
El Ministerio de Ambiente de Colombia formalizó un protocolo técnico que autoriza la eutanasia de hipopótamos como parte de una estrategia integral para controlar la especie invasora. La decisión llegó después de tres décadas de fracasos en estrategias no letales y refleja una encrucijada política sin precedentes en el país: salvar el ecosistema o preservar un ícono turístico que ha transformado la economía de pequeños pueblos como Puerto Triunfo y Doradal, en el corazón del río Magdalena.
El legado de Escobar en la fauna colombiana
Cuando Pablo Escobar fue abatido en Medellín en diciembre de 1993, su finca de 2000 hectáreas - la Hacienda Nápoles - quedó abandonada con toda su colección de animales exóticos. Cuatro hipopótamos, originarios de África y completamente fuera de su hábitat, fueron dejados en cuerpos de agua conectados al río Magdalena. Sin depredadores naturales ni competencia en el ecosistema colombiano, estos animales hicieron lo que mejor saben: reproducirse sin control.
Hoy, tres décadas después, existen aproximadamente 200 ejemplares, y los cálculos científicos advierten que la población podría triplicarse hacia 2030.
El hipopótamo es una especie semiacuática que modifica radicalmente los entornos donde habita. A través de sus excrementos, introduce cantidades anómalas de nutrientes a cuerpos de agua, generando anoxia - pérdida de oxígeno - que produce mortandades masivas de peces nativos. Además, desplazan a especies locales como el manatí y la tortuga de río de sus zonas de alimentación.
Desde 2022, Colombia declaró formalmente al hipopótamo especie invasora, abriendo la puerta legal a la intervención letal.
La batalla científica y política
En abril de 2026, un juzgado de Bogotá avaló la medida como legalmente necesaria. El tribunal determinó que las alternativas no letales - esterilización, reubicación - habían fracasado sistemáticamente. Entre 2015 y 2023, Colombia gastó más de 800.000 dólares en castración quirúrgica, una tarea que requiere ocho personas por animal y que toma entre seis y ocho horas nocturnas.
Se esterilizaron apenas 35 hipopótamos en dos años, una cifra insignificante frente al crecimiento poblacional anual.
Daniel Cadena, decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de los Andes, defiende la eutanasia controlada como respuesta a una crisis ecológica documentada. "En África está comprobado que pueden modificar la estructura de los ecosistemas de forma muy notable", afirma. La senadora Andrea Padilla, sin embargo, ha cuestionado la decisión pública como "un exterminio" y pidió al gobierno priorizar relocalización internacional. Un multimillonario indio ofertó en abril recibir 80 hipopótamos en su santuario privado, pero la logística intercontinental de este traslado sigue siendo inviable.
La división en Puerto Triunfo
El pueblo de Puerto Triunfo, ubicado a kilómetros de la antigua Hacienda Nápoles - ahora convertida en parque temático con atracciones acuáticas - vive la contradicción de frente. Diana Hincapié, dueña de un restaurante en la ribera del río, recibe cerca de 200 turistas mensuales atraídos exclusivamente por la posibilidad de observar hipopótamos salvajes. "No queremos que haya un hipopótamo muerto. Ya no son africanos, son colombianos, porque llevan más de 30 años reproduciéndose aquí", argumenta.
Pero los pescadores del río Magdalena enfrentan un panorama distinto. Álvaro Molina, pescador de 61 años, relata que hace once años su lancha quedó atrapada sobre dos hipopótamos dormidos; los animales volcaron la embarcación al asustarse. "Para nosotros que los maten o se los lleven nos hacen un bien", asegura. El pescador Contreras, de 48 años, abandonó las faenas nocturnas - las más productivas - porque los hipopótamos sumergidos son invisibles bajo la luz de la luna y pueden destruir un barco con un movimiento de cabeza.
¿Qué métodos se aplicarán?
El protocolo de eutanasia aprobado contempla dos vías técnicas: inyección letal química (pentobarbital, lidocaína) tras sedar a los animales en corrales, o rifles de caza de largo alcance, necesarios por el grosor extremo de la piel hipopotámica. Cada eutanasia costará aproximadamente 14.000 dólares. Los cadáveres serán enterrados en fosas de cinco metros de profundidad o incinerados en instalaciones autorizadas. El plan destinó 7.200 millones de pesos colombianos (aproximadamente 2 millones de dólares) con una meta de al menos 33 sacrificios anuales durante los próximos años.
¿Por qué hay hipopótamos en Colombia si son animales africanos?
Cuatro hipopótamos fueron introducidos ilegalmente en la Hacienda Nápoles por el narcotraficante Pablo Escobar en la década de 1980 como parte de su colección de animales exóticos. Cuando Escobar fue asesinado en 1993, los hipopótamos fueron abandonados en cuerpos de agua conectados al río Magdalena, donde se reprodujeron sin control durante tres décadas.
¿Cuántos hipopótamos hay actualmente en Colombia?
Se calcula que aproximadamente 200 hipopótamos habitan el río Magdalena y sus tributarios. El Ministerio de Ambiente prevé que la población alcance entre 500 y 1000 ejemplares en 2030 si no se implementan medidas de control, dado que no tienen depredadores naturales en el país.
¿Por qué no se trasladan a otros zoológicos o países en lugar de sacrificarlos?
Desde 2021, Colombia ha explorado reubicación internacional sin éxito. Varios países han rechazado la importación por costos prohibitivos o legislación que prohíbe especies exóticas invasoras. Un santuario privado en India ofreció en abril recibir a 80 hipopótamos, pero la logística intercontinental de este traslado sigue siendo técnicamente improbable.