20.04.2026 / DESPEDIDA

Murió Luis Brandoni: cine y legado de un militante de la cultura que deseó ser "el actor argentino"

El reconocido actor murió a los 86 años tras permanecer internado por un accidente doméstico. Deja una extensa trayectoria en teatro, cine y televisión, además de un fuerte legado por su compromiso con la actividad sindical y cultural argentina.

por Abril Terenghi Goy





El mundo artístico amaneció este lunes con la dolorosa noticia de la muerte de Luis Brandoni a los 86 años, tan solo dos días después de cumplirlos, luego de pasar varios días internado en el Sanatorio Güemes por un accidente doméstico que complicó su salud. El mítico actor se dio el lujo de morir como vivió: haciendo teatro.

Brandoni nació en Dock Sud, en 1940. Su trayectoria teatral se inició en 1962 con la comedia musical El novio y se mantuvo ininterrumpida hasta el final de sus días, consolidándose como una figura central de la escena nacional argentina. Se destacó en obras como Art, Made in Lanús, Parque Lezama, producción de Juan José Campanella en la cual trabajaba junto a Eduardo Blanco antes de fallecer. Además, participó de varias ficciones televisivas.

Después de atravesar algunos episodios que lo dejaron bajo observación médica, como el de finales de 2025 que lo llevó a cancelar funciones en el Teatro Liceo, el pasado 11 de abril sufrió una caída en su hogar que resultó fatal gracias un golpe en la cabeza que le provocó un hematoma subdural.



MILITANCIA 

El mejor de nuestro cine no era progresista, ni socialista, ni mucho menos peronista -como lo pueden haber sugerido sus múltiples roles en la piel de subversivos y revolucionarios- sino que fue un ferviente radical. Sin embargo, ese rasgo no lo inhabilitó a ser un partícipe entusiasta de un gremio que lo encontró amando el cine y el teatro nacional, con la idea de impulsar la cultura argentina como estandarte. Más bien, se consagró como un referente de la esfera artística al frente de la Asociación de Actores Argentinos entre los años 1972 y 1983, con un exilio mediante en 1974 a raíz de amenazas que lo devolvieron a la actividad sindical a su regreso, un año después; y una segunda gestión como Secretario General entre 1996 y 1997.

Pese a sus dichos y a algunas cuantas decisiones con las cuales marcó distancia del sindicato al cual dirigió en sus primeros años como actor, es inevitable pensar a Luis Brandoni como el más nuestro dentro de nuestra tradición cinematográfica. En ese poner el cuerpo que el oficio exige, su nivel de entrega logró conmover a decenas de espectadores. Anarquistas, conservadores, exiliados, nostálgicos, más fachos, más humanos: sus papeles motivaron lágrimas, risas, bronca pero, mayormente, el genuino reconocimiento de una “forma de ser del argentino” nacido y criado en el conglomerado urbano.

Sus polémicas intervenciones públicas en los últimos años, como cuando incumplió el aislamiento durante la pandemia por COVID-19 en 2020 y hasta cuando fue precandidato para el Mercosur por Juntos por el Cambio (entonces una alianza entre sectores de derecha y figuras más permeables de la UCR), no nublaron el cariño de sus colegas, quienes lo recuerdan como un hombre “de temperamento”.

“Era de opinión elevada, no se quedaba callado”, contó Ricardo Darín esta mañana tras conocerse la noticia de su fallecimiento. Si bien, mencionó cruces que lo llevaron incluso a no tomar contacto al fallecer Alejandra, su hermana y presidenta de la Asociación de Actores Argentinos durante trece años, el actor admitió que “tuvo gestos maravillosos, y también de los otros”, pero que los primeros prevalecen. “Hizo un gran trabajo sindical”, reivindicó.

Precisamente, su labor le valió una huída a México en 1974 cuando la Triple A lo amenazó de muerte. En 1976, ya de regreso en Argentina, a la salida del Teatro Lasalle junto a su esposa de ese entonces Marta Bianchi y un grupo de actores, una patota liderada por el represor Aníbal Gordon los interceptaron y, luego de vendarles los ojos, los trasladó al centro clandestino de detención Automotores Orletti en el barrio de Floresta. Allí, fueron amenazados y violentados durante varias horas hasta que, gracias a una comunicación radial, fueron liberados cerca de sus domicilios bajo la perversa advertencia de que “volvían a nacer”.

En una entrevista que concedió a El Destape en 2023, relató que en México trabajó, aunque “no fue fácil”. “Tuvimos la suerte (con Marta Bianchi) de salir con vida de Automóviles Orletti”, recordó el actor, que además mencionó la “ayuda del general Arturo Corbetta”, militar señalado como “legalista” durante la última dictadura militar.

CINE Y LEGADO 

Su cine fue, con o sin intención, especialmente político. Su trayectoria atravesó una amplísima variedad de personajes entrañables. Algunos de ellos supieron encarnar la dicotomía del dolor y la alegría de ser argentino, el orgullo del que nació en un barrio y la nostalgia de quien no puede irse completamente de él -como en Made in Argentina (1985), De mi barrio con amor (1996) y La Odisea de los Giles (2019). También, papeles dramáticos con grandes gestos de humanidad, como se apreció en Darse Cuenta (1984), La Tregua (1974) o El verso (1996); luchadores, insurrectos y agitadores como en La Patagonia rebelde (1974), Mi gran obra maestra (2018) y Parque Lezama (2025).





Pero también, logró ponerse en la piel de cínicos y conservadores, como el recordado Tío Antonio en Esperando la Carroza (1985) o como el papá de Andrea del Boca en Cien veces no debo (1990).





No por nada, en 2025 Brandoni fue declarado Ciudadano Ilustre por la Legislatura porteña, la misma en la que se realizará su velorio esta tarde, el cual prevé extenderse hasta pasadas las 22. Sus restos, se trasladarán el martes al Panteón de los Actores en el Cementerio de la Chacarita.

Su obra estuvo atravesada por un deseo estelar: el de ser un actor de insignia nacional, reconocido por trabajo en la tierra que lo vio nacer. Tal es así, que en una de sus últimas entrevistas a La Nación, eligió titular a la hipotética obra de su vida “Beto Brandoni: el actor argentino”. Por eso y mucho más, su influencia no solo quedará plasmada en el recuerdo, como anheló en aquel diálogo, sino también en el legado que inmortalizó una generación.