11.07.2016 / El mundo del trabajo

Angustiados

La frase del presidente en el marco del Bicentenario sobre la jornada laboral revela la agenda que se propone para el mundo del trabajo si el año que viene gana las elecciones legislativas. Hasta ahora fue una política errática con idas y vueltas. ¿Cambiará?

por Marcos Schiavi


No, este texto no analiza los dichos del Presidente Macri sobre la angustia de ser independientes como nación. Eso se lo dejamos a los psicoanalistas y a los historiadores del siglo XIX. A nuestro entender la frase del día fue: "cada vez que un gremio logra reducir la jornada horaria, cada argentino lo está asumiendo como un costo, y no está bien". Frase disonante en medio de un acto por el Bicentenario; y extraña, ya que la discusión sobre jornada laboral no es central en el mundo del trabajo argentino. Pero, sobre todas las cosas, una frase profundamente antisindical. Es un botón de muestra de la agenda desdoblada y, por ahora, errática que tiene el gobierno en relación al mundo del trabajo.



Por un lado está la dialoguista agenda de coyuntura, una agenda donde lo que predomina es el voluntarismo, el “error de cálculo” y donde - dicen - se enfatiza el diálogo. Al comenzar la gestión, allá por diciembre, el gobierno explicitó de manera inédita una pauta salarial: discusión sobre productividad y 20/25% de aumentos. En relación a lo productividad el fracaso fue rotundo: no hubo ni un convenio que atara salario a productividad. El caso más cercano fue el cierre paritario por decreto de los petroleros que incluía un ítem productivista y que terminó con una obligada marcha atrás gubernamental.

Los límites a la paritarias fijados en enero se sustentaban en una pauta inflacionaria que quedó rápidamente en el olvido. La inflación de los últimos siete meses dobló largamente la de los siete meses anteriores. Según el IPCBA de mayo 2015 a noviembre 2015 hubo una inflación de 12,8%; de diciembre 2015 a junio de 2016 rondará el 30%.

En este marco las paritarias sobrepasaron la pauta - algunas por encima de 35% - y sin grandes conflictos por rama de actividad. Se firmaron sin que gobierno y empresarios levanten la voz. Sin embargo, y pese a que superaron largamente lo que esperaba el gobierno, las paritarias quedaron cortas. El Índice de Inflación de los Trabajadores, respaldado por 45 organizaciones sindicales, reveló que la inflación promedio que afectó a la clase trabajadora se ubicó en mayo en 44,1 % interanual. Este dato tiene una doble lectura. Por un lado demuestra que el salario real (con paritarias incluidas) cayó un 12%. Por otro, que los sindicatos se encaminan a reabrir paritarias en el segundo semestre. Si no, ¿cuál sería el objetivo de divulgar un índice autoincriminatorio? Ante esta amenaza el gobierno reaccionó reflotando una vieja promesa inclumplida: la devolución de los fondos de las obras sociales. Un promesa que lleva más de seis meses de demora.

A esta altura ese planteo parece poco para que los sindicatos cambien el eje de discusión. Más aún teniendo en cuenta que vienen meses con malas noticias de empleo. Luego del veto presidencial de la ley de emergencia laboral (ante el que los sindicatos optaron por la cautela) todos los índices de empleo dan negativos. Índices que también sufrieron sospechosos “errores de cálculo” oficiales. "Hay 60.000 puestos de trabajo más que en abril de 2015", sostuvo el titular de AFIP,  Alberto Abad, el 3 de mayo. Hace unos días, en base a la misma fuente, el Ministerio de Trabajo anunció que para el mismo periodo había 40.000 trabajadores registrados menos. Un error de cálculo más que significativo, ¿no?

Cómo decíamos antes, esta agenda de coyuntura se cruza con una de mediano y largo plazo (¿se materializa en 2018?): la de la flexibilización laboral. La frase de Macri que mencionamos arriba es parte de de esta agenda. El modelo macrista, centrado en el crecimiento vía inversión y no en el consumo interno, necesita de menores “costos laborales” .

El gobierno ya ha dado señales que exceden a lo discursivo. Primero envió la a esta altura congelada Ley de Empleo Joven, que propone básicamente transferencias públicas a los privados y desfinanciar el sistema de seguridad social a cambio de facilitar el ingreso de jóvenes a empleos registrados. Las últimas medidas relacionadas al sistema jubilatorio han frenado esta ley. A ésta se sumarán rápidamente modificaciones a la ley de pasantías.

Además, anunció un pronto envío de una nueva ley de riesgo de trabajo, un proyecto que seguramente de respuesta a las preocupaciones de empresarios y medios cercanos.  En paralelo deja correr palabras claves que preparen el camino a la reforma: competitividad, productividad, carga tributaria, costo laboral. Todos estos avances y señales adelantan un discusión que Macri desliza en el marco de un acto de gran envergadura como el del Bicentenario.

La discusión sobre flexibilización laboral, financiamiento de la seguridad social, convenios colectivos por empresa, e incluso modelo sindical, se dará tarde o temprano. Los sindicatos, hasta ahora, no han recogido el guante. Parece ser que el gobierno espera ganar las elecciones el año que viene y recién ahí hacer explícito su planteo. Un planteo que busque legitimar salarios a la baja y un mayor nivel de inseguridad social. Mientras tanto nos van dejando a todos un poco más angustiados.