02.08.2026 / Entrevista PA

Matías Farías: "Malvinas es un problema para Milei"

El filósofo y docente de la UBA analiza el lugar de la cuestión Malvinas en el gobierno libertario y advierte sobre la operación política de Milei para desligar el reclamo de soberanía de la lucha contra el colonialismo. "Las memorias y las historias asociadas a las islas van en otro sentido", sostiene.





Matías Farias es profesor y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde se desempeña como docente de Pensamiento Argentino y Latinoamericano en la carrera de Filosofía. Publicó diversos libros sobre filosofía, historia y política latinoamericana y fue coordinador general del seminario "Malvinas, soberanía, memoria y democracia", en el marco del programa de Formación Permanente Nuestra Escuela. Además, asesoró a la Televisión Pública en la producción de distintas series sobre historia argentina y fue asesor de contenidos históricos del Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur. En diálogo con Política Argentina, Farias analizó el lugar que ocupa la cuestión Malvinas bajo el gobierno de Javier Milei y la operación ideológica que, según plantea, busca desligar el reclamo argentino de la lucha contra el colonialismo. También reflexionó sobre la reivindicación oficial de la Generación del 80 y de Julio Argentino Roca, la relación entre soberanía e identidad nacional y el impacto de la bandera "Las Malvinas son argentinas" que los jugadores de la Selección desplegaron tras el partido frente a Inglaterra.

¿En qué estado se encuentra la cuestión Malvinas en el terreno diplomático?

En las formas parece estar en el lugar donde está hace varios años, en el sentido de que la Argentina sigue formalmente, y por vías diplomáticas, reclamando desde la Cancillería. El Reino Unido se niega a reanudar cualquier diálogo respecto al diferendo de soberanía. Eso en las formas, pero en los hechos realmente hay varias cosas que vienen cambiando.

¿Qué está cambiando?

En primer lugar, se ha agudizado una característica del capitalismo en su historia, que es la de organizarse mediante la extracción de recursos y ahora se agregan los datos como elemento. Eso hace que Malvinas sea un territorio con recursos nuevamente valorizados y por lo tanto un lugar geopolíticamente importante. En segundo lugar, estamos en un escenario mundial donde la guerra no es un horizonte latente sino que realmente es un escenario abierto. Y eso puede generar escaramuzas, incluso en relación con Malvinas. Por ejemplo, hace meses apareció en los medios un rumor respecto a que Estados Unidos cambiaría su posición de aliado fundamental con el Reino Unido. Cosa que no va a dejar de serlo, pero como parte de estas escaramuzas dentro de un escenario de guerras abiertas, hacen que estos fenómenos puedan repercutir en Malvinas. Pero, sin dudas, lo que en los hechos más ha cambiado es que Javier Milei gobierna la Argentina. Y ya en campaña había dicho que una de sus referencias más importantes era Margaret Thatcher, con lo cual manifestó de manera pública que su devoción a su ideología está por encima del dolor de cientos de familias argentinas que, por decisiones de Thatcher sufrieron las pérdidas de sus seres queridos.

¿Qué cambia en la discusión sobre Malvinas desde la asunción de Milei?

Cambió justamente el discurso ideológico del gobierno argentino respecto a esa situación. Milei siempre se mostró como alguien que quería mirarse en el espejo de Juan Bautista Alberdi y de la Generación del ´80. Y en sus discursos sobre Malvinas aparece eso. Alberdi tiene esa famosa frase de Las Bases según la cual “la Patria no es el suelo, es la civilización”. En términos contemporáneos, lo que Milei sostiene, como lo sostiene el proyecto de quitar todo límite a la extranjerización de la tierra, es que la Patria no es el suelo sino la propiedad. Y eso no tiene que tener límites. En su discurso sobre Malvinas, la operación política más importante que ha hecho Milei es desligarla de la lucha contra el colonialismo. Más bien, lo inscribe como parte de un problema de la política interna argentina. Viene a decir que “la casta” que lo antecedió no había podido conseguir ningún tipo de avance sobre Malvinas y que esos avances sólo se podrían conseguir mirándose al espejo de la Generación del ´80 y en general alrededor de la figura de Julio Argentino Roca.



¿Por qué aparece la figura de Roca?

La idea es que, si la Argentina se vuelve nuevamente un país poderoso - poderoso, para Milei, quiere decir un país que genera riqueza y tiene un ejército fuerte - eso va a generar la seducción necesaria para que quienes habiten Malvinas adopten la ciudadanía argentina. Ahí aparece la figura de Roca. La operación central es desligar Malvinas de cualquier asunto ligado a la lucha contra el colonialismo y pensarlo en términos de política interna. Por un lado, queriendo congeniar a su base social, tanto a los militares como al empresariado que lo apoya. De ahí el modo en que le rinde cierto tributo al ejército y a la necesidad de generar un país atractivo en términos de negocios. Y, al mismo tiempo, condenar toda política exterior de los gobiernos precedentes. La comparación con Roca, en ese sentido, es delirante.

¿Por qué?

Porque primero el roquismo construyó la estatalidad moderna, que es la misma que Milei, de algún modo, está queriendo destruir. Aún con todas las discusiones sobre el roquismo - su ascenso supone la consumación de un genocidio - el modo en el que Roca pensó y construyó la estatalidad es lo que Milei está queriendo destruir. Además, el roquismo pensaba que la Argentina tenía que ser un polo de poder que contrapesara el poder de Estados Unidos. Todo lo contrario de lo que hace Milei, que de algún modo está pidiendo que Estados Unidos ejerza una suerte de protectorado sobre la Argentina para sostener su propio proyecto político. Y además, el roquismo también quiso someter al Tribunal Internacional la cuestión Malvinas, cosa que Milei está muy lejos de hacer. De algún modo, la forma en la que Milei retraduce el lema roquista de “Paz y administración” es “Mercado libre y subasta”. Esa sería la forma del roquismo que interpreta Milei. Prosperidad económica, ese es el legado alberdiano que retomaba el roquismo. Pero una prosperidad económica pensada, articulada y planificada desde el mercado. Y especialmente desde el mercado libro, con todo lo que eso significa en el presente. Este gobierno piensa la administración como una subastación: subastar todos los elementos de los cuales se pueda extraer riqueza que sean atractivas para los capitales internacionales. Por eso, Malvinas es un problema para Milei. En el sentido de que las memorias, las historias asociadas a las islas, van en otro sentido. Más bien, en un sentido que trata de pensar la Patria en relación con el suelo.

¿Qué efecto generó el partido contra Inglaterra y la bandera desplegada por los jugadores?

Creo que es un buen ejemplo de cómo todo acontecimiento tiene lugar en el horizonte de una tradición, de una historia. Hay múltiples historias que se condensan en ese fenómeno, en eso que pasó, que fue extraordinario, y que, al mismo tiempo, resignifica toda la serie previa. Eso es un acontecimiento. Hay muchas vías, historias convergentes. Primero, hay algo que tiene que ver con lo estrictamente futbolístico y con el modo que tiene el fútbol en nuestra cultura. Es un ámbito en el que nosotros también nos hemos defendido del colonialismo, porque, de algún modo, el fútbol es un invento inglés, pero nosotros lo hemos resignificado de tal modo para decir cosas propias en la Argentina. Y específicamente, como demostró el historiador Daniel Sazbón, la enemistad en el fútbol entre Argentina y el Reino Unido viene de los años ´60, justo cuando Argentina empezaba a presentar en Naciones Unidas su demanda de soberanía frente a Reino Unido. O sea que hay algo de lo que pasó recientemente que evoca a esa historia. Es en esos momentos donde en la prensa, por lo menos, se registran los primeros cánticos, leyendas, frases del público argentino, protestando por el enclave colonial que hay en territorio nacional. O sea, es una historia de larga duración que se continúa con los enfrentamientos de Estudiantes con el Manchester, de Independiente con el Liverpool.

¿Y qué cambió en esa relación después de la guerra de Malvinas?

Después del ´82, además de retomar la protesta en términos diplomáticos, la cuestión del fútbol lleva también consigo un sentimiento muy particular, que es la necesidad de reparar y de reconocer la memoria de los caídos y de los sobrevivientes en la Guerra de Malvinas. Hay algo que hizo el fútbol en relación a nuestra identidad nacional que viene de los años ´60, que tiene como un desemboque en lo que pasó recientemente. También yo diría que la escena que vimos, la de los jugadores con la bandera de Malvinas, tiene algo que ver con la historia más reciente de nuestra selección. Fue la posibilidad de que la memoria del Mundial de 1986, en lugar de convertirse en una pesadilla para los jugadores, fuese una fuerza, una memoria, que impulsara la posibilidad de conseguir un nuevo título nacional en Qatar. Creo que ese ciclo es iniciado por Alejandro Sabella.

¿Por qué ves el inicio ahí?

Creo que encontró la posibilidad de darles a los jugadores un lugar en la cancha ubicándolos antes en la historia argentina. Sabella tal vez no hablaba de Malvinas, pero sí de Belgrano, de San Martín, de la importancia que era y todo el significado histórico que tenía llevar la camiseta argentina. Y Scaloni continuó con ese legado. Hubo un maestro que les enseñó a estos jugadores que vestir esta camiseta tiene un significado histórico especial. Y, al mismo tiempo, el pueblo mismo los quiso inscribir con la canción Muchachos en Qatar 2022, dentro de una saga histórica en la que los mayores próceres en esa historia eran los héroes de Malvinas y los padres de Diego Armando Maradona, La Tota y el Diego. Entonces, uno puede decir: la bandera no la hacen los jugadores, sino que la hace el público y son ellos la que la toman. Del mismo modo que tomaron esa canción en el año 2022. Así que me parece que también, algo que es específicamente futbolístico tuvo lugar ahí, pero con significaciones muy ampliadas.

¿Qué te parece que significó?

Bueno, todo lo que se discutió. No era simplemente un partido de fútbol. También lo que ocurrió es que se generó un acto de desobediencia. Desobediencia respecto a lo que el propio gobierno esperaba que los jugadores hicieran, respecto a las reglas mismas de la FIFA, que también se puede poner en saga con otros actos de desobediencia que encuentran en Malvinas un punto de expresión condensada muy particular en los años de posguerra, sobre todo. Pienso, por ejemplo, en la frase de Delia Giovanola, la abuela de Plaza de Mayo, diciendo: "las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también". Es un acto donde un gesto de la rebeldía después va a ser tomado por las masas para dar resignificación. Ese cartel después va a significar "Las Malvinas son argentinas, Luciano Arruga también", va a significar "Las Malvinas son argentinas, el Lago Argentino también". Ahí Malvinas funciona como aquello que insiste. Y en esa insistencia, en la recuperación de esa insistencia, se puede trazar un acto de rebeldía o de no sumisión, de no sujeción. Lo que hace Maradona y sus compañeros bajo la dirección de Bilardo en el ´86 también tiene algo de eso. En el sentido de que hasta allí Malvinas era considerado un lastre de la historia.

¿En qué sentido un lastre?

Alfonsín decía, quizás con razones, que la diferencia entre la democracia y la dictadura era la misma que la que había entre la vida y la muerte. Malvinas se había quedado del lado de la muerte. Pero lo que justamente muestra Maradona, quizás con el antecedente del Malvinazo del ´84, lo que muestran los muchachos del ´86, es que se podía tejer una suerte de épica civil basada en el orgullo de ser argentino y la protesta contra un enclave colonial. Que en esa misma protesta, a través de un partido de fútbol y no ya en el teatro bélico, podía al mismo tiempo ofrecer un reconocimiento a quienes habían peleado en la Guerra de Malvinas. Toda la idea de que las Malvinas son argentinas, las banderas con las insignias o la silueta de las islas es algo que aparece mucho en los márgenes, en esas zonas marginales de la cultura, pero que de repente van ganando el centro. En los años ´90, en las bandas de rock y en las hinchadas. De vuelta, como símbolo de transgresión. “El que no salta es un inglés” es más bien un acto no solo de afirmación de la pertenencia a un grupo, sino también un acto de transgresión, de rebeldía. Y así se llega a Qatar y al Mundial que acaba de pasar. La presencia de esa bandera permitió proyectar otros sentidos sobre la identidad nacional que los que estaban en juego en el momento en que se dio el Mundial.

¿Cuáles son esos otros sentidos?

Esa selección, con todo el prestigio muy bien ganado en Qatar 2022, funcionó recientemente como lo que históricamente en la Argentina funciona: la figura del caudillo. Perón, cuando vuelve a la Argentina en el ´73 era este objeto de diversas proyecciones sociales: para algunos era el principio de la revolución, para otros el principio del orden. A la selección, en este Mundial, se le construyeron un conjunto de deseos, de anhelos y de formas de ver la nación, muchos de ellos incluso en contradicción. Me llamó mucha la atención una publicidad de Mercado Libre, que miré con atención por la cercanía de su dueño con este gobierno. La publicidad comienza con unos amigos argentinos que dicen “no sé qué estoy haciendo acá” y entonces se transforman en unos “argentinos efervescentes” - dice la publicidad - que viajan a Estados Unidos para alentar a la selección. Y la publicidad justo sale en la semana en que el presidente decía que los argentinos no producíamos nada, salvo biromes y dulce de leche. Entonces, Mercado Libre - más inteligente - lo corrige y dice que los argentinos producimos eso: más argentinos.

¿Qué viste ahí?

Como una suerte de cambio del discurso de la derecha. Macri, años antes, había dicho que el país era maravilloso, pero el problema eran los argentinos. Ahora, Mercado Libre estaba diciendo que algo para destacar de los argentinos son los argentinos efervescentes. Pero son efervescentes en la medida en que no estén en el país. O sea, la derecha piensa que en todo caso que puede ser bueno ser argentino pero si están afuera, en el mundo. Es decir que disocia, en términos de Rodolfo Kusch, el ser y el estar. La idea de que está muy bien ser argentino pero el problema es que el modelo de país que tiene nuestra derecha nos hace quedar sin Argentina. Con lo cual se genera ese problema: ¿puede haber argentinos sin Argentina?

¿Puede?

En algún sentido, el corolario de esa publicidad era que los argentinos éramos efervescentes bajo estas condiciones, y aparecía un poco la necesidad inconfesa de ser la inmigración deseada de los Estados Unidos. Aquella inmigración por la cual Estados Unidos no necesita, como lo hace efectivamente con todos los latinoamericanos, levantar ningún tipo de muro. Es una suerte de retraducción de la ideología de la Generación del ´80 en pleno siglo XXI. Y eso se proyectó sobre la selección. Que apareciera una bandera con la consigna "Las Malvinas son argentinas" permite pensar que no puede haber argentinos sin Argentina. Porque justamente lo que de algún modo evoca Malvinas es que es necesario construir un país, un país no sujeto a otras potencias para que podamos estar orgullosos de nuestra identidad.

En este contexto, ¿qué hacer?

Es la pregunta leninista. Diría, en línea con lo que dije recién y de manera muy sintética, que una vez que los jugadores tomaron esa bandera, ahora la pelota vuelve a estar del lado de quienes entregaron esa bandera, es decir, el pueblo. Y me parece que lo mejor para hacer es construir actos de desobediencia y de rebeldía a tono con con esa bandera. Para poder recuperar y reconstruir el país que necesitamos para seguir sintiéndonos orgullosamente argentinos. Ahora el desafío está en nosotros mismos, en prolongar los sentidos desobedientes, los sentidos también ligados a un republicanismo popular que está implícito en esa bandera. La idea de un republicanismo popular tiene que ver con esta idea de que el principio de libertad puede ser pensado no solo a través del mercado, sino a través de la idea de que somos libres en la medida en que rechazamos toda sujeción. Esa es la libertad republicana. Lo mejor que podemos hacer es prolongar esos actos de desobediencia y, en esa actuación, reinventar las ideas de libertad, que es una idea importante y no puede quedar en manos de los libertarios. Y eso indudablemente supone la movilización popular. Transformar esa movilización, ese estado de movilización que tuvimos en el Mundial, en una movilización orientada a la recuperación del país, de sus fuerzas productivas, de sus fuerzas de producción de sentido.

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