16.08.2026 / Entrevista PA

Leandro Renou: “La novedad de Milei es que avanza sin verguenza en la agenda del poder económico”

El periodista especializado en economía analiza en su libro "Jefes" cómo los grandes empresarios dejaron de limitarse a influir sobre gobiernos para intervenir directamente en la construcción de poder político. En diálogo con Política Argentina, explica el vínculo del círculo rojo con Javier Milei, revisa la experiencia de Mauricio Macri y plantea desafíos del peronismo para reconstruir una mayoría social.





La relación entre el poder económico y la política argentina cambió. Los grandes empresarios ya no se limitan a presionar, negociar o intentar condicionar las decisiones del Estado sino que avanzan sobre la construcción de liderazgos capaces de representar sus intereses. Esa es una de las tesis que Leandro Renou desarrolla en Jefes, Cómo la elite empresaria argentina se convirtió en el verdadero poder, su último libro, y que atraviesa esta conversación con Política Argentina.

Periodista especializado en economía y subeditor de Economía de Página/12, Renou pasó por El Cronista Comercial, Buenos Aires Económico, Tiempo Argentino, BAE y Letra P, además de desarrollar una extensa carrera en radio. Actualmente forma parte de “¿Cómo la ves?”, en Futurock. Su aproximación al periodismo económico busca correrse de una lectura exclusivamente basada en cifras para reconstruir las historias, los intereses y los mecanismos de poder que operan detrás de empresas, mercados y decisiones económicas.

En la entrevista, Renou analiza ese proceso a partir del gobierno de Javier Milei, al que diferencia de experiencias anteriores por avanzar "sin vergüenza" sobre una agenda históricamente reclamada por los sectores más concentrados de la economía.

Decís en el libro que las élites no son un actor del sistema sino que son el sistema. ¿En qué consiste ese sistema?

Es un sistema que en el tiempo ha ido mutando. Pasó de uno en el cual había una asociación más ideológico-política de recomendaciones del sector privado al Estado sobre cómo ejercer la política - durante la dictadura y el menemismo -  a este momento de la post-pandemia donde, en vez de ir a golpear la puerta, el que decide es el poder económico. Con dos o tres datos importantes: el primero es que empieza a haber una mimetización entre los candidatos políticos y el sector privado. En Argentina esto se ve mucho con el gobierno de Milei, en Estados Unidos con el gobierno de Trump. Esto es un síntoma global, en el cual los empresarios pasan de hacer una recomendación a trabajar sobre el moldeo de un presidente. La gobernanza directa en vez de sugerencias para lograr candidatos que representen el interés privado sin necesidad de que ese sector privado haga presión sobre los Estados. Hemos llegado a un nivel de concentración del poder económico que empieza a disputar no solamente la situación de gobernabilidad, sino cuando uno ve el escenario general, también disputa en el sentido democrático, es decir, los hechos de la vida social en los países. La concentración del poder es tan grande que los empresarios ya empiezan incluso a cuestionar si el sistema democrático es un sistema de vida que para ellos es útil o es suficiente. Hay muchos casos de empresarios - hace poco estuvo en Argentina Peter Thiel, que tiene infinidad de artículos sobre vivir en islas o países con reglas propias - y eso tiene que ver obviamente con la concentración del poder económico.



¿Cómo describirías el vínculo entre los grandes empresarios nacionales y el gobierno de Milei?

Ahí hay que preguntarse - esto es como el huevo y la gallina - si en realidad Milei logró interpretar bien a un movimiento que ya venía o si esos empresarios se montan en una estructura de un presidente ultra. A la luz de los acontecimientos, yo diría que hay una especie de transición casi natural de empresarios que bancaron mucho la parte más ultra del gobierno de Macri, que se fueron defraudados de ese período histórico. De hecho, buena parte de los empresarios que bancan el plan de Milei son los mismos del plan fracasado de Macri. El propio Milei describe cómo es esa relación cuando dice: “el FMI me pide ajuste y yo hago más ajuste de lo que me pide”. Con el sector privado pasa lo mismo.  Vemos algunas escenas muy características que grafican todo: hace un tiempo le hicieron una entrevista al dueño de Apple en Estados Unidos, le preguntan si los ricos tenían que pagar más impuestos y responde: “¿en qué resolvería que yo pagara más impuestos?” Acá retoma ese argumento Marcos Galperín y dice: "la verdad este tipo tiene razón, por qué yo tendría que pagar más impuestos”. La tercera pata de esa historia es el presidente diciendo que los dos anteriores tienen razón, cuando en realidad es quien tiene que mediar la relación entre el sector privado y el Estado. Entonces, lo que hay es una situación en la cual no hay confrontación. Me parece que la novedad en el gobierno de Milei es que, de manera desembozada, sin vergüenza y sin un trauma que le pueda generar el daño social, avanza en una agenda que el sector privado siempre anheló: reforma laboral, por más que se queden doscientas mil personas sin trabajo; reformas jubilatorias, si tenemos que fajar cien viejos en la Plaza de Mayo, se hace igual. Entonces, cuando un empresario ve ese esquema, es hasta natural - desde su punto de vista - que empresarios grandes que disputan el poder quieran votar a este gobierno. El problema es qué pasa con los sectores que están afectados, o sea, los que son la mayoría además, pero que no manejan el poder, que son todo el resto de los empresarios chicos que en el 2023 votaron también a Milei.

¿Qué significó la causa Cuadernos en el vínculo entre el poder económico y la política?

Es un tema espinoso e interesante a la vez. Esto ocurre en el gobierno de Mauricio Macri, es una denuncia de presuntos hechos de pago de coimas del sector privado al Estado. Tienen en el medio un eje que cruza todo, que es cómo el poder del Estado maneja la situación judicial en Argentina. En ese momento es una causa con muchos vicios y además que evidencia una especie de connivencia entre la situación judicial y el macrismo que queda de manifiesto allí. En el poder económico, aseguran que lo que pasó con la causa Cuadernos tiene que ver con una especie de conjunción total de todo lo que Macri odiaba: por un lado, el kirchnerismo; por el otro, el sector privado.

¿En qué sentido odiaba a ese sector privado?

En algún momento se lo asoció mucho a Macri con un gobierno de empresarios. En el libro lo que distingo es que, visto en perspectiva histórica, es más un proceso traumático de un hijo de un empresario de la vieja casta de la Argentina que se pone en guerra con los mismos que son de la condición de su padre. El de ahora sí es un proceso que está mucho más activo de cara a los intereses del sector privado. Entonces Cuadernos es un hecho traumático para el sector y además muestra que todavía hay una transversalidad entre el macrismo y el manejo del Poder Judicial.

¿Es posible ofrecer desde el peronismo algún tipo de acuerdo de convivencia a los grupos empresarios o es una relación estructuralmente inviable?

No, no es inviable, pero no tiene que ser el foco de ningún gobierno hablarle al sector privado. Es un error conceptual que hasta invalida el éxito de la gestión futura. Acá el problema que hay en el peronismo como fuerza mayoritaria opositora es que hay una obsesión por hablarle al sector privado, cuando en realidad el fracaso de la gestión no viene por no hablarle bien al sector privado, sino por fracasar en la base de sustentación. A mí esta pregunta me la hacen muchas veces porque me preguntan cómo se sale de esta dinámica de concentración de poder. Bueno, es difícil, pero se sale de una manera sencilla: recreando una base social de representación de sectores medios, bajos, medios-altos, con una economía que crezca y a los sectores empresariales les dé negocios, pero no fracasando en la base. Acá hay una confusión sobre hablarle al sector privado. En realidad el sector privado no te va a querer más ni menos por lo que vos le hables; te va a querer más o menos por el resultado que vos le des.

¿Qué resultado les ofrece Milei?

A Milei lo quieren porque el ajuste favorece estructuralmente a los empresarios para resguardarse en los momentos de pérdida. O sea, Milei transforma una agenda de crisis en una agenda virtuosa para un sector privado que quiere garantizarse a futuro reforma laboral, reforma impositiva, baja de impuestos, cosa que es muy difícil después volverlas atrás. Entonces, insisto, el sector privado es muy representativo en la instalación de agenda, no es para nada representativo en el esquema de votos. Y hay muchos ejemplos en la historia: Cristina en el 2008 tuvo la resolución 125 y en el 2011 ganó con el 54% de los votos en todos los pueblos rurales del interior de la provincia de Buenos Aires. Es decir, el esquema de poder no responde al estímulo de "te quiero más" o "soy más bueno con vos"; responde en general al orden político. Y lo que se concluye en Jefes es que para que haya orden político, primero - sobre todo en estos sectores que se enfocan tanto en políticas asistencialistas - hay que tener dólares. Esa es la primera falla del sistema. La segunda es el internismo. En todos los períodos históricos en los que hubo esas dos cosas, el sector privado se alineó sin necesidad de que haya un discurso pro-empresario de decirle "yo voy a hacer esto para vos". Porque, además, los que necesitan tener un mensaje gestual no son los empresarios: son los sectores sociales a los que hoy el mango no les alcanza. Me parece que esa es la pata que está rengueando.

En este contexto, ¿qué hacer?

Bueno, primero recrear un escenario político de revalorización del Estado como herramienta. Me parece que Milei favorece un poco en esta parte más crítica de su gobierno a retomar la discusión de esa agenda: salir de la agenda del superávit, de si las reformas que está haciendo estuvieron bien. Me parece que la falla del programa económico sobre todo, que es el corazón de la falla de esta especie de quiebre social que hay, da la pauta de que se puede debatir de nuevo una situación de mejora social real que no esté basada en un ajuste. Con una consideración que es muy importante: el desfiladero hoy es muy finito. No tenés ya opciones para fallar, la gente te puede votar y te puede juzgar en un tiempo muy rápido, hay muy poca paciencia. Por lo tanto, me parece que el orden político y un plan que sea no solamente consensuado, sino bastante claro, son las claves del éxito.