22.06.2026 / ECONOMÍA GLOBAL

Más de 400 expertos cuestionan el crecimiento económico como solución a la pobreza

Más de 400 académicos, funcionarios, sindicatos y organizaciones sociales impulsan una hoja de ruta internacional que cuestiona la idea de que el crecimiento del PBI sea la principal herramienta para combatir la pobreza. El documento sostiene que el aumento de la riqueza global no se tradujo en mejoras generalizadas para la población.



Durante décadas, una de las ideas más extendidas en la economía fue que el crecimiento sostenido del producto bruto interno (PBI) terminaría reduciendo la pobreza. La lógica era sencilla: si la economía crece, aumenta la riqueza disponible y, tarde o temprano, sus beneficios llegan a toda la sociedad.

Sin embargo, un grupo internacional integrado por más de 400 especialistas, representantes de organismos de Naciones Unidas, gobiernos, sindicatos, organizaciones sociales y movimientos de base sostiene que esa promesa no se cumplió. El planteo quedó plasmado en una nueva "Hoja de ruta para erradicar la pobreza más allá del crecimiento", respaldada por más de 350 firmantes de distintos países.

Entre los firmantes aparecen algunas de las voces más influyentes del debate económico global, como el economista francés Thomas Piketty, reconocido por sus investigaciones sobre desigualdad; el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz; el economista indio Jean Drèze; la especialista en empleo y teoría monetaria moderna Pavlina Tcherneva; el británico Tim Jackson; el investigador francés Timothée Parrique; el economista senegalés Ndongo Samba Sylla; la investigadora climática Julia Steinberger; y la experta en financiamiento para el desarrollo Bhumika Muchhala.

El cuestionamiento al paradigma del crecimiento

El documento parte de un diagnóstico contundente: el mundo nunca produjo tanta riqueza como en la actualidad, pero alrededor de una décima parte de la población mundial continúa viviendo en condiciones de pobreza extrema.

Según los autores, el problema no radica únicamente en cuánto crecen las economías, sino en cómo se distribuyen los beneficios de ese crecimiento. Mientras los ingresos nacionales aumentaron en numerosos países durante las últimas décadas, los salarios permanecieron estancados, el empleo se volvió más precario y muchos sistemas de protección social fueron debilitados.

"La promesa de que el crecimiento económico traería prosperidad para todos no se cumplió", afirman los impulsores de la iniciativa. A su juicio, la pobreza y la desigualdad no son fenómenos accidentales sino el resultado de decisiones políticas vinculadas a los sistemas tributarios, el funcionamiento de los mercados laborales, la provisión de servicios públicos y la distribución del poder económico.

Pobreza, desigualdad y crisis climática

Uno de los aspectos más novedosos del documento es que vincula el debate sobre la pobreza con los límites ecológicos del planeta.

Los firmantes sostienen que el modelo económico dominante no solo ha sido insuficiente para garantizar prosperidad compartida, sino que además contribuye al agravamiento de la crisis climática. El texto señala que las emisiones de carbono y la pérdida de biodiversidad están empujando al planeta hacia escenarios cada vez más difíciles de sostener, mientras que las consecuencias recaen con mayor intensidad sobre las poblaciones más vulnerables.

Para los autores, el desafío actual no consiste únicamente en discutir cuánto crecen las economías, sino qué actividades se promueven, quiénes se benefician de ellas y si permiten mejorar las condiciones de vida sin profundizar el deterioro ambiental.

¿Qué proponen en lugar del crecimiento como eje central?

La hoja de ruta no plantea eliminar el crecimiento económico como objetivo en todos los casos. De hecho, reconoce que muchos países de ingresos bajos todavía necesitan expandir sus economías para construir infraestructura, mejorar los sistemas de salud y educación y generar empleo.

La diferencia es que propone dejar de considerar al crecimiento del PBI como la medida principal del progreso social. Entre las propuestas aparecen políticas de empleo garantizado, salarios dignos, fortalecimiento sindical, ampliación de servicios públicos universales, reconocimiento del trabajo de cuidados, inversión en vivienda y mecanismos de planificación económica orientados a prioridades sociales y ambientales.

El documento también reclama cambios en la arquitectura económica internacional, incluyendo alivio de deuda para países del sur global, mayor cooperación entre países en desarrollo y nuevos mecanismos de financiamiento climático.

No se trata un plan diseñado por un pequeño grupo de expertos: durante 18 meses, más de 400 personas trabajaron en una propuesta para responder una pregunta sencilla: ¿cómo podemos acabar con la pobreza y reducir las desigualdades sin considerar el crecimiento del PBI como la condición principal para el progreso?

Una discusión que gana espacio

La iniciativa se inscribe en un debate que viene creciendo en los últimos años dentro de organismos internacionales, universidades y centros de investigación. Cada vez más economistas cuestionan la idea de que el aumento del PBI sea suficiente para medir el bienestar de una sociedad.

En paralelo, Naciones Unidas y diversos gobiernos comenzaron a explorar indicadores alternativos para evaluar el progreso, incorporando variables vinculadas a la desigualdad, la salud, la educación, la calidad de vida y la sostenibilidad ambiental.

Para los impulsores de la hoja de ruta, la pregunta central ya no es si la economía debe seguir creciendo, sino si el crecimiento, por sí solo, puede resolver los problemas que promete solucionar. Su respuesta es clara: sin cambios en las reglas de distribución de la riqueza y del poder económico, el crecimiento no alcanza para erradicar la pobreza.


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