13.05.2016 / Opinión

Organizar la oposición real al gobierno conservador liberal y reconstruir la mayoría electoral

Nota de opinión acerca de como organizar la oposición real al gobierno conservador liberal de Macri y reconstruir la mayoría electoral nacional y popular articulando positivamente a la diversidad peronista y no peronista.

por Mario Bertellotti


Cristina Kirchner ha planteado la necesidad de organizar una oposición real al gobierno de Mauricio Macri articulando en la práctica, allí donde se vulnere el interés nacional o el bienestar del pueblo, un “frente ciudadano” que vaya más allá de cualquier identidad partidaria o intención electoral futura.

¿Por qué ha efectuado esta propuesta? Porque ella es consciente que en la elección presidencial fueron derrotados la nación y el pueblo argentino en su aspiración de continuar su desarrollo cuatro años más buscando más soberanía política, más independencia económica y más justicia social, tal como ocurrió en los últimos doce años, más allá de las imperfecciones, insuficiencias o errores que se hubieran cometido en la formulación de las formas de ejecución de esos objetivos doctrinarios.

Y que con ello fue derrotada también la iniciativa de construir, junto con Brasil y las demás naciones sudamericanas, una unidad continental industrial de América del Sur que opere en favor de una integración universal de la civilización organizada en beneficio de la felicidad de los pueblos, de cada una de las naciones, de todos los continentes; tal como la soñó el General Perón en el pasado para ser realizada en el tiempo histórico presente, la que felizmente está siendo encarnada por el Papa Francisco pero, lamentablemente, casi en soledad.

Porque la que ganó la elección es una máscara política que logró ser percibida por poco más de la mitad de los argentinos como un cambio que expresaba algo nuevo; pero que en realidad es la reencarnación genuina de la vieja cultura política liberal conservadora argentina, la que representa los intereses de los grupos económicos y mediáticos concentrados nacionales e internacionales, ya que con ese perfil Macri formó su gabinete y está gobernando.

Y estos intereses quieren que Argentina vuelva a ser rápidamente una neocolonia desindustrializada y socialmente injusta que, dándole la espalda al proyecto de unidad continental industrial sudamericana, se someta a la globalización que la alianza anglo norteamericana gestiona en beneficio de las elites de las naciones de los diversos continentes. Volviendo para ello a la especulación financiera y al endeudamiento externo, previa rendición a la extorsión de los fondos buitres como ya se ha hecho; y firmando acuerdos de libre comercio con los estados continentales industriales dominantes, Estados Unidos y la Unión Europea y, eventualmente, con los emergentes también, para ofrecerles lo único que le quedaría al país en esas condiciones, sus productos primarios.

Cabe señalar al respecto que Macri impulsa, en forma acelerada y a cualquier costo para el tejido industrial argentino, un acuerdo de libre comercio entre la UE y el MERCOSUR, pero sin registrar además, o lo registra pero no le importa, que al mismo tiempo la UE está a punto de firmar un acuerdo de libre comercio con EEUU, lo que implicaría, por carácter transitivo, de facto, sin discutir una coma, ingresar a un tratado de libre comercio entre EEUU y el MERCOSUR; cuando está probado que en los tratados de libre comercio pierden los más débiles, porque el más industrializado se come al menos.

Pero esto es coherente con la alianza estructural que en las últimas cuatro décadas se ha construido y consolidado entre los intereses económicos y mediáticos de la élite argentina liberal conservadora y los instrumentos neocoloniales que utiliza la globalización que diseña y construye la alianza anglo norteamericana para seguir dominando a los estados nacionales y mantener su poder en el mundo: sus bancos globales, sus paraísos fiscales y sus empresas transnacionales.

Es por ello que comienza a revelarse que el gobierno conservador liberal de Macri  es un “gobierno offshore”, es decir, un gobierno exterior a los intereses de la nación y su pueblo, porque sus miembros, además de ser ejecutivos de bancos globales y empresas transnacionales, nos enteramos ahora por una filtración periodística internacional, los “Panamá Papers”, que, como el presidente, tienen cuentas en paraísos fiscales donde han depositado, eludiendo el escrutinio fiscal nacional, sus ganancias y ahorros, en vez de reinvertirlos en el territorio en donde fueron generados y viven.

Podemos caracterizar entonces que la conciencia que predomina en este elenco de gobierno es la de los nativos transnacionalizados en sus intereses que se asumen como cosmopolitas, a los cuales los motiva el desarrollo de sus intereses y el bienestar de la elite de la que forman parte en el marco de la globalización; y no el desarrollo del interés nacional y el bienestar del pueblo al que se deben porque éste, con el 51 por ciento de los votos, los colocó en la Casa Rosada.

Es por ello que pueden pensar y organizar el destino de la Argentina desde afuera hacia adentro, es decir, desde el mundo hacia la nación; y no al revés, desde adentro hacia afuera, desde nación hacia el mundo, como queremos que sea quienes nos asumimos como animadores de la cultura política nacional y popular que tiene como norte a la grandeza de nuestra nación y la felicidad de nuestro pueblo.

Como ésta es la verdadera dimensión estratégica del problema -que el proyecto de una nación pensada y organizada desde adentro hacia afuera ha sido reemplazado por el proyecto de una neocolonia pensada y organizada desde afuera hacia adentro- debemos todos tomar conciencia de que, el “pase de facturas” mutuas entre dirigentes y cuadros militantes es una mirada solo de dimensión táctica que no lleva a nada, salvo a debilitar al frente nacional y popular y a fortalecer al gobierno conservador liberal, en la medida en que cada uno que critique adjudique el fracaso al otro y se ponga afuera de las responsabilidades; cuando las causas de la derrota involucran a todos, a cada uno en distinta manera sí, pero no hay nadie que esté libre de pecado.

Porque tenemos que ser conscientes que, cuando se gana, ganamos todos los hermanos que nos sentimos parte de la cultura política nacional y popular que tiene al peronismo como su núcleo articulador; pero a la que también dan vida otras expresiones de origen radical, desarrollista, socialcristiano, de izquierda nacional, etc., abarcando una amplia diversidad que va desde el conservadorismo popular al progresismo nacional. Y que, cuando se pierde, no gana nadie, perdemos todos los hermanos que nos identificamos de una u otra forma con lo nacional y popular en su amplia diversidad.

Es por ello que, más que nunca, se hace imprescindible adoptar como guía de conducta presente y futura, el consejo de Martín Fierro: “los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera, tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los devoran los de ajuera”. Así como la enseñanza de Jesús, para analizar por qué no logramos ganar y seguir gobernando: “el que esté libre de pecados que tire la primera piedra”.

Más allá de la válida opinión personal que cada uno de nosotros tenga sobre las causas de la derrota electoral en el plano nacional y en las provincias y municipios donde no se ganó, que son múltiples y se deben analizar con calma en cada uno de los casos; tratemos de hacer esa reflexión en forma constructiva desde el lugar que ocupemos en el dispositivo del frente nacional y popular.

Pero, al calor de esa reflexión, aboquémonos a lo central: a gobernar lo mejor posible, desde la concepción nacional y popular en los municipios y provincias donde seamos gobierno; y a responder, organizados lo mejor posible como oposición nacional y popular al conservadorismo liberal, allí donde seamos oposición, en primer lugar a nivel nacional, cuestión que es estratégica. Porque solo así reuniremos la fuerza que se necesita para poder frenar la brutal ofensiva que lleva adelante el neoliberalismo, en todos los frentes de gestión y en todos los territorios.

Solo así estaremos a la altura de las expectativas que tienen sobre nosotros como oposición real nacional y popular a Macri: el casi cuarenta por ciento de los argentinos que votó a Daniel Scioli en la primera vuelta; la casi mitad que lo votó en la segunda y estuvo a un tris de darle el triunfo; y los cientos de miles de argentinos que, entre el lapso que transcurrió entre la primera y la segunda vuelta, abandonaron el rol de espectadores para asumirse cada uno de ellos en protagonistas de la campaña del FPV; así como una parte de los que votaron a Macri, asalariados, jubilados, profesionales o emprendedores pequeños y medianos que, creyendo en su mensaje engañoso pusieron su boleta en la urna, los que ahora comienzan a ser perjudicados por las decisiones que va tomando.

Debemos celebrar que se han producido cuatro acontecimientos políticos significativos en poco tiempo que van en este buen sentido: el primero es que, cuando Cristina tuvo que declarar ante la justicia, fue acompañada espontáneamente por una muy significativa manifestación popular de apoyo a ella; el segundo, es la media sanción por parte del Senado de la Nación de una ley que encarece los despidos, solicitada en forma conjunta por las cinco centrales sindicales; el tercero, es la multitudinaria concentración de trabajadores que se realizó en el Monumento al Trabajo convocada por las cinco centrales para respaldar esta media sanción y estimular a la Cámara de Diputados para que la complete con su voto sin cambios, lo que ha dado densidad social y política al reclamo a Macri para que termine con el ajuste de los ingresos de los asalariados y jubilados; y el cuarto, que asumió una nueva conducción nacional del Partido Justicialista encabezada por José Luis Gioja y secundada por Scioli, que tiene el respaldo de la mayoría de los liderazgos provinciales y municipales peronistas y de la dirigencia sindical peronista, que está imbuida de una iniciativa política que apunta a construir la unidad del peronismo en el marco más amplio de la unidad del frente nacional y popular que debe articular, con la intención de situarlo como oposición real a Macri, no como oposición funcional a él.

En consecuencia podemos identificar que están tomando forma tres grandes ejes políticos ordenadores de perfil nacional y popular que, con naturalezas diversas y transitando andariveles paralelos, abonan progresivamente a la construcción de una oposición real al gobierno conservador liberal.

Estos son: el liderazgo peronista de Cristina, consistente y aglutinador de una diversa y comprometida militancia de identidad peronista y no peronista, de perfil mayoritariamente juvenil pero no solo, que fue ampliamente revalidado cuando concurrió a declarar ante la justicia acompañada por el calor de un muy significativo apoyo popular; la nueva conducción nacional del PJ, que se sustentará en el despliegue territorial de la más completa estructura institucional provincial y municipal de dirigentes y cuadros políticos; y la convergencia opositora de la conducción de las cinco centrales sindicales, motorizada por la demanda que surge del tejido sectorial militante de las comisiones internas de los ámbitos de trabajo.

En cada uno de estos tres ejes ordenadores hay fuerzas internas que trabajan por la convergencia de los mismos, porque coinciden en la necesidad de construir una oposición coordinada real a Macri que esté centrada en la defensa concreta del interés nacional y del bienestar del pueblo; para lograr así que la oposición crezca progresivamente en densidad social y política, poniendo freno a iniciativas antinacionales y antipopulares.

Pero en cada uno de estos tres ejes hay fuerzas que trabajan por la divergencia entre los mismos, porque coinciden en dar prioridad a manifestarse como opositores aislados unos de otros y repeliéndose entre sí; son las que no comprenden, o lo saben pero no les importa, que actuando cada uno por separado cumplirán en la práctica el papel de oposición consentida y funcional a Macri porque, frente a la fuerza del gobierno, cada singularidad por su lado no podrá superar nunca la dimensión de una oposición testimonial, aunque esta sea intensa.

Está claro que para que se produzca la divergencia entre estos tres ejes y dentro de cada uno ellos operan a destajo metiendo cizaña, el gobierno, los grupos económicos y mediáticos concentrados y un sector significativo del poder judicial.

También está claro que para que se produzca la convergencia de estos tres ejes y dentro de cada uno de ellos, los dirigentes y cuadros que animamos la amplia diversidad política, social, económica, cultural, territorial, generacional y de género, peronista en particular y nacional y popular más amplia, tendremos que hacer el esfuerzo conjunto de construir, entre nosotros, la “cultura del encuentro” que predica Francisco; reconociéndonos y respetándonos como hermanos y compañeros dispuestos a hacer el esfuerzo político de organizar unidos una oposición real a Macri, no construyendo oposiciones fracturadas testimoniales y por lo tanto funcionales a él, aunque sean intensas.

Expresiones concretas que alientan la unidad y la convergencia de los tres ejes en torno a la organización de una oposición real a Macri encontramos:

En las palabras que Cristina dirigió a la militancia en el Teatro ND Ateneo. Allí dijo: “Tengamos la humildad de aceptar que nadie es el todo, que todos somos parte y la riqueza de esto precisamente radica en la suma de todas las partes, porque de ahí se construye lo colectivo. El deber es el de la organización y la unidad entre todos los movimientos sociales y políticos, con nuestras diferencias, con distintas orgánicas, pero no es tiempo de enfrentamientos ni de diferencias porque la gente está en problemas. Y cuando la gente está en problemas los dirigentes no pueden generarle más problemas. Cuando la gente está en problemas los dirigentes tienen la obligación de deponer sus diferencias y volcarse en forma mancomunada y organizada a ayudar a sus compatriotas, a sus conciudadanos”.

En lo que dijo Gioja cuando cerró el acto de asunción como presidente del PJ en el Teatro Ateneo: "No hay una máquina que diga quién es más peronista. Los necesitamos a todos, todos estamos convocados, nadie sobra, nadie está de más. Tenemos que trabajar para que el año que viene haya mayoría de legisladores peronistas en la nación y en las provincias y para que, en el 2019, el presidente, sea mujer o se varón, sea peronista".

Y en la fuerte voluntad política de mantenerse unidos, en la defensa del trabajo y del nivel de vida de los asalariados y jubilados que están mostrando los dirigentes de las centrales sindicales, pese al esfuerzo que hace el gobierno nacional para tratar de que se vuelvan separar.

Pero para que se construya con éxito esta saludable práctica política de articular unidos, una inteligente oposición real a Macri que organice a los ciudadanos para que participen oponiéndose en cada caso concreto en que se vean afectados sus intereses y los nacionales; la misma debería ir acompañada de un simultáneo debate político cualitativo que ponga, blanco sobre negro cuales son las categorías de pensamiento que unen o dividen a los partidos políticos y movimientos sociales entre sí; teniendo en cuenta las inevitables tensiones partidarias competitivas que se manifestarán en la elección legislativa del 2017 y presidencial el 2019.

Abordar este debate requeriría analizar entonces, cuáles son los valores que les dan identidad y como se han construido a lo largo de la historia, las tres culturas políticas que tienen vigencia en la Argentina: la liberal conservadora, la nacional y popular y la liberal progresista.

Ya que todas las formaciones políticas que se constituyen y actúan, aún aquellas que se presentan como expresiones de la anti-política, abrevan en alguna de estas tres culturas políticas, que son las que han disputado en competencia la conducción de nuestra nación en el pasado, lo hacen en el presente y lo harán en el futuro, por un tiempo más.

Este debate cualitativo debería llevarse adelante en forma organizada y coordinada en el ámbito de la dirigencia y la militancia de la diversidad peronista y de la diversidad no peronista; porque ésta dirigencia y militancia diversa es la que anima en competencia interna a la cultura política nacional y popular.

En la medida en que podamos reflexionar sobre cuáles son los valores generales que dan identidad como colectivo a la cultura política nacional y popular; y cuáles son los valores particulares de las diversidades internas de ese colectivo que se expresan como sus subculturas políticas; podremos construir la cultura del encuentro entre nosotros, los compañeros y hermanos que animamos en competencia, la amplia diversidad nacional y popular.

Práctica imprescindible que necesitamos para construir la oposición real a Macri y en forma simultánea reconstruir la mayoría electoral nacional y popular, articulando para ello su diversidad peronista y no peronista en un frente que, necesariamente debe ir desde el conservadorismo popular al progresismo nacional; tal como lo hizo siempre a lo largo de su historia, la cultura política nacional y popular cuando fue mayoría.