Este martes, el dólar oficial cerró por debajo de los $1.430 en el segmento mayorista y las distintas cotizaciones mostraron escasas variaciones. La desaceleración de la inflación, que en mayo se ubicó en el 2,1%, fue presentada por el Gobierno como una muestra de que el plan económico está dando resultados.
Sin embargo, en la vida cotidiana la sensación es diferente. Los salarios continúan corriendo detrás de los aumentos acumulados de los últimos meses y el consumo sigue mostrando señales de debilidad. Aunque el dólar dejó de ser una preocupación inmediata, muchos productos y servicios mantienen valores elevados que dificultan la recuperación del poder adquisitivo.
La paradoja quedó expuesta en los indicadores económicos. Mientras los mercados financieros festejan la baja del riesgo país y la recuperación de los bonos argentinos, gran parte de las familias sigue ajustando gastos para llegar a fin de mes. La estabilidad macroeconómica convive con una demanda interna que aún no logra despegar.
El desafío para el Gobierno ya no parece ser únicamente controlar el dólar o reducir la inflación. La gran prueba será que esa mejora de los números financieros se traduzca en una recuperación concreta de los ingresos, el consumo y la actividad económica. Porque para muchos argentinos, el dólar puede bajar todos los días, pero si los precios siguen altos, la sensación de alivio nunca termina de llegar.