
Como si la crisis política desatada alrededor del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, no fuera suficiente, el Gobierno nacional sumó un nuevo frente de conflicto interno. La histórica tensión entre Javier Milei y Victoria Villarruel volvió a escalar en las últimas horas y amenaza con trasladarse a uno de los actos institucionales más importantes del calendario patrio: la celebración por el Día de la Bandera en Rosario.
Definitivamente corrida del núcleo de poder libertario, la vicepresidenta parece haber abandonado la estrategia de bajo perfil que sostuvo durante buena parte de su gestión al frente del Senado y comenzó a adoptar una postura mucho más confrontativa hacia el Presidente y, especialmente, hacia el entorno que conduce Karina Milei.
El acto central tendrá lugar este sábado en Rosario y contará con la presencia del gobernador santafesino, Maximiliano Pullaro. Allí podría producirse una nueva postal de la fractura interna que atraviesa al oficialismo. Desde el entorno de Villarruel dejaron trascender su intención de asistir a la ceremonia, aunque reconocen que todavía no recibieron una invitación formal y desconocen quién estará a cargo del protocolo: si la Secretaría General de la Presidencia o el gobierno provincial.
Lejos de mostrarse preocupados por una eventual incomodidad institucional, en el Senado eligieron redoblar la apuesta. "Que se la cruce de frente", deslizaron desde el entorno de la vicepresidenta al ser consultados sobre un eventual encuentro con Milei. En la Casa Rosada, en cambio, sostienen una posición tajante: no tienen previsto convocar a Villarruel a los actos oficiales organizados por el Ejecutivo porque consideran que "no forma parte del Gobierno".
La decisión mantiene la línea que Karina Milei viene sosteniendo desde hace más de dos años. La secretaria general de la Presidencia ya había excluido a la titular del Senado del Tedeum del pasado 25 de mayo en la Catedral Metropolitana, una determinación que profundizó aún más el distanciamiento entre ambas dirigentes. En el entorno de Villarruel no ocultan su malestar y responsabilizan directamente a la hermana presidencial por la ruptura definitiva entre los dos principales socios electorales que llevaron a La Libertad Avanza al poder. Pero el enfrentamiento ya excede los gestos protocolares.
La vicepresidenta decidió involucrarse de lleno en una de las principales preocupaciones políticas que hoy enfrenta el oficialismo: la situación de Manuel Adorni. Días atrás, firmó una nota dirigida al jefe de Gabinete exigiendo su inmediata presentación ante el Senado para cumplir con el informe de gestión previsto en el artículo 101 de la Constitución Nacional. "Esta obligación es al menos una vez por mes, sin embargo el jefe de Gabinete Adorni no lo hace desde que asumió en noviembre de 2025", cuestionó la titular de la Cámara alta.
La ofensiva parlamentaria se profundizó este miércoles, cuando Villarruel tuvo un rol central en la convocatoria a labor parlamentaria, donde los bloques opositores buscarán avanzar con la interpelación del funcionario y eventualmente impulsar una moción de censura que podría derivar en su remoción. Frente a ese escenario, la Casa Rosada puso en marcha un operativo de contención con gobernadores y sectores de la oposición dialoguista para intentar evitar que prospere la iniciativa. El objetivo es conseguir abstenciones y ausencias que impidan alcanzar el número necesario para desplazar a uno de los dirigentes más cercanos a Karina Milei. La vicepresidenta, además, viene utilizando las redes sociales como una nueva herramienta de confrontación.
Luego de que Adorni presentara su demorada declaración jurada, compartió en Instagram un meme protagonizado por el conductor Silvio Soldán sosteniendo un pendrive y acompañado por la frase: "¿Y si esta semana te toca a vos?". No fue la única ironía. Semanas atrás, en medio de la difusión de los gastos y refacciones realizadas en la vivienda del funcionario, saludó a un seguidor por su cumpleaños deseándole una "cascada de éxitos", en una frase que muchos interpretaron como una indirecta dirigida al jefe de Gabinete.
La pelea entre Milei y Villarruel ya no parece una disputa silenciosa ni una simple diferencia personal. Mientras el Gobierno intenta contener el desgaste político y judicial que rodea a Adorni, la vicepresidenta empieza a jugar un rol cada vez más activo y se transforma en un actor incómodo para una administración que atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad interna.