En la actualidad, la religión ya no pasa por una cuestión de fe exclusivamente, sino que aparece como un factor determinante a la hora de orientar el voto, la confianza en el Gobierno y las expectativas sobre el futuro del país. Así lo revela un estudio nacional del CEIL-CONICET y la consultora Management & Fit que midió las diferencias de opinión pública entre católicos, evangélicos y personas sin religión.
En términos electorales, el relevamiento -realizado sobre 2.600 casos en mayo de 2026-,
muestra que el 30,9% de los evangélicos votó a Milei en primera vuelta, por encima del promedio general del 25,5%.
En el balotaje, esa tendencia se profundizó: el 49,1% de ese grupo se inclinó por el actual mandatario, mientras que solo el 26,4% optó por Sergio Massa, muy por debajo del 36,3% que registró el candidato peronista en el total del país.
El mapa religioso del país también muestra transformaciones entre las distintas generaciones. Si a nivel nacional 1 de cada 5 argentinos declara no tener religión, esa proporción trepa a 1 de cada 3 entre los menores de 30 años, una franja en la que el catolicismo dejó de ser mayoritario por primera vez. Dicho cambios no es solo cultural, sino que, una vez más, se reflejan en la política: los jóvenes sin religión votaron más a Massa y son hoy el grupo más crítico del Gobierno nacional.
Confianza
La confianza en la gestión de Milei sigue esa misma línea. Aunque en todos los sectores predomina la desconfianza, los evangélicos son quienes mejor evalúan al gobierno:
el 24,1% le tiene mucha confianza, frente al 17,2% entre los católicos. En el extremo opuesto,
las personas sin religión concentran los niveles más altos de desconfianza, con un 55,8% que dice no confiar nada en la gestión presidencial.
Sin embargo, esa cercanía con el oficialismo presenta una contradicción notable por la situación económica del grupo: los evangélicos aparecen como el grupo de menores recursos y tienen mayor presencia entre las personas desocupadas. Aun así, son el grupo que exhibe mayores niveles de esperanza y optimismo sobre el futuro del país: el 16,3% cree que la Argentina estará mucho mejor dentro de un año, contra el 12,1% de los católicos. Entre quienes no tienen religión, en cambio, predominan el enojo, la desconfianza y el pesimismo.
Imagen
La polarización también se expresa en la imagen de los dirigentes. Milei y Patricia Bullrich obtienen sus mejores valoraciones entre católicos y evangélicos, y las peores entre las personas sin religión. Los perfiles de Cristina Fernández de Kirchner, Axel Kicillof y Massa son más homogéneos entre los distintos grupos. Los casos más extremos son Myriam Bregman, cuya mejor imagen se da entre quienes no tienen religión, y el pastor Dante Gebel, cuya valoración más alta se concentra exclusivamente entre los evangélicos.
De esta manera, el estudio permite observar que la religión, o la ausencia de ella, ya no es una dimensión aislada, sino que atraviesa la política, la economía y el estado de ánimo de los argentinos, con una brecha generacional que promete profundizarse en los próximos años.
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