13.01.2016 /

Una revolución de la alegría asintomática

El Consejo Económico y Social deberá esperar. Distintos voceros del macrismo anunciaron que recién se discutirá en marzo ¿Qué futuro les depara a los trabajadores?

por Marcos Schiavi




En la primera semana de marzo estaremos en medio de la siempre compleja paritaria docente, los anunciados aumentos de tarifas y la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso. No parece ser el mejor momento para “cerrar” la discusión de precios y salarios. A ese problema coyuntural de “timing” se suman cuestiones más estructurales: los objetivos laborales del gobierno y la distancia que hay entre el macrismo y la dirigencia sindical (salvo casos muy aislados).

El gobierno necesita que lo devaluado no se pierda en aumento de precios y salarios. Los precios parecen que no vuelven a los números de noviembre como dijo Prat Gay. Lo que queda entonces es ajustar el salario. Lógica pura: con paritarias en 30% será necesario volver a devaluar.

El discurso será el de la defensa del empleo, a costa de los ingresos. El Ministro de Hacienda adelantó hace unas semanas la posición gubernamental: la opción es salario o empleo. El propio Macri lo deslizó este fin de semana: todos seamos responsables, abonemos a cuidar el empleo.  En paralelo el gobierno de la Provincia de Buenos Aires decretó por necesidad y con urgencia la suspensión de paritarias (municipales). No parece ser una revolución de la alegría.


Créditos ES Fotografías

Todo lo anterior se complementa con la idea del aumento de la “productividad” (seguramente muy presente en el futuro Consejo Económico y Social). Lo planteó Triaca apenas asumir, lo siguió Macri en la UIA, y lo volvió a repetir este fin de semana con cita de Perón incluida: “La estrella polar de un país es la productividad. Hay que comprometerse con ese concepto”. Lo que por ahora se obvia es el contenido político y social de la discusión sobre productividad; la discusión sobre quién decide los ritmos y procesos de trabajo, sobre cuánta injerencia tendrán las organizaciones sindicales; sobre donde se “ajustarán las tuercas”, si en el capital fijo o en el capital variable. El comentario de Macri sobre conflictividad y ausentismo da a entender donde será ese ajuste.

Sería bueno recordar nuevamente que el gobierno de Perón no logró imponerse en la discusión sobre productividad, que en marzo de 1955 se organizó el Congreso Nacional de la Productividad y el Bienestar Social y que no tuvo éxito, en gran medida por la resistencia de los sindicatos. En la apertura del CNPyBS Eduardo Vuletich, el secretario general de la CGT, afirmaba:

“Las más de las veces, la mano de obra se ve privada de toda posibilidad de eficiencia por las condiciones absolutamente impropias en que le toca desempeñarse; [esta es] una cuestión de palpitante actualidad, en la que convendría pongan su atención con provechoso resultado quienes sólo esperan que los problemas derivados de las insuficiencias y deficiencias de la producción las afrontemos y superemos únicamente nosotros los trabajadores, que somos precisamente los que menos podemos hacer a este respecto y a quienes se nos quiere asignar la mayor y más injusta responsabilidad”

Esto nos lleva al segundo punto: ¿cuál será la postura que tomarán las organizaciones sindicales? Hasta hoy, el sindical es el único sector que no fue recibido por el presidente. La mayoría de las organizaciones han hecho campaña por otros candidatos presidenciales. Hugo Moyano, quien se había mostrado cercano en la última parte de la misma, ya ha hecho saber su malestar. No tenemos que perder de vista un detalle no menor: este no es un gobierno peronista.

¿Alcanzará con la baja en ganancias y el restablecimiento de fondos de las obras sociales para cerrar paritarias a la baja? Parece muy difícil que los dirigentes opten por sacrificar salario real tan rápidamente (además de los fondos que reciben las organizaciones ante cada nuevo aumento salarial). Muchos, sobre todo los industriales, tienen una base sindical movilizada que presionará a la suba en cada lugar de trabajo.  ¿El fantasma de los despidos puede disciplinar? Sin duda puede, pero para que ocurra eso primero se tiene que dar una clara y sostenida caída en los niveles de empleo. Para eso falta.

El gobierno necesita hacer el ajuste laboral ahora si quiere llegar con otro clima a las elecciones de 2017, y esa urgencia se traduce en gestos. Los despidos masivos de estatales, la suspensión de paritarias por decreto, las balas de goma a los trabajadores movilizados, el pedido de mayor productividad a costa de derechos obtenidos, la extorsión “salario o empleo”, no son precisamente gestos de diálogo y consenso. En el mundo del trabajo es una revolución de la alegría asintomática.

Hoy por hoy los dirigentes sindicales están más cerca de ser Ubaldini que de ser Triaca.