Brasil dio un paso clave en su política de defensa al presentar el primer caza supersónico F-39E Gripen fabricado en su territorio, en un desarrollo conjunto entre Embraer y la sueca Saab. La Fuerza Aérea Brasileña definió el hecho como un hito para la soberanía nacional, mientras que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva lo calificó como un logro “inédito en América Latina”.
Durante una ceremonia en San Pablo, Lula encabezó el bautismo del avión y destacó el carácter estratégico del proyecto. “Muy simbólico, demostrando un país que cree en sí mismo, invierte en tecnología y reafirma su soberanía”, expresó. En la misma línea, el ministro de Defensa José Múcio sostuvo que “Este proyecto permite consolidar nuestro poder de disuasión, incrementando nuestra capacidad para garantizar la soberanía nacional y la seguridad regional”.
El programa contempla la adquisición de 36 aeronaves, de las cuales 15 serán fabricadas en Brasil, en la planta de Embraer en Gavião Peixoto. La elección del Gripen se impuso frente a competidores como el Rafale de Dassault Aviation y el F/A-18 Super Hornet de Boeing, principalmente por el acuerdo de transferencia tecnológica que permitió al país sudamericano acceder a conocimientos avanzados en ingeniería aeronáutica.
Ese punto fue decisivo: Brasil no solo compra armamento, sino que desarrolla capacidades propias. La posibilidad de fabricar parte de los aviones dentro de su territorio lo posiciona en un grupo reducido de países con industria de defensa avanzada y abre la puerta a convertirse en proveedor regional, en un contexto donde incluso naciones como Colombia analizan incorporar este tipo de tecnología.
El movimiento se inscribe en una estrategia más amplia del gobierno brasileño, que evalúa inversiones millonarias en defensa bajo la premisa de fortalecer la soberanía. En paralelo, la apuesta por la industria nacional aparece como un vector de desarrollo económico y tecnológico, en contraste con modelos que relegan la producción local y profundizan la dependencia externa.