Cristina Fernández de Kirchner publicó una carta abierta en medios internacionales en la que cuestionó el proceso judicial que terminó con su condena e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos, denunció haber sido víctima de violaciones a sus derechos fundamentales y presentó su caso como parte de un problema más amplio: el uso de la Justicia para excluir dirigentes de la competencia política.
Bajo el título "Yo Cristina, en defensa de los derechos fundamentales y de la democracia", el texto fue publicado este miércoles, entre otros medios,
por el diario español El País. Allí, la expresidenta explicó además los motivos por los que decidió presentar una comunicación individual ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas para que se analice si durante su juzgamiento fueron respetadas las garantías previstas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos.
El argumento que atraviesa toda la carta es que su condena, según sostiene Cristina Kirchner, no debe analizarse únicamente como una cuestión judicial individual sino también por sus consecuencias sobre el sistema democrático y el derecho de los ciudadanos a elegir a sus representantes.
Cristina Kirchner: "La democracia no se agota en la celebración periódica de elecciones"
La expresidenta abre el texto con una reflexión sobre el funcionamiento de las instituciones democráticas y coloca al Poder Judicial en el centro de su argumento.
"La democracia no se agota en la celebración periódica de elecciones", comienza la carta. Para Cristina Kirchner, una democracia requiere instituciones capaces de garantizar que la voluntad popular pueda expresarse libremente y, entre ellas, considera que la Justicia desempeña un papel central.
Su planteo es que cuando el Poder Judicial deja de limitarse a garantizar derechos e interviene sobre la competencia política, la democracia comienza a perder contenido.
A partir de allí lleva el argumento a su propia situación. Cristina Kirchner sostiene que las violaciones de derechos humanos que denuncia haber sufrido exceden su caso particular y revelan un problema institucional.
La exmandataria cuestiona el proceso judicial al que fue sometida y asegura que estuvo atravesado por arbitrariedades incompatibles con el debido proceso. También introduce una cuestión de género: denuncia un "machismo estructural" todavía presente, según su mirada, en sectores del sistema judicial argentino.
El atentado contra Cristina y la violencia política
Otro de los elementos que incorpora en la carta es el intento de asesinato que sufrió el 1 de septiembre de 2022 frente a su departamento en el barrio porteño de Recoleta.
Cristina Kirchner presenta aquel episodio como parte de un contexto más amplio de hostilidad y violencia política. En ese sentido, sostiene que el atentado puso en riesgo su vida pero también mostró hasta qué punto la violencia puede afectar la convivencia democrática.
La expresidenta remarca además su condición de única mujer elegida y reelegida para ejercer la Presidencia de la Nación y sostiene que lo que está en discusión no es solamente su situación individual.
Su argumento es que excluir de la competencia electoral a una dirigente elegida por millones de ciudadanos afecta también los derechos de quienes pretenden votarla.
La "proscripción" como una forma de erosión democrática
Ese razonamiento conduce al núcleo político de la carta: la definición de su inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos como una "proscripción".
Cristina Kirchner sostiene que impedir de manera permanente que un dirigente participe de la competencia política mediante lo que considera un "uso abusivo" del sistema judicial constituye "una de las formas más sofisticadas de erosión democrática de nuestro tiempo".
La expresidenta contrapone este fenómeno con las rupturas institucionales tradicionales. Según su argumento, no hacen falta golpes de Estado, tanques en las calles ni el cierre del Congreso para limitar la soberanía popular.
Las instituciones, explica, pueden continuar formalmente en funcionamiento mientras las decisiones judiciales adquieren progresivamente la capacidad de determinar qué dirigentes pueden competir electoralmente y cuáles quedan excluidos.
Cristina Kirchner amplía además esa interpretación más allá de la Argentina. En la carta sostiene que se trata de un fenómeno que puede observarse, con características diferentes, en distintos países y bajo gobiernos de diferentes orientaciones ideológicas.
Lo que se mantiene, según su planteo, es una misma lógica: utilizar herramientas jurídicas para apartar adversarios de la competencia política. Para la expresidenta, el resultado de ese proceso es un deterioro de la confianza de los ciudadanos en las instituciones y de las democracias constitucionales.
Por qué Cristina Kirchner decidió recurrir a la ONU
La dimensión internacional de ese argumento es la que Cristina Kirchner utiliza para explicar
su decisión de acudir al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
La exmandataria aclara en su carta que no pretende recurrir a un organismo internacional simplemente porque está en desacuerdo con las decisiones adoptadas por los tribunales argentinos.
Su objetivo, sostiene, es que la actuación de quienes intervinieron en su juzgamiento sea examinada desde los estándares internacionales de derechos humanos y que se determine si durante el proceso fueron respetadas las garantías contempladas en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, ratificado por la Argentina.
Para esa etapa internacional de su defensa convocó al jurista brasileño Rafael Valim y a Javier Borrego, exjuez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos.
Cristina Kirchner sostiene que la incorporación de especialistas extranjeros busca llevar la discusión jurídica al terreno de los estándares universales de protección de los derechos humanos.
"No busco privilegios ni excepciones"
Hacia el final de la carta, la expresidenta resume el sentido que pretende darle a su presentación internacional.
"No busco privilegios ni excepciones", afirma, antes de señalar que reclama un juicio imparcial e independiente y el cumplimiento de las garantías internacionales asumidas por el Estado argentino.
Cristina Kirchner anticipa además que continuará defendiendo su inocencia mediante los mecanismos previstos por el Estado de derecho.
El cierre vuelve sobre la idea central que atraviesa todo el documento: que su reclamo no debe interpretarse solamente como la defensa individual de una dirigente condenada, sino como una discusión acerca de los límites que debe tener el Poder Judicial frente a la voluntad popular.
Para la expresidenta, cuando la Justicia deja de cumplir su función de proteger derechos y adquiere la capacidad de determinar quién puede participar de la vida política, el problema deja de ser exclusivamente judicial.
"Defender las garantías fundamentales nunca es un acto individual", concluye Cristina Kirchner. Su argumento final es que la protección del debido proceso y de los derechos políticos constituye, en última instancia, una defensa de la libertad del conjunto de la sociedad.