internacional muy importante que todos los líderes de ultraderecha tienen. ¿Qué hubiese sido de Milei si Trump, a una semana de la elección legislativa del año pasado, hubiese dicho "no te puedo prestar plata"? Fíjate qué importante es ese recurso internacional. Lo mismo para el recurso social empresarial: la ultraderecha congenia claramente con los empresarios, sobre todo de medios de comunicación. Aunque a veces los presidentes sudamericanos (como el caso de Milei) suelen ser refractarios a los periodistas, a los dueños de los medios no suelen importarles tanto las formas.
¿Y en el caso del progresismo?
El progresismo hace uso de otros recursos: las mayorías legislativas para cambiar el texto constitucional o la legislación en aspectos neurálgicos de la agenda de gobierno; los sindicatos, los movimientos sociales contestatarios y parte de los empresarios pymes orientados al mercado interno; y el apoyo popular ciudadano que les permite reelegirse o movilizarse en su defensa. De todas maneras, no están exentos: ni los de ultraderecha de usar la movilización, ni los progresistas de usar recursos militares (como Chávez en Venezuela).
En Sudamérica las dinámicas son muy especiales y las fuentes extrapartidarias explican casi todo de la dinámica política real. Los liderazgos de ultraderecha tienen afinidad con algunos recursos por las lógicas de sus agendas, y los progresistas hacen uso de otros.
En el debate sobre si hay un giro a la derecha o si son los oficialismos los que pierden en la región, ¿dónde te ubicás?
Me ubico en el segundo. Es algo que vengo siguiendo y debatiendo en los congresos de ciencia política desde 2018. En 2018, si uno miraba la cartografía electoral latinoamericana, veía que ganaba Macri en Argentina, Piñera en Chile, Maduro perdía la legislativa en Venezuela, Evo Morales perdía la reelección, Centroamérica se llenaba de gobiernos de derecha, Colombia se consolidaba con Uribe-Santos. Uno decía "la región se pinta de color neoliberal", pero también convivían triunfos de Maduro, Ortega o el Frente Amplio, y aparecía AMLO en México. Si desmenuzabas, lo que más advertías era la derrota de los oficialismos. A partir de 2019 la cosa cambió: ganó Alberto Fernández en Argentina, Arce en Bolivia, Castillo en Perú, Petro en Colombia, Boric en Chile, Xiomara Castro en Honduras, y los analistas dijeron "hay un giro a la izquierda".
Más que un giro, lo que existían eran triunfos opositores. Y ahora es lo mismo: la moda es decir que hay un giro a la ultraderecha.
¿Hay un giro a la ultraderecha?
Si mirás desde 2015 (desde Macri) hasta la elección de Bolsonaro, de 44 elecciones, en el 58% ganaron fuerzas conservadoras/neoliberales y en el 42% fuerzas progresistas. Pero
el dato real es que el 70% de las elecciones las ganaron propuestas opositoras (30 de las 44). Hay un signo de disconformidad muy grande de los electorados latinoamericanos con sus gobiernos de turno. Desde 2015 tuvimos presidentes que fueron por la reelección y no la lograron: Macri en 2019 y Bolsonaro en 2022 y puede ser Lula en 2026. Eso no ocurrió nunca antes en América del Sur. Las reformas constitucionales se hacen para que los presidentes reelijan; cuando no reeligen es porque hay un problema de disconformidad y los oficialismos la tienen muy complicada. Eso es lo que caracteriza al tiempo histórico 2015-2026: las derrotas oficialistas.