28.07.2026 / Una ley con historia

De la crisis de 2001 a la motosierra de Milei: la historia de la Ley de Defensa de la Actividad Librera que está en peligro

Con más de dos décadas protegiendo la red federal de librerías de barrio y permitiendo el florecimiento de editoriales independientes y nuevos autores nacionales, el gobierno libertario reflota -por tercera vez- la desregulación del sector mediante la derogación de una ley que surgió al calor de la crisis.





El Gobierno de Javier Milei continúa con la desregulación de una serie de sectores de la economía. Entre ellos, el de la industria del libro. De la mano del ministro Federico Sturzenegger, la administración libertaria vuelve a embestir -por tercera vez- contra la Ley 25.542, más conocida como la Ley del Libro o de Defensa de la Actividad Librera.

Milei y compañía ya tienen preparado un borrador, de más de 140 páginas, que apunta a la derogación de la normativa. Si bien el proyecto aún no ingresó formalmente al Congreso, desde el sector crece la preocupación, ya que actualmente la gestión libertaria tiene una mayor presencia tanto en Diputados como en el Senado, a diferencia de años anteriores.

La Ley 25.542 es una ley con historia: nació al calor de la crisis del 2001 -más precisamente en noviembre de ese año- y se promulgó en enero de 2002. 

Uno de los puntos salientes de la ley es que plantea un precio uniforme de venta al público de los libros. Esto significa que un mismo título debe venderse al mismo valor en cualquier punto del país, ya sea una gran cadena, una librería de barrio, un supermercado o una plataforma comercial.

La norma también fija excepciones mediante determinados descuentos, como las promociones durante ferias del libro, ventas a bibliotecas, instituciones culturales o compras realizadas por organismos públicos destinados a distribución gratuita.

El proyecto fue impulsado cuando Fernando de la Rúa atravesaba el tramo final de su mandato. En medio de la crisis económica que azotaba al país, el sector editorial se topó con un problema extra: los supermercados y grandes cadenas de librerías ofrecían descuentos muy agresivos. Las librerías de barrio no podían hacerles frente, ya que no contaban con suficientes recursos como para vender por debajo de sus costos.

En cambio, las grandes cadenas de librerías y los supermercados encontraron en los libros un anzuelo para que sus clientes permanezcan en sus locales. La permanencia -está comprobado- genera ventas. Lo que perdían por la venta de libros –al ofrecerlos por debajo de sus costos– lo recuperaban a través de, por ejemplo, lo que recaudaban vendiendo otros productos como electrodomésticos u otros libros que no tenían esos descuentos.

A raíz de esto, el sector librero se puso de acuerdo para redactar un proyecto que establezca un precio único para combatir el dumping (práctica comercial donde una empresa vende un producto a un precio más bajo o por debajo de los costos de producción, con el objetivo de ganar clientes rápido, sacar del negocio a las empresas locales y dominar el mercado).

El proyecto llegó a manos de Leopoldo Moreau, por entonces senador nacional. El radical lo impulsó en la Cámara alta. Así, el texto inició su camino hasta convertirse en ley.

Desde que la normativa vio la luz hasta la fecha, se triplicó -según cifras de la Cámara Argentina del Libro (CAL)- la cantidad de novedades editoriales publicadas, se duplicó el número de editoriales y el país consolidó una red de alrededor de 1.500 librerías, una de las mayores de América Latina en relación con su población.

Las editoriales, en muchos casos, fueron impulsadas por los propios escritores, que no eran tenidos en cuenta por las pocas editoriales que había en aquellos años. Basta con revisar los años de vida que tienen el grueso de las editoriales independientes en la Argentina. La mayoría ronda los 20 años de antigüedad.

La Feria de Editores, más conocida como la FED, es un claro ejemplo de cómo creció el sector. En 2013, cuando se celebró por primera vez, constaba de cuatro mesas dispuestas en FM La Tribu. En los últimos años, la feria se mudó al C Art Media por la cantidad de sellos que se sumaron.

Del mismo modo, las editoriales independientes se convirtieron en semilleros de autores de renombre. Figuras que hoy representan a la Argentina a nivel internacional dieron sus primeros pasos en ellas. Algunos ejemplos son Ariana Harwicz, Selva Almada, entre otros. Pero también, las editoriales independientes son terreno para que autores ya consagrados puedan explorar temáticas que no son aceptadas por las grandes editoriales.

Con la ley, los lectores también ganan. A raíz de las editoriales independientes y la proliferación de las librerías de barrio, encuentran mayor oferta que hace 24 años atrás.

En definitiva, la nueva embestida del gobierno libertario contra la Ley del Libro o de Defensa de la Actividad Librera no representa un mero trámite administrativo ni una moderna desregulación económica: es un ataque directo a un ecosistema cultural construido para proteger al trabajo argentino.

La Ley 25.542, nacida como una herramienta defensiva frente a la voracidad de las grandes cadenas editoriales e hipermercados en plena crisis de 2001, demostró con hechos su eficacia durante más de dos décadas. Al garantizar un precio uniforme para el libro en todo el país, impidió la competencia desleal, protegió a la red federal de librerías de barrio y permitió el florecimiento de cientos de editoriales independientes y nuevos autores nacionales.