Víctor Taricco: “por fuera de las plataformas hay temas relevantes que movilizan”
El especialista en comunicación política Víctor Taricco analizó el auge de las nuevas derechas, el papel de los algoritmos y la crisis de representación de los partidos tradicionales.
Víctor Taricco, profesor de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y coordinador académico de la Diplomatura en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales, coordinó la publicación del libroLa comunicación política en disputa, una obra colectiva que analiza las transformaciones de la comunicación política en un escenario marcado por el avance de las plataformas digitales, la polarización y las nuevas formas de construcción del sentido político.
En diálogo con Política Argentina, Taricco reflexionó sobre el auge de las nuevas derechas, el papel de los algoritmos en la radicalización del debate público y las dificultades de los partidos tradicionales para representar las demandas sociales. Según su análisis, las fuerzas de ultraderecha encontraron en las plataformas digitales un terreno favorable para profundizar el malestar social, mientras que la política enfrenta el desafío de reconstruir espacios de encuentro, conversación y organización por fuera de las redes.
¿Cómo logra la comunicación política contemporánea que el uso de la fuerza o la persecución estatal se vuelvan aceptables para la sociedad?
En principio, no sé si es la comunicación política la que logra eso, sino que hay algo en la época, en la etapa actual del capitalismo y del fracaso de la democracia, que logra eso. Quiero decir, hay condiciones de vida muy exacerbadas después de la crisis de las subprime del 2008 y de la pandemia que favorecen la expansión de ciertas ideas autoritarias y el “guerrerismo” o el imperialismo como solución a los conflictos. Esto lo trata muy bien Ezequiel Ipar en el libro que publicamos, La comunicación política en disputa, que son un poco las condiciones materiales que permiten que estas ideas antidemocráticas y “anti consensualistas” avancen y se impongan a nivel global. Quiero decir, me parece que no podemos pensar que Milei, Trump o Bolsonaro son productos de la comunicación política, sino que son el producto de ciertas condiciones histórico-políticas que permiten que planteos de ese nivel de disrupción y tensión fuerte con la democracia tengan un lugar de aceptabilidad. En el marco de estas condiciones histórico-políticas, la comunicación política para estas fuerzas sí cumple un rol importante porque se dedica a exacerbar ciertos malestares.
¿De qué manera?
No es un malestar, al menos en lo que nosotros llamamos la derecha algorítmica, que busque una solución vía cambio de régimen o vía cambio de gobierno, sino que es una política de comunicación que busca que perdure el malestar como síntoma cotidiano. Ese malestar cotidiano lo que produce es que no hay salida. Está ese dicho de que es más fácil pensar el fin del mundo que el fin del capitalismo; hay un malestar permanente y cotidiano que se establece como un presente continuo que lo que genera es que ideas como las anti migratorias o anti grupos sociales tengan cabida porque aparece un culpable necesario para salir de ese malestar. No se busca una salida política, sino que se busca una culpabilización.
¿Qué significa una culpabilización?
Esta culpabilización es exacerbada por estas nuevas derechas para lograr objetivos políticos, pero es un síntoma que se produce en el fracaso de proyectos políticos que no lograron concretar sus promesas políticas. El caso de Alberto Fernández y Milei me parece que es muy claro: un gobierno que viene a presentarse y a promover una reparación de la falla del gobierno de Macri y no logra cumplir con sus promesas, generó las condiciones para que emerja un discurso antipolítico duro que logra llegar al gobierno y en el que permanece esta idea de malestar. El malestar es como un cotidiano para todos nosotros hoy por hoy, y no aparece como salida más que el sacrificio, más que la crueldad. Ahí hay síntomas de época, para decirlo de alguna manera, y hay exacerbación política a través de la comunicación de esos síntomas de época.
¿Cómo se les disputa el sentido a las derechas radicalizadas sin caer en su propia lógica de confrontación?
Ahí me parece interesante pensar que probablemente las nuevas derechas o derechas radicalizadas encuentran en la “plataformización” general del espacio público condiciones que les son muy favorables. La lógica de las plataformas, esta lógica que articula datos, algoritmos y plataformas, está constituida sobre un pensamiento rápido, una reacción, una exacerbación de climas que es muy favorable para estos discursos. Lo que garpa en el algoritmo es la pelea; lo que garpa en el mundo de las plataformas es lo estridente. Esa correlación formal entre discurso de la derecha y lógicas de las plataformas que siempre están organizadas para retener dentro de la plataforma, porque las plataformas no están organizadas para que crezca la nueva derecha, sino que están organizadas para retener al público dentro de la plataforma a través de una modelización escandalosa, para decirlo de alguna manera - es clara. Creo que lo importante es salir de ahí, no persistir en esa lógica escandalosa, esa lógica de la solución fácil, esa lógica de la confrontación. Me parece que el desafío es salir de esas lógicas y probablemente también salir de las plataformas para recomponer una comunidad política que sea capaz de pensar al mundo, al país y a la sociedad desde otra temporalidad.
¿Cómo se hace?
Hay una temporalidad de las redes, veloz, estridente, que necesariamente demanda una ruptura para pensar algo diferente. Eso como en términos ideales. Luego, por supuesto, hay una hibridación: todos nosotros vivimos un poco en las redes y un poco fuera de las redes. Me parece que el desafío de la política es construir una hibridación productiva frente a esta lógica algorítmica que favorece tanto a las nuevas derechas. Recuperar la calle, recuperar la reunión, recuperar la conversación, recuperar el encuentro me parece que son como puntos clave para empezar a pensar una alternativa a estas derechas.
Con partidos tradicionales convertidos en cáscaras vacías y algoritmos que premian la reacción, ¿qué margen tiene la política para generar debates convocantes?
Bueno, me parece que es perfecta la caracterización de los partidos como cáscaras vacías porque es real, es cierta, y hay algo de ese vacío que necesariamente hay que llenar. Creo que repensar o reponer a los partidos políticos como espacio de discusión, como espacio de debate y como espacio de encuentro es una forma de recuperar esos instrumentos de organización y de construcción de poder - que para eso existen los partidos políticos - en pos de proyectos superadores de la realidad actual. Muchas veces hablamos de los clubes como espacio de encuentro, la necesidad de sostener los clubes de barrio como espacios comunitarios, pero los clubes de barrio son espacios de esparcimiento, no son espacios de la práctica política. Los espacios de la práctica política son los sindicatos, son los partidos políticos, pueden ser las organizaciones de la sociedad civil. Pero necesariamente, para que esto vuelva a ser productivo, hay que volver a llenar esos espacios de gente, y llenarlo de gente quiere decir que hay que promover espacios de debate y de conversación. Se multiplican los espacios de debate y conversación; no es que no hay, hay un montón de espacios de debate y conversación. Hay revistas que organizan debates, hay universidades que organizan encuentros, hay charlas, hay congresos, hay de todo dando vueltas. Lo que no existe, lo que no encontramos son partidos políticos siendo parte de estas conversaciones existentes, realmente existentes. Entonces, me parece que el desafío del partido político es poder volverse parte de este debate, promover salidas para estos debates, tratar de conducirlos políticamente y legítimamente, pero asumiéndose como parte de eso, no como un exterior a la conversación pública. Hoy da la sensación de que existe una multitud de gente que se moviliza en defensa de los derechos de la diversidad sexual, que se moviliza en contra de la Ley de Tierras, que se moviliza por la memoria del 24 de marzo y que no hay partido político que pueda conducirlo o que pueda representarlo. Estamos como en un momento de movilización sin conducción política. Entonces, el vacío del partido político tengo la sensación de que es más responsabilidad de los partidos políticos y de las estrategias que se proponen hacia la sociedad civil, hacia la clase trabajadora, el pueblo que una distancia de los sectores populares, que también existe.
¿Cómo evaluás esta situación de la comunicación política actual en la coyuntura política argentina?
Nosotros hace un mes más o menos publicamos desde la Diplomatura en Comunicación Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA un informe que se llama Lo que viraliza no convence, que tiene dos hallazgos fundamentales. El primero es la detección de una porción significativa del electorado, más o menos un 44%, que no se identifica ni con La Libertad Avanza ni con el peronismo. Esa no identificación no es un centro político, no es una moderación y tampoco es un espacio antipolítico. Es un espacio centralmente decepcionado: decepcionado de la experiencia de Milei y decepcionado de la última experiencia peronista. Esa decepción anula, para decirlo de alguna manera, las narrativas con las que se construyeron esos dos triunfos: cierta épica que venía a resolver y a recuperar lo mejor del kirchnerismo en el gobierno de Alberto Fernández y la narrativa anticasta del gobierno de Milei. Esos dos discursos, así como están, no funcionan más, no convocan más ni generan adhesión política. Ni la épica vacía ni el discurso agresivo anticasta de Milei. Lo que exige la mayoría de las personas de este 44% es una austeridad emocional y un discurso concreto sobre problemas concretos; soluciones concretas a los problemas concretos.
¿Qué significa eso?
Es interesante estos hallazgos porque son lógicas contrarias a las de los algoritmos, porque si la viralización se consigue por el escándalo, por la tensión, por la disputa, no encuentra esa viralización - que probablemente funciona mejor sobre los sectores ya convencidos, hoy probablemente una pieza que se viraliza es porque está empujada por sectores que ya están dentro de algunos de los dos sectores mayoritarios -, pero en este sector que busca convencimiento, es decir, que es un sector que está buscando una opción política, no se guía por esos términos. No quiere ni estridencia ni quiere figuras retóricas de la política tradicional, sino que está buscando representaciones específicas para problemas concretos y que sean además puestas en escena por personas que lo vivan realmente, por una mediación de la sociedad civil antes que una mediación de la política. Entonces, si vos me preguntás cuál es la tarea de la comunicación política hoy pensada desde un espacio político que busque una superación de la experiencia de Milei, es recuperar en principio una agenda de temas que sea la que realmente tiene una conexión real con los problemas de las personas: endeudamiento, la cuestión de la soberanía que apareció en agenda. Pensemos cómo apareció la cuestión de la soberanía: aparece a través de una bandera arrojada en un campo de fútbol. Quiero decir, hay signos muy claros de que por fuera de las plataformas hay temas relevantes que movilizan y que pueden construir, entiendo yo, una agenda política de futuro.